Por amor a la tierra y a la caña

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Por María Valerino San Pedro | 6 enero, 2017 |
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Foto Rafael Martínez  Arias
FOTO/ Rafael Martínez Arias

De gestos delicados, ojos de mirada profunda y piel trigueña cuidada y suave es Ramona Cedeño Solano, una riocautense que transpira apego a su “pedazo de tierra”, Grito de Yara. Al verla pudiéramos pensar en una persona común, pero es realmente la única mujer  jefa de un pelotón de combinadas cañeras de la suroriental provincia cubana de Granma.

Al acercarnos a ella, totalmente fuera de su contexto, por estar participando en una reunión de la Federación de Mujeres Cubanas, de cuyo Secretariado provincial es integrante, la encontramos elegante y arreglada.

“Llevo en esta tarea dos años, tengo como experiencia la zafra anterior, desarrollada en mi municipio, Río Cauto”, dice al comenzar el diálogo.

“Soy parte de un pelotón femenino de combinadas, -explica- compuesto por operadoras que desarrollan la tarea en la cosecha cañera, cortar caña con las combinadas KT8800. Hay movedoras, es decir, operadoras de tractor que mueven la gramínea desde debajo de la combinada hasta ser  basculada dentro de los camiones,  encargados de llevar la caña hasta los centrales.

“Desde el 3 de diciembre de 2016 cortamos en la unidad productora UBPC El Salado, y al principio se llevaba la caña para los centrales Enidio Díaz Machado, y el de Bartolomé Masó, luego ya para el Grito de Yara”.

Ramona resalta el valioso apoyo familiar que recibe y su amor desmedido por el tesoro más preciado, su hija de 8 años de edad.

Al indagar sobre las razones por las que a sus 35 años se dedica a una labor tan difícil, sonríe y sus ojos brillan:

“Soy Licenciada en Informática, – indica-  mi primer año laboral fue en la Escuela Técnica General Milanés, de Bayamo,  como profesora de Informática de programación y base de datos.

“Luego pasé a un Joven Club de Computación y Electrónica en Grito de Yara, hasta que cambié de rama y pasé para acá.

“Fue un cambio muy brusco, se debió a una lenta toma de decisiones, pues vivimos en una zona netamente azucarera, me incliné por este desempeño, me gusta el trabajo que realizo, aunque es no tradicional para mujeres, pero sí muy bonito,  y estoy orgullosa de hacerlo.

“Hay cosas que a veces me resultan un poco complicadas, pero uno tiene que aprender a acomodarlo todo, más cuando se es madre, es una labor que hay que organizarla antes de salir para el campo.

“Las operadoras trabajamos 12 horas, rotando los turnos de día y de noche y en ocasiones la jefa de pelotón trabaja todos los días desde por la mañana hasta que ya de noche regresa a la casa después de haber dejado en el campo todo organizado”.

Calla y piensa, como buscando recuerdos.

“Inicialmente –afirma- notaron el cambio brusco y las personas me decían cosas, pero no me hizo mella alguna, yo también soy campesina, pertenezco a la Cooperativa de Crédito y Servicio  Donato Mármol, en Grito de Yara, me dedico a sembrar caña, tengo mis tierras y el trabajo y me nació hacerlo, le cogí amor a la tierra.

“Nada de eso que hago me impide satisfacer mis gustos femeninos, ni mi condición de madre o mujer. Le agradezco mucho a la Revolución la oportunidad que me ha proporcionado, e insto a todas a hacer el trabajo de su agrado”.

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