El alzamiento de Cienfuegos: decisión moral de luchar

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 4 septiembre, 2019 |
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Se cumplen 62 años del levantamiento histórico en Cienfuegos, ciudad situada en la bahía del mismo nombre, en la costa sur de Cuba, famosa por sus edificios de la época colonial. 

En esta ciudad el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) había planeado una acción local en 1957 en medio de la ofensiva final que libraba el Ejército Rebelde desde la Sierra Maestra: el ataque a “Cayo Loco”, sede del Distrito Naval, con el propósito de capturar armas para con ellas abrir un frente guerrillero.

En estas condiciones los dirigentes del M-26-7 se reunieron con los jefes de la conspiración militar y acordaron un plan conjunto para la sublevación armada que comprendería varias unidades navales en La Habana, Mariel, Cienfuegos, Santiago de Cuba y otras ciudades; unido a ello, se haría un llamamiento al pueblo con el objetivo de iniciar una huelga general.

La fecha escogida fue el 5 de septiembre y la señal acordada para comenzar el levantamiento era un disparo de cañón que haría a las 7:00 de la mañana una fragata de la Marina, anclada en la bahía habanera.

No todo transcurrió como se pensaba porque los conspiradores habaneros decidieron aplazar las acciones y el M-26-7 no fue informado. Así llegó el día acordado y solo en Cienfuegos las fuerzas comprometidas se lanzaron al combate.

Al amanecer, los oficiales revolucionarios de la Marina y los comandos del M-26-7 penetraron en el Distrito Naval, detuvieron a los partidarios de la tiranía y ocuparon todas las instalaciones.

El teniente de la Marina de Guerra, José Dionisio San Román arengó a los marineros dando vivas a la Revolución y a Fidel.

Alrededor de las 6.30 de la mañana comenzó el ataque. La Policía Marítima se rindió y la Estación de la Policía Nacional aunque ofreció resistencia también fue vencida.

Dos horas más tarde, las masas populares junto a los sublevados que concentraron sus fuerzas en la Estación de la Policía, el Distrito Naval y el Colegio de San Lorenzo eran dueños de la ciudad.

El ataque sistemático de la aviación, causante de numerosas bajas humanas, determinó que la dirección del M-26-7 propusiera la salida de todos los combatientes rumbo a la zona montañosa del Escambray, donde se podría continuar la lucha en condiciones favorables.

Los sublevados cometieron el error de no encaminarse en el momento oportuno, cuando tenían la ciudad dominada, hacía la Sierra.

Las montañas eran el terreno favorable para combatir a un enemigo muy superior en armas y hombres; entonces se le daba la oportunidad a la tiranía de concentrar sobre ellos sus tropas, hasta ahogar la insurrección, tal como sucedió.

En la mañana del seis de septiembre había sido eliminada toda resistencia. A partir de ese momento comenzó una feroz acción del régimen, con innumerables asesinatos y torturas a los revolucionarios que habían participado en aquella acción.

El jefe militar de los rebeldes Dionisio San Román fue detenido, torturado, asesinado y su cadáver arrojado al mar, pero no lograron arrancarle confesión alguna.

Después de las primeras ejecuciones y de los arrestos masivos a todos los sospechosos de haber tenido vínculo con las acciones revolucionarias, los sicarios concentraron la persecución contra los “cabecillas” que habían dirigido el levantamiento armado contra la tiranía.

Este acontecimiento aunque fracasó, significó por su carácter una demostración de que las masas populares estaban hastiadas del régimen opresor que ponía sus botas sobre Cuba, y cuando su vanguardia del M-26-7 le ofreció la oportunidad de luchar por un destino mejor, supo tomar las armas para ir escalando peldaños hasta llegar al Primero de enero de 1959.

Fidel Castro, en su momento, señaló este hecho como un combate verdaderamente resuelto y heroico.

Veinte años después de aquella acción, Fidel dijo: Pienso que algún día habrá que hacer algo mejor, algún día en esta ciudad habrá que erigir un monumento al pueblo, a los combatientes revolucionarios y a los marinos caídos.

Es cierto que a la Revolución le faltan muchos monumentos —ya lo hemos dicho otras veces—: hace falta en Santiago de Cuba, hacen falta en muchos lugares.

Pero en estos años arduos de consolidación de la Revolución, de trabajo diario, poco tiempo hemos tenido en realidad para dedicar la atención que merecen esos hechos y para perpetuar el recuerdo de aquellos que cayeron, de aquellos que se sacrificaron y que jamás deberán borrarse del corazón y del pensamiento de las futuras generaciones.

Transcurrido un mes del levantamiento, en la fosa común donde fueron enterrados los combatientes revolucionarios caídos en el levantamiento fue depositada una ofrenda de flores blancas, símbolo de respeto a los muertos.

Y el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó en 1977: “Es cierto que esta posibilidad que se creó en esta ciudad pudo haber constituido una ayuda extraordinariamente mayor para los combatientes de la Sierra Maestra, si efectivamente se hubiera realizado el plan del 28 de mayo…

“No pudimos mantener entonces el Cayo, no pudimos mantener el Colegio San Lorenzo, ni el Ayuntamiento, ni el parque Martí, ni la ciudad…No lo tomamos entonces, pero lo tomamos después, y lo tiene nuestro pueblo ahora definitivamente y para siempre. Y hoy somos dueños de nuestra Patria, no solo porque supimos conquistarla, sino porque supimos también defenderla digna y heroicamente”.

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