Bayamo, a los 507, sigue…

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Por Osviel Castro Medel | 5 noviembre, 2020 |
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FOTO/ Armando Yero La O

Poco serviría, después de 507 años, polemizar sobre aquella fundación que algunos señalan fue en Yara y otros aseguran en Palmas Altas.

A fin de cuentas Bayamo sigue aquí, desde hace tiempo, a orillas del afluente que mencionó José Joaquín Palma en uno de sus hermosos versos. Sigue bañado por su historia incomparable,  que lo convierten en trozo de tierra único.

A partir de ese 5 de noviembre de 1513 (o desde mucho antes) esta zona geográfica –que no solo la villa o la posterior ciudad, sino toda su área de influencia- se convirtió en matriz de Cuba en muchos aspectos

Cómo olvidar que por estas tierras –en Yara específicamente- surgió una luz vinculada con la insurrección de Hatuey; o que aquí nación  la primera gran rebelión aborigen, la misma que apedreó a Pánfilo Narváez.

Cómo olvidar que fue por estos lares por donde comenzó a practicarse el ajedrez en Cuba (1518) y que esta región siempre fue levantisca contra la metrópoli.

Cada 5 de noviembre debería servirnos para evocar los acontecimientos asombrosos de otro tiempo, que inspiraron la  primera obra literaria, escrita por Silvestre de Balboa, aunque en los últimas épocas hayan surgido revisionistas a ultranza que digan lo contrario.

No pasemos por alto que de las manos del bayamés Joaquín Infante salió el primer proyecto de Constitución  netamente cubano (1812); ni que un hijo de estas tierras, llamado Manuel Cedeño fue libertador y general al lado de Simón Bolívar en los gloriosos campos de Carabobo.

Jamás se nos borrarán de la memoria el nacimiento de la primera canción trovadoresca de Cuba (1851), el bello epíteto  Primera Ciudad Libre o el Ciudad del Himno, ambos surgidos por hermosos acontecimientos que removieron la historia

Nunca obviemos alto que fue la primera con una plaza llamada “de la Revolución” (1868), la primera que ganó (1935) el nombramiento de Monumento Nacional, la que –junto a Santiago- fue motor de la epopeya emprendida por la Generación del Centenario.

Eso sí,  no valen las evocaciones si no las vinculamos con el presente, si no terminan pinchándonos el lado positivo de la cultura o el deseo de hacer más por Bayamo.

No se trata solo de poner el nombre de un patricio a una calle o colocar una ofrenda floral en la plaza pública cada cierto tiempo. Se trata de pensar la cultura en grande, como raíz de todo proyecto social o económico, como piedra primera para las generaciones que vienen empinándose o están por llegar.

No se trata de festejar el cumpleaños 507 o de pulir la ciudad cuando llegue un “aniversario cerrado”. Se trata de ir más allá, de colocarnos a la altura de lo que antes se tejió con sacrificio y sangre, de levantar más que el nombre glorioso de Bayamo.

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