Amigo del mar siempre alerta

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Por Yasel Toledo Garnache | 7 enero, 2016 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias.
FOTO/ Rafael Martínez Arias.

El joven Roilán Hernández Viltre tiene como mejor amigo al mar. Desde su nacimiento, hace 26 años, permanece cerca de ese gran manto de agua, a veces peligroso, en la comunidad de Cabo Cruz, en Niquero:

“Adoro el ambiente, el olor a salitre y el sonido de los barcos. Los conozco por el ruido de los motores. Jamás me iría de aquí, dice sonriente”.

La pesca es para él un entretenimiento y forma de sustento. Desde niño, su abuelo lo llevaba por encima de las olas, e incluía redes o una varita. “Mi abuela también pescaba. Me encantaba salir con ellos. Aquí casi todos lo hacemos, constituye el principal modo de vida”.

Hernández Viltre es, además, uno de los miembros más activos del destacamento Mirando al mar número uno, iniciativa surgida a nivel de país en 1959 para incrementar la vigilancia en zonas de la costa y que suman hoy alrededor de 280, según el sitio Cuba Información.

“La primera vez que encontré las pacas de droga me puse un poco nervioso, pero ya son 23 veces:

“Empecé con un compañero por nuestra cuenta. Luego, Guardafronteras me incluyó en el destacamento. Siempre estoy alerta, sobre todo en los meses con más probabilidades de recalos. Lo entregado solo en 2015 equivale a unos 17 millones de pesos, según el valor de comercialización en el mercado ilegal.

“Jamás he pensado en utilizarla para cuestiones indebidas. Me enseñaron a ser un hombre de bien, honesto, buen pescador, buen padre, no dar preocupaciones a mi familia. Soy revolucionario de corazón.

“Además, las drogas ocasionan inmensos daños colectivos y para la salud personal. Quiero que mis hijos vivan siempre en una sociedad limpia. Los jóvenes debemos cuidar esto e influir en la conciencia de los demás”.

Cuenta que durante algunas de sus aventuras de pesca ha estado cerca del peligro: “Hace como dos semanas, un tiburón se acercó al bote, pero nada más nos miró, dio la vuelta y se fue. En ocasiones, el mal tiempo también amenaza con lo peor”, dice y hace un leve silencio, como si recordara aquella vez con un amigo del politécnico, cuando, por suerte, pudieron volver a la orilla.

“En el destacamento, también estamos pendientes de las salidas ilegales, entradas de lanchas y la pesca furtiva. Además, potenciamos la protección del ecosistema, donamos sangre y tenemos un círculo de interés con niños. Es importante prepararlos para el futuro”.

A veces señala hacia el gran río azul, como lo definió el escritor Ernest Hemingway, a unos metros de nosotros, y refiere momentos de la infancia, habla de sus pequeños y la esposa:

”Al mayorcito, de ocho años, ya lo he llevado conmigo en un bote. Él formará parte de nuestro grupo. Quisiera encontrar un trabajo fijo para ayudarlos más”.

Casi al final, dice que cuando se entera de jóvenes presos por cuestiones relacionadas con la marihuana u otras sustancias de ese tipo siente una tristeza tremenda: “Ojalá todos las rechazáramos.

“Este es un barrio de revolucionarios, seguiremos con los ojos bien abiertos y muy cerca de Guardafronteras, por el bien de la comunidad y del país”.

 

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