De Buey Arriba a Topes de Collantes

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Por Oscar Alfonso Sosa | 23 septiembre, 2017 |
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Integrantes de la brigada de Buey Arriba, al centro Guillermo Fajardo Rodríguez / FOTOS Oscar Alfonso Sosa

Cuando Guillermo Fajardo Rodríguez solicitó una licencia temporal como trabajador por cuenta propia y dejó a un lado ciertas comodidades en su terruño de Buey Arriba, no lo motivó precisamente la aventura.

Otras razones, de esas que solo se sabe y se siente cuando es el humanismo y la solidaridad quienes dictan el pensar y el actuar, le movieron el alma y lo anclaron en los cafetales de las montañas de Topes de Collantes, un paraíso que los vientos del huracán Irma transformaron.

Pero ese otro huracán, el de la recuperación sazonada con la unidad de brazos y fuerzas, pone todo en su sitio.

AL PIE DE LA PLANTACIÓN

Estimados de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Topes de Collantes, de la Empresa municipal Agropecuaria de Trinidad revelan unas 195 hectáreas de café afectadas por la caída de árboles sobre las plantaciones, con daños mayores en las de producción y en menor cuantía en las de fomento y desarrollo.

Ni caminar se podía, coinciden varios campesinos del lugar conocido como Tres Palmas, donde una brigada de motosierristas de la Empresa Cafetalera de Buey Arriba no descansa para silenciar esa realidad.

“Vinimos a sudar la camisa y no dar chance a todo este destrozo porque sabemos cuanto significa para la economía del país y la de los propios productores dejar los cafetales en las mejores condiciones para producir”, argumenta motosierra en mano Franco Rodríguez, un novato que vive las experiencias de sus compañeros, que ya saben de estos bregares en las montañas del extremo oriente cubano.

Franco Rodríguez: ¨Vinimos a sudar la camisa¨.

Cuando nació la semana, el lomerío de Topes de Collantes se despertó con el inusual ronroneo de equipos trozando árboles, labor elemental para ir dando luz a los cafetales. Y entonces otro aroma se apoderó de la cotidianidad en esos escenarios.

“Esta tropa está bien entrenada y llegó aquí con la certeza de que para atrás ni se mira; cuenta lo que hagamos siempre hacia el frente hasta alcanzar la meta, que es dejar listas todas estas plantaciones bastante maltrechas”, dice Eloy Bertot Hernández, el responsable de los muchachos de Buey Arriba, a quien le resulta más fácil meterse machete en mano al cafetal que decir dos palabras. Pero los hechos cuentan.

Eloy Bertot Hernández, responsable de los muchachos de Buey Arriba

REALIDADES

Y bien lo sabe Orlando Carrazana Soroza, responsable de producción de la UEB Topes de Collantes, quien entre tantas horas de insomnio está más tranquilo, desde que aparecieron en los cafetales devastados los muchachos de Buey Arriba.

“Son una locomotora con combustible del bueno; entran a las 7:00 de la mañana a estos lomeríos preñados de cafetos partidos y tirados al suelo por los árboles que le cayeron encima y apenas cogen un recesito para almorzar. Y cuando menos lo esperas sientes el ruido de las motosierras sobre los árboles caídos, aunque el sol, está mandando fuego para abajo”

¿Habrá entonces pronta cosecha con cafetales saneados?, inquiero a Carrazana, quien apenas medita la respuesta.

“Seguro, esta tropa que vino a ayudarnos sabe del trabajo y lo manifiesta minuto a minuto; llegaron dispuestos a recuperar todo, bajo cualquier circunstancia y es lo que hacen. Los muchachos del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) que complementan esta tarea se asombran, pero aprenden y se incentivan”.

Las jornadas pasan. Cuando las tardes caen suman más y más las hectáreas libres del “regalito” que Irma dejó sobre los cafetales de Topes de Collantes.

“Y así será, periodista. Dígale a los cafetaleros de Trinidad, que nosotros venimos de Buey Arriba, para juntos, hacer que estas lomas paran más y mejor café y que el desastre del huracán sea solo historia pasada”.

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