Bayameses rumbean al compás de Wil Campa y la Gran Unión

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 7 agosto, 2015 |
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Wil Campa
FOTO Lino Valerino

Picaban ya las 10:00 pm en el Way. Desde temprano, los fans y quienes sencillamente querían darle movimiento al cuerpo, tomaban posiciones para presenciar, lo más cerca posible, el espectáculo que ofrecería el pinareño Wil Campa, como parte de la programación concebida para los Carnavales de Bayamo.

Una voz anuncia la proximidad del espectáculo y una algarabía generalizada estremece el lugar, vaticinio de la alta temperatura que podía adquirir.

A las 10:15p.m., varios jóvenes camuflajeados y enmascarado a semejanza del fantasma de la ópera, ejecutaban una fresca coreografía con pasos de robot que nos hicieron evocar al fallecido  Maikel Jackson.

De fondo musical, el Fantasma de la ópera compuesto por Andrew Lloyd Webber, en 1986, combinado con una jugosa fusión de ritmos, le imprimieron originalidad a la puesta.

Una sombrilla, negra como la noche, se abre en diapasón y cada integrante se retira del escenario a retomar su vestuario y los puestos en los diferentes instrumentos.

El público, advirtiendo que son los integrantes de la orquesta La Gran Unión, de Wil Campa, recibe con estridentes palmas la curiosa entrada.
Campa ya lleva 28 años de vida artística, y como el buen vino, la madurez le sienta bien. Ataviado con camina estampada y pantalón negro, subió al escenario con confianza, saludó a los bayameses, y como un imán, logró in situ que corearan el estribillo del tema Rumba buena: ¡Ya se escuchan los tambores,  / Rumba buena ahora comienza / Mucho ron, mucha cerveza / Vamos a festejar!

No sé si la grabación en vivo captaría cada detalle. Desde la cima de la tarima donde me encontraba, pude advertir los brincos de los más jóvenes, la señora de la tercera edad cuyo contoneo hacia los lados clamaba por la fiesta; las manos del público de un lado hacia otro, ejecutando el típico ¡parabrisa, limpia parabrisas!; el Chihuahua cuyos ladridos acompañaban los coros del público; la niña que rondaba los cuatro años y daba cintura como una batidora; los vecinos de la senda derecha que desde la segunda planta divisaban ajenos al contacto el espectáculo, pero sin huir del ritmo.

El desempeño de la orquesta fue muy profesional. Incansables aquellos muchachos, la mayoría jóvenes artistas egresados de la Escuela Nacional de Arte (ENA), mueven su cintura y articulan el cuerpo como si se fueran a descomponer en los momentos claves de la música, haciendo de ambos, cuerpo y letra, un único lenguaje.

Ejecutando los instrumentos, se les ve saltar, girar, tirarse al piso como Paulito FG, reír y vivir la música cubana, que indudablemente, corre a borbotones por sus venas.

La calidad del sonido fue consistente. Algunos juegos de luces y efectos de humo imprimieron protagonismo y fuerza interpretativa a los temas del exitoso cantante, quien además comentó, bromeó y bailó con los citadinos y visitantes.

Los presentes disfrutaron una versión en salsa del tema Bailando, del cubano Descemer Bueno; algunos con doble sentido; otros, ya menos escuchados. No faltó el insigne Polo Montañés, y estrenos de Osmani Espinosa.

A cada rato, Wil Campa medía el calibre de su auditorio pidiendo palmas o el acompañamiento de algunos estribillos.

La ejecución por ocho de los jóvenes de su orquesta de sus integrantes de un número sin letra, en el que las diferentes partes del cuerpo, auxiliadas con tambores, servían de percusión, dejó anonadado al auditorio que respiró la destreza y el talento en los ejecutores.

Seguidamente Wil Campa sube la parada con pegadísimos temas musicales. Sus comentarios adicionales dejaban adivinar cuál sería su próxima interpretación: ¡A ver, cuántas bambinas peligrosas tiene Bayamo! Y el público, trémulo, bate las manos y brinca mientras los primeros acordes revelan la Bambina, con el cual se despidió.

Los bayameses, agradecieron la buena música que por espacio de dos horas circundó el espectáculo, interpretado de manera impecable y con excelente proyección escénica.

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