Bayamo, otra vez libre

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Por Yelandi Milanés Guardia | 3 enero, 2017 |
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Fidel dedica unas palabras a los bayameses desde el ayuntamiento
Fidel dedica unas palabras a los bayameses desde el ayuntamiento

Era el viernes 2 de enero de 1959 y los rebeldes con Fidel al frente partían desde Santiago de Cuba con rumbo a la Habana. En el trayecto Bayamo constituía un lugar de visita obligada por su relevancia histórica y revolucionaria.

A su paso por Jiguaní la población corre hacia la vía y en Santa Rita encuentra un cordón humano a ambos lados. Los rebeldes se detienen en Cautillo y allí efectúan la reunión con los oficiales, los cuales inclinan las banderas y rinden las armas.

Quienes observaron en esa fecha a Fidel intuyeron cómo en la medida que se aproximaba a la gloriosa urbe evocaba con intensidad a los jóvenes de la Generación del Centenario, los cuales bajo su dirección atacaron, el 26 de julio de 1953, la plaza militar bayamesa.

A las 11 de la noche entraron a Bayamo. Otra vez la ciudad monumento respiraba aires de libertad como en aquel memorable octubre de 1868.

La operación se realiza con cuidado, pues allí quedaba la mayor guarnición del Ejército en Oriente, sin rendirse todavía, con alrededor de 3 mil soldados, además de tanques y artillería.

Al llegar al costado del parque la banda de música de la ciudad inter­pretaba la primera versión para ese formato instrumental de la Marcha del 26 de Julio.

Ya de madrugada, desde el ayuntamiento, Fi­del les habla a los bayameses sobre los nuevos retos de la lucha revolucionaria. Al día siguiente penetró en el puesto de mando de Bayamo y dialogó con los soldados y oficiales, a quienes pidió defender la causa de la revolución y marchar junto al pueblo en favor de la igualdad y la justicia social.

Los hijos de Bayamo, llenos de júbilo y fervor revolucionario, despidieron a Fidel Castro y sus hombres por toda la salida de la carretera que va hacia Holguín.

La caravana de la libertad constituyó la reafirmación de la victoria rebelde, porque donde aún quedaban vestigios de la tiranía esta los disolvió completamente.

Sobre esa hazaña Fidel expresó: “El recorrido tenía por objeto transportar la columna en apoyo de los compañeros que iban hacia la capital; yo pensaba pasar rápidamente. Pero en eso se cae, mejor dicho, fue derrocada la tiranía, porque no se cayó: la derrocaron, al dictador y a los que quisieron sustituirlo; en un día se cayeron dos: Batista y Cantillo.

“Ese era el objetivo del viaje. Yo no tenía pensado hacer una marcha triunfal, ni mucho menos; me parece que eso estaría un poco fuera de lugar en este momento.

“Yo me he detenido en los pueblos porque me han detenido en los pueblos, el pueblo. Y no he podido hacer otra cosa que hablar con el pueblo, a pesar de que me parecía que era necesario que estuviésemos en La Habana cuanto antes, y todo el mundo sabía que necesitábamos estar en La Habana cuanto antes; pero ya veníamos en este recorrido, y no podía menos que atender el deseo del pueblo de hablar con nosotros y de saludar a los combatientes del Moncada”.

Sin dudas, la caravana sirvió para estrechar la relación de Fidel con los cubanos, esos a los que nunca traicionó el Comandante en Jefe y los cuales han jurado lealtad eterna a su líder histórico.

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