Ángel guardián de la Revolución

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Por Yelandi Milanés Guardia | 9 mayo, 2020 |
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Qué hermoso regalo nos hizo Acacia Manduley Alsina, el 9 de mayo de 1920, al dar a luz a una promisoria niña concebida con Manuel Sánchez Silveira, a la que nombraron Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley.

Mientras crecía se forjaba en ella un espíritu solidario, combativo, incansable y extremadamente humano. Estas características las puso a prueba en varios momentos de su fecunda vida.

Enternece saber que hacía ahorros para regalar el Día de los reyes magos, preciosos juguetes a los niños pobres de su vecindario, y que tenía tanta sensibilidad por la naturaleza que no permitía que en su presencia se maltratara una planta.

+Cómo olvidar en su centenario su labor incesante en el Movimiento 26 de Julio, en el cual fue pieza clave por su capacidad táctica y organizativa, actitudes muy demandadas, posteriormente, en la Sierra Maestra y que la convirtieron en la primera mujer en el Ejército Rebelde.

Aún su aroma está impregnado en nuestras lomas, y los héroes de verdeolivo la recuerdan pendiente del mínimo detalle y sin tomarse unos minutos de descanso, pues ella se preocupaba porque todo, allí, funcionara a la perfección.

Muchos por esos lares la tuvieron como madrina, y otros reclinaron la cabeza en su hombro para desahogar una tristeza y recibir de ella un tierno abrazo o una alentadora sonrisa.

Aunque el destino la privó de la hermosa dicha de la maternidad, curiosamente la vida le dio la oportunidad de ser madre de muchos, siempre pendiente de sus necesidades y en su trato desbordaba un cariño especial, como el de una  progenitora con sus descendientes.

Hoy, cuando la lucha se traslada al ámbito médico, Celia estaría en la primera línea de combate, contribuyendo con su valor y su espíritu a extinguir esta pandemia que se ha propagado vertiginosamente por el mundo.

Aunque no esté entre nosotros físicamente, la sentimos, porque el tiempo no ha debilitado la mágica presencia de una fémina que, sin obviar el escalón humano, trastocó sus brazos en preciosas alas que la convirtieron en el Ángel guardián de la Revolución.

 

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