Bayamo: El misterio y la leyenda continúan (+infografía)

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Por Yelandi Milanés Guardia | 5 noviembre, 2019 |
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FOTO Luis Carlos Palacios

Mira- dice la musa de la historia (Clío) a Enrique Orlando Lacalle en su libro Cuatro siglos de Historia de Bayamo– ese es el pueblo aborigen, el Bayamo indio: Hace siglos que son dueños y señores de este valle inmenso donde el cielo y la tierra parecen más amplios y hermosos; de estos bosques seculares que lujuriantes de altura semejan manos vegetales que acarician la inmensidad; de estos montes siempre verdes y matizados de flores donde las aves por miríadas forman la más exquisita algarabía de trinos; de ese río enorme y caudaloso toldado de follaje cuyas linfas umbrías surcan veloces “piraguas” y pesadas “canoas” y donde adquieren una buena parte de su subsistencia.

Son gentes de piel cobriza, de grandes y oscuros ojos, negras, largas y abundosas cabelleras, y lucen la desnudez de sus cuerpos sin sentir rubor. Sus mujeres son vírgenes puras a quienes la serpiente tentadora aún no ha hecho probar del fruto del árbol maldito. La comunidad es perfecta, todos son iguales, todos.

Son felices -continúa describiendo Clío en su paseo por el tiempo- no roban ni matan; para ellos no existe la guerra, ni la envidia, ni los odios. Ahí tienes el poblado, es amplio y hermoso, y su conjunto tan pintoresco y bello que se hace delicia su contemplación: lo llenan centenares de “bohíos” y “bajareques” rodeados cada uno de ellos de su precioso “chalí” (jardín) rebosante de colorido y fragancia, sobresaliendo entre todos por su tamaño y forma el “caney” donde reside el poderoso cacique Bayamo, soberano de esta comarca, y el “eracre”, templo sagrado con su colgadizo y su perpetuo guardián; allí, en aquel círculo hecho de piedra y greda que es el “batey”, se efectúan los “areítos”, que celebra el “behique” o sacerdote y los preside el Cacique.

Allá, en los límites del pueblo, el “conuco” donde verdean espléndidamente los “maizi”, las “bananas”, los “ajes” (boniatos), la “cojoba” (tabaco) y el enorme plantío de “yucaiba” de cuyo fruto, la “yuca”, sacan la “catibía” y fabrican el “casabe”; lindo sitio que bajo el dominio del cacique es propiedad de todos y sirve de alimentación a todos por igual.

Los más ágiles en el uso de la flecha y la macana se dedican a la caza, otros pescan, y las mujeres ejercen los servicios caseros. Son alegres, pacíficos y amorosos.

Más adelante, en la narración, se percibe un quejido de dolor que anticipa la ruptura de la paz y la felicidad.

“Unos seres extraños de blancos rostros y barbados cuerpos cubiertos por lienzos llenan de asombro a los indígenas. Son hombres llegados de ultramar y que en persecución de un indio que de Quisqueya ha venido huyendo de sus desmanes, quieren apresar e impedir que continúe su labor de excitar a los nativos con sus ideas guerreras, y quien con bravura incomprensible hace frente con sus huestes a los malvados invasores.

Hatuey es hecho prisionero (…) y cumplióse de esa manera la primera parte de la profecía india: “Y uno de los nuestros envuelto en llamas ascenderá a los cielos y se convertirá en estrella…”

Hace muy poco -prosigue la musa- que llegó a Baracoa, procedente de Jamaica, el cruel capitán Pánfilo de Narváez, apuesto aventurero que goza de la amistad del Adelantado Diego Velázquez, quien lo comisiona para que se traslade a Bayamo con objeto de sojuzgar a los nativos. Y ahí lo tienes, dueño y señor del poblado, y huésped forzado del caney del cacique Bayamo, que sus verdaderos dueños, huyendo despavoridos han abandonado para internarse en tierras del Camagüey.

Con séquito numeroso hace su entrada en 1512 en la tribu bayamesa, pero no sin antes sufrir ataques aislados.

Frío fue el recibimiento, cual si tuvieran previamente combinado un plan de ataque. El Cacique, el Behique y los principales señores los reciben y les ofrecen manjares de su conuco, y, obligados se ven a darles sus albergues a los advenedizos.

La noche se ha lanzado sobre el pueblo y sólo un punto claro se defiende de la obscuridad; es una tea de “cuaba” que al cuidado de un español se encuentra a la entrada del bohío donde descansa, dormido y fatigado de la larga marcha, “el mensajero de la civilización”.

Ahí tienes- indica la conocedora del pasado- hollando la tierra bayamesa al Adelantado Diego Velázquez, portando una bula muy célebre del Papa, mediante la cual los desalmados conquistadores toman posesión absoluta de estas tierras y de sus moradores para los Reyes de Castilla.

Y allí, cumpliendo sus deberes religiosos, sin hacerle caso a la fatiga, el sacerdote sevillano Fray Bartolomé de las Casas, muy temprano ha dado su primera misa, la primera en tierra adentro, auxiliado por el capellán del Adelantado, fray Juan de Tasín.

Y cerca de dos meses permaneció aquí el Adelantado, gozando de este vivificante oasis de paz y ventura; pero tuvo que regresar a Baracoa urgentemente, pues, asuntos de vital importancia lo exigían.

Enrique Orlando Lacalle también refiere que con el mismo fin en otra expedición salió de Baracoa Don Diego Velázquez, y siguiendo la costa sur llegó hasta el cacicazgo de Guacanayabo, donde quiso visitar el sitio en que había sido incinerado Hatuey, pues, se proponía levantar allí una iglesia en su recuerdo. ¿Sentía remordimientos?… ¡tal vez! Y llegando allí fundó una iglesia bajo la advocación del Santísimo Salvador, y constituyó un pueblo y le puso ese mismo nombre. Era el 5 de noviembre de 1513.

Gráficos: Angélica M. López Vega

“Un año había pasado desde que fundaron a San Salvador, y Bayamo, que ya servía de residencia a los españoles desde el año anterior, atrajo -con motivo de la fertilidad de su tierra, su gran riqueza y las condiciones defensivas- a los pocos que acordaron trasladar la iglesia para este lugar, el que desde entonces fue bautizado con el nombre de San Salvador del Bayamo”.

Otras hipótesis

En su libro Bayamo José Maceo Verdecia aclara, como nos narra la historia anterior, que no fue fundado por Diego Velázquez sino que era un cacicazgo indio.

“Su población ascendía a más de 2 mil habitantes y cuando Cristóbal Colón holló este suelo como descubridor ya Bayamo existía. Todos los historiadores, desde Fray Bartolomé de las Casas hasta el Doctor Ramiro Guerra, están contestes en este particular.

“El adelantado Diego Velázquez no fe su fundador; fue su fomentador; es decir, su propulsor. Los fundadores de Bayamo fueron los indios y su fundación, por no existir datos anteriores al descubrimiento, se pierden en la noche de los tiempos.

“Se sabe que la palabra Bayamo es una palabra de origen indio, y que proviene de la palabra “bayam”, nombre dado por los aborígenes al árbol de la sabiduría, a cuya sombra las fieras se tornan mansas como corderos; y se sabe, así mismo, que Bayamo era una comarca siboneya.

“Ahora bien, Diego Velázquez, después del suplicio de Hatuey, fundó la villa de San Salvador, en Yara, provincia de Macaca. Le dio ese nombre porque allí se consolidó la conquista”.

En el aludido libro José Maceo Verdecía también menciona la tesis de Roberto Mateizán, quien espiga en estos particulares en su obra “Cuba pintoresca y sentimental”, en la cual refiere: “La villa de San Salvador de Bayamo fue fundada el 5 de noviembre de 1513 en el lugar que hoy ocupa el poblado de Yara. En una carta dirigida por el adelantado Diego Velázquez a su Majestad Católica Fernando V dice: “e dicho asiento é sitio se halló a legua y media de un puerto questá apropósito de la navegación de la Isla Española y tierra firme, y cerca de un río grande y muy bueno que se dice Yara, de muchas crianzas de ganado y disposiciones para labranzas de yuca, ajes y maíz, y muy buen sitio y asiento para dicho pueblo (…) que fizo poner la iglesia en la parte que convenía, y la nombró San Salvador, porque allí fueron libres los cristianos del cacique Yahatuey, e porque con la muerte se aseguró é salvó mucha parte de la Isla, y así mismo hizo señalar solares para la granjería de Vuestra Alteza (…) dio vezindades a los que la quisieron para que las tuviesen como las que dio en la Asunción, y así mismo les hizo repartir para comenzar a labrar montones de unto”*.

Después continúa: “A fines de 1514 fue trasladada la parroquia San Salvador al pueblo indio de Bayamo, en donde empezó a fomentarse la villa rápidamente con sus fértiles plantíos y la emigración de Baracoa que se inició desde ese mismo año, llegando a su apogeo en 1518. El rancherío de Bayamo en la época en que la feligresía de Yara hizo su traslado, había adquirido el aspecto de las pequeñas villas europeas.

“Conservando el lugar el nombre aborigen, se le agregó a éste el que Velázquez puso al poblado fundado el año anterior, y de ahí el nombre actual de San Salvador de Bayamo”.

Y más adelante Roberto Mateizán agrega que como resumen de estas investigaciones se pueden concretar las cuatro conclusiones siguientes: “San Salvador fue fundado por Diego Velázquez en el lugar en que existe actualmente el poblado de Yara. San salvador de Bayamo está ubicado en el mismo asiento que ocupa el caserío indio de Bayamo. El Yara aborigen estuvo en donde hoy existe el caserío denominado Yara Arriba y el cacique Hatuey fue quemado en el sitio que ocupa hoy el poblado de Yara y en el que fundó Diego Velázquez la villa San Salvador”.

Por su parte, los historiadores Onoria Céspedes Argote y Eduardo Chávez Pardo en su libro Bayamo: Síntesis histórica, también defienden la tesis del surgimiento de San Salvador en Yara.

En el libro Bayamo en el Crisol de la Nacionalidad Cubana se encuentra un artículo de Ángel Lago Vieito referido al cacicazgo de Bayamo y en el cual expresa que el poblado aborigen denominado Bayamo estaba situado en las márgenes del río del mismo nombre, en el lugar donde hoy se encuentra la ciudad.

Estaba rodeado por la extensa llanura de la cuenca del Cauto, con fértiles sabanas limitadas al sur por la cordillera de la Sierra Maestra, que posee las mayores alturas del país.

El sitio era propicio para un asentamiento urbano, por la existencia de una vía fluvial navegable, que proporcionaba abundante pesca, y un suelo arcilloso adecuado para la alfarería. Además de la cerámica, los numerosos habitantes también practicaban la agricultura.

Más adelante habla de la estructura político- administrativa, y refiere que los límites jurisdiccionales de la villa se extendían desde Punta de Mulas, al norte, hasta Cabo Cruz, al sur, con una longitud de 50 leguas; y desde el río Jobabo, al oeste, hasta Palos Picados al este. Este extenso territorio abarcaba las actuales provincias de Holguín, Las Tunas y Granma.

El gobierno era ejercido por el Cabildo, en el cual se agrupaban los representantes de una poderosa oligarquía poseedora de enormes extensiones de tierra y gran cantidad de indígenas encomendados. Este estaba constituido por dos alcaldes ordinarios, varios regidores y un procurador encargado de representar la localidad ante las autoridades superiores.

En el volumen Estampas de Bayamo José Carbonell Alard expresa que el primer alcalde de San Salvador de Bayamo fue Manuel de Rojas, que administraba en estos lares junto a Juan Escribano los grandes intereses del conquistador.

En Bayamo en el Crisol de la Nacionalidad Cubana, también se abunda que entre las funciones fundamentales del Cabildo estaban la mercedación de tierras y la entrega de indios en calidad de encomendados a los primeros pobladores.

“El crecimiento urbano de la villa no siguió un orden regular ni preestablecido. Inicialmente, se dirigió en el sentido de las calles principales, que partían de la plaza hacia lugares importantes como los embarcaderos, otras poblaciones, las haciendas y estancias. La arteria fluvial del Cauto, a través del río Bayamo como afluente, representó para la villa una vía de comunicación que le permitió el contacto con La Española y tierra firme.

“Demográficamente, la villa vio incrementado el número de vecinos entre 1514 y 1518 con pobladores procedentes de Baracoa. Pronto disminuiría la cantidad de habitantes al marchar muchos de ellos a la conquista de nuevas tierras. Desde el punto de vista arquitectónico, el caserío era de pobre construcción, con casas de tabla y paja, y en 1551 fue víctima de un fuerte terremoto que destruyó casi totalmente la Iglesia Mayor”.

Enigma por develar

Indagando en los comienzos de San Salvador de Bayamo, La Demajagua entrevistó a José Manuel Yero Masdeu, investigador agregado de la Casa de la Nacionalidad Cubana y especializado en temas de arqueología, el cual refirió  que en el 2002 hizo un estudio arqueológico junto al investigador Ángel Lago Vieito sobre el tema, y les resultó muy significativo que en Yara y sus alrededores no encontraran ningún sitio a pesar de una búsqueda exhaustiva.

Según sus declaraciones: “Ese fue el primer impulso a escribir el libro San Salvador de Bayamo. Sigue el misterio y luego el trabajo de  Juan Valentín Gutiérrez Rodríguez, nos sirvió de acicate para enfrentar esta problemática que nos generó dudas y confrontaciones como les ha producido a todos lo que se han lanzado a indagar al respecto.

“En el libro hacemos razonamientos y críticas a muchas de las hipótesis del lugar y fecha del surgimiento de la villa, que para nosotros, aún cuando se ha investigado y han surgido varios sitios de origen, sigue siendo un enigma por develar, porque la mayoría de las tesis carecen de pruebas sólidas e irrefutables.

“Solo el trabajo de Juan Valentín Gutiérrez Rodríguez, que aborda como posible surgimiento de la villa a Palmas Altas (cerca de Manzanillo), lo consideramos una hipótesis con argumentos científicos que requiere mayor trabajo de campo en los alrededores para que no aparezca otro sitio arqueológico relativamente cerca o entre los parámetros establecidos, y que tenga elementos de transculturación, que evidencien presencia de indios y españoles.

“Sin embargo, el único documento con el que contamos es la carta de relación de Diego Velázquez, la cual tiene mucho peso porque habla de la fundación cerca de un río que lleva por nombre Yara.

“Con respecto al traslado de la villa muchos piensan que fue un proceso complicado y consideramos que no, porque trasladar la iglesia y los documentos era simple, pues la primera era presumiblemente un bohío y no una construcción como hoy la conocemos, y los segundos los tenían los funcionarios en una caja, pues en ese tiempo los datos que se archivaban eran pocos. Consideramos que fue un acto simbólico el traslado, pero significativo.

“El movimiento hacia Bayamo y creación de la villa fue además una acción de ocupación, en la cual los españoles se apoderaron de la tierra que no era de ellos, de los hombres, de su riqueza y hasta de su cultura.

“La leyenda es muy importante pero todo apunta a que Hatuey no fue quemado en un tamarindo sino en un palo, porque esa planta natural de la India se introduce en Cuba en el siglo XVIII, y no fue el Padre Bartolomé de las Casas sino fray Juan de Tasín quien lo asistió.

“Sin embargo, las personas creen en la leyenda maravillosa y nos ratifica el amor a nuestro terruño, pero hay un dato interesante y es que la tan famosa carta de relación se escribe en 1514 y aparece publicada en la segunda mitad del siglo XIX cuando ya  Carlos Manuel de Céspedes ha intentado tomar Yara, después del Alzamiento en su ingenio.

“Entonces se empiezan a imbricar hechos como el suplicio de Hatuey, el levantamiento en La Demajagua, el intento de tomar Yara y todo eso a nivel de conciencia social reproduce una historia fascinante.

“Es importante -considero- seguir ahondando en el sitio donde surgió la villa y su fecha exacta, pero lo trascendental es que se fundó una villa y que en torno a ella en algo más de 500 años se han dado un grupo de hechos históricos y culturales que han marcado los destinos de la nación.

“De un hecho cruel de colonización y explotación, junto a la maravillosa mezcla de razas, salió un pueblo nuevo: el cubano.

“Y al preguntarnos ¿qué estamos festejando? podemos decir precisamente que el surgimiento de un pueblo nuevo, en un parto muy doloroso, que con el transcurso del tiempo dio pasó a un estado nación llamado Cuba, que no es puramente indio, africano, europeo o asiático, sino un ajiaco con peculiar y auténtico sabor cubano”.

Válidas son entonces estas miradas al surgimiento de la también hoy conocida como Ciudad Monumento Nacional, en la cual las hipótesis de Yara y Palmas Altas son las que tienen mayor número de defensores y en alusión a la primera no cabe dudas, alejándonos de demarcaciones y localizaciones espaciales, que el Bayamo actual lleva marcado su nombre por un San Salvador que proviene de Yara.

No obstante, Bayamo luego resplandece porque tiene hechos únicos y singulares que lo convierten en el Crisol de la Nacionalidad Cubana, por eso como bien dice Enrique Orlando Lacalle: “Si los cubanos conocieran la historia de Bayamo, llegarían a él reverentes a rendirle pleitesía”.

*- Puede contener errores ortográficos en correspondencia con las reglas ortográficas actuales, pero así fue escrito en su tiempo por Diego Velázquez.

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