Atemperarse con respeto a la nueva normalidad

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Por María Valerino San Pedro | 21 julio, 2020 |
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Sentimientos diversos, de impotencia y coraje sentí una tarde de esta semana, cuando un joven y su pareja, ebrios los dos, salieron de las carpitas del Bayam luego de ingerir cerveza, y se sentaron sobre la lápida de la estatua de José Martí, en la conocida Rotonda del reparto bayamés Antonio Guiteras.

Con sus cuerpos en apretado abrazo, ella sobre las piernas de él, taparon las originales palabras del Maestro de todos los cubanos “Tengo de Bayamo el alma intrépida y natural”, sin el más mínimo asomo de respeto.

Mirarlos mientras me aproximaba a ellos y musitar palabras que exteriorizaban mi sentir los hizo “flecharme con los ojos” y pararse para ir a continuar arrullándose a pocos metros, sin recato alguno.

Duele, no solo por el irrespeto absoluto a ese hombre de todos los tiempos cuyas prédicas continúan enrumbando nuestro camino, sino porque se trata de personas muy jóvenes, que no muestran conocimiento alguno de la historia patria ni de sus próceres, como si nunca hubiesen recibido una clase de Historia de Cuba o leído un solo texto, ni siquiera la prensa.

Resulta difícil no intentar al menos que cosas como estas no sucedan, aunque de hecho, te ganes un problema, más difícil aún por tratarse de personas en estado de embriaguez.

Es cierto que por las disposiciones a las que ha obligado la situación epidemiológica del país no hay clases, y que ya comenzaron las actividades del verano, con las restricciones propias de la segunda etapa post Covid-19, pero ¿sabían los padres de esos chicos dónde estaban y qué hacían?, ¿imaginaban siquiera que a las 5 de la tarde estaban ebrios, sin nasobuco y profanando la estatua de José Martí?

Además, ellos se alejaron de las carpitas a demostrarse su amor, pero allí quedaron otros tan jóvenes como ellos, cantando y bebiendo, sin ningún medio de protección e incumpliendo las medidas establecidas de separación de un metro y medio entre cada uno, y consumiendo en la misma vasija.

Pero, aunque sea poco entendible, a nadie eso le llamó la atención, ni hubo intervención alguna para hacer diferente ese actuar.

También, y en otro orden de cosas, es prácticamente inadmisible el comportamiento de muchísimas personas en las colas, en los ómnibus, prácticamente en todas partes, como si todavía no hubiesen asimilado que debemos forzosamente ajustarnos a una realidad distinta, ajena a nuestra voluntad y que rompe con costumbres, estilos de vida, maneras de pensar y de actuar.

De eso se trata ahora, de ser mucho más sensibles y exigentes con todo lo relacionado con la higiene y el uso de los medios de protección, pero además, de asumir actitudes responsables, solidarias, disciplinadas y conscientes, dejando a un lado el egoísmo y el afán por acaparar.

Pensemos con optimismo y confianza en nuestra gente, que situaciones como las expuestas aquí serán revertidas con prontitud, pues de igual manera que el personal de Salud tanto dentro como fuera del país ha enaltecido el prestigio del sistema sanitario cubano y los hombres y mujeres de la comunidad científica se han esmerado en demasía para detener la pandemia, los hijos de esta tierra llena de historia podrán atemperarse a la nueva normalidad.

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