Batalla de Guisa: Eslabón estratégico de la victoria (I)

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Por Aldo Daniel Naranjo | 20 noviembre, 2018 |
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La Batalla de Guisa tenía objetivos estratégicos y tácticos, concebidos y ejecutados personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro: propinar un golpe contundente que desmoralizara al Ejército de la dictadura de Batista y combatir en movimiento las tropas del  Puesto de mando de Bayamo, situado a 12 kilómetros de distancia.

No era la primera vez que Fidel se hallaba en territorio guisero. En mayo de 1957  recorrió la zona de Loma del Burro, con lo que incentivó los alzamientos campesinos; en septiembre de 1957, preparó el combate de Pino del Agua y anduvo por Victorino y en febrero de 1958 dirigió la batalla de Pino del Agua.

La realizó como el primer eslabón de la Batalla de Oriente y la Operación Santiago, ajustada a las leyes y principios de la guerra moderna, que señala que el máximo jefe militar se pone al frente de las acciones combativas decisivas.

No sería una lucha contra la compañía M de guarnición en Guisa, sino una lucha contra el Puesto de mando de Bayamo, sede de la jefatura de la zona de operaciones contra la Sierra Maestra. La misma contaba con unidades  desde Maffo hasta Pilón, formada por unos cinco mil efectivos y numerosos tanques blindados, tanquetas, morteros, obuses, ametralladoras y bazzokas.

De esta batalla se suele contar de la heroica presencia de Fidel directamente en las acciones; la audacia de Braulio Curuneaux con su ametralladora 30; las cinco mujeres del pelotón femenino Mariana Grajales, que pelearon como leonas; la alta superioridad numérica y técnica del enemigo; y el extraordinario botín de guerra capturado por los rebeldes.

Sin embargo, se pasan por alto varios detalles de aquella audaz gesta que duró 11 días, los cuales merecen ser también divulgados con más sistematicidad. Entre ellos pueden mencionarse los combates del capitán Ignacio Pérez a cinco kilómetros del Puesto de mando de Bayamo, en Monjará y en El Horno; que el capitán Calixto García los atacó una noche desde El Entronque de Guisa; que mientras se ataca el cuartel de Guisa se asediaron otras posiciones enemigas dentro de la población.

De la complejidad de esta operación Fidel Castro explicó: “Hay un combate que fue más importante desde el punto de vista militar, o más difícil desde el punto de vista militar que  el de El Jigüe; fue el de Guisa. Porque el de Guisa fue un desafío nuestro, con tropas todas nuevas, porque ya habían salido todas las columnas, contra el ejército de operaciones de ellos que estaba en Bayamo”.

Precisando otros detalles estratégicos y operativos, el jefe de la Revolución decía: “Cuando llegamos a Guisa

-explicó Fidel Castro- teníamos alrededor de 180 hombres armados. Y en esta región de Bayamo y sus alrededores, el enemigo tenía cinco mil soldados de sus mejores tropas. De modo que ya en Guisa se produjo una lucha de otra envergadura, y la tropa nuestra estaba integrada, fundamentalmente, por reclutas, era personal nuevo -nuestras tropas más veteranas habían salido hacia los distintos frentes…”

Pero en reserva se encontraban más de un millar desoldados en la Escuela de Reclutas de Militar de Minas del Frío, en la Sierra Maestra, a cargo del Comandante Aldo Santamaría Cuadrado.

EL TREMENDO DESAFÍO

Hacer una descripción de aquellos episodios en una página es casi imposible. Estos merecen, a todas luces, monografías y ensayos. No obstante, la esencia de la Batalla puede resumirse en esta idea: desde la madrugada del jueves 20 de noviembre, unas pocas fuerzas rebeldes tendieron un sitio a la soldadesca de ese lugar y efectuaron  enérgicos combates contra los refuerzos, apoyados con tanques y aviones.

Es bastante conocido que durante el trazado de los planes a ejecutar, el capitán Braulio Curuneaux Betancourt ratificó a Fidel en una junta de oficiales: “Descuide, Comandante, por aquí no pasarán”. Era la confianza en la fuerza moral de los combatientes y en el diestro manejo de su ametralladora 30 la que, según sus compañeros, la ponía a “cantar” mejor que nadie.

A las 8:30 de la mañana frente a Loma del Martillo, a un kilómetro del poblado, los pelotones de Braulio Curuneaux, Reynaldo Mora y Rafael Verdecia (Pungo), emboscaron una patrulla militar que custodiaba un ómnibus de pasajeros con rumbo a Bayamo.

Desde el alto del Martillo, bajó la brava mujer Ana Bella Acosta Pompa, quien ante la rendición de los uniformados se adelantó con el teniente Edilberto González (Puerto Padre), y ella le arrebató al sargento jefe de la patrulla un fusil San Cristóbal. En esta primera acción se tomaron 23 armas y sus municiones.

Incluso se le pidió al sargento batistiano que informara a sus superiores que la patrulla había sido destruida por un grupo de rebeldes a la entrada de Guisa y que pensaban atacar el cuartel de este lugar. Esto estaba en correspondencia con el plan de Fidel Castro de que el Puesto de mando de Bayamo mandara refuerzos hacia Guisa.

De este primer momento de la lid bélica recuerda Ana Bella Acosta: “Curuneaux y demás oficiales se prepararon para combatir los refuerzos, que se esperaba enviarán desde Bayamo. Entonces se me comisionó para que entregara los prisioneros al Comandante en Jefe, el que estaba en Hoyo de Pipa, en el área de una lechería. Fidel se puso muy contento con esta, la primera victoria, sobre todo por las armas capturadas”.

COMBATES CONTRA LOS REFUERZOS

Al tiempo que se ponía sitio a la guarnición de Guisa con los hombres del teniente René Serrano (Niní), las armas de los capitanes Curuneaux, Verdecia, Mora y Luis Pérez se dispusieron para enfrentar los batallones que avanzasen por la carretera de Bayamo a Guisa.

A las 10:00 de la mañana se presentó la compañía 81, la que fue obligada a morder el terreno, debido a la firmeza de las emboscadas rebeldes.

A las 2:00 de la tarde avanzó otra compañía, apoyada por una tanqueta T-17. Pero dos horas después, al intentar la máquina de guerra cruzar por el puente de Loma de Piedra, una poderosa mina la levantó en el aire y cayó con las ruedas hacia arriba.

El minero Sabino Rafael Ramírez, natural de Jiguaní, quien estuvo al cuidado de la mina, describe: “Era una carga explosiva muy potente. Tenía la dinamita de una bomba de avión de 100 libras y en una lechera agregamos otras 110 libras. Le pusimos metralla de todo tipo, hasta una plancha vieja de hierro. Este trabajo lo hicimos bajo la asesoría del capitán Miguel Calvo. El contacto era una cajita con 12 pilas de linternas”.

De las tensiones de ese instante memorable recuerda: “El capitán Calvo nos había dicho que Fidel le había expresado que las minas no se podían abandonarse ni muertos. Tenía solo en mi mente volar el tanque para contener el refuerzo. Cuando accioné los cables, sentí una explosión que estremeció todo aquello. Entonces corrí unos 20 metros y llegué a la cima de la loma. Cuando miré a la carretera vi la tanqueta destruida y las veces de mis compañeros felicitándome”.

La satisfacción de lo logrado Fidel se la transmitía al capitán Curuneaux en un mensaje, en horas de la tarde: “Veo que se está luchando intensamente desde hace muchas horas. Los felicito por el éxito y espero continúen venciendo”.

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