Bayamo: raíz cultural y musa inigualable

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Por Gisel García Gonzalez | 3 noviembre, 2015 |
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Himno de Bayamo, Cuba
FOTO / Luis Carlos Palacios Leyva

De los inicios, cuentan, fue la tierra que abrazó las cenizas de la pira del héroe que dio paso a la leyenda y heredó a las generaciones venideras la sangre rebelde. Sin embargo, fechas y sitios exactos están aún más cercanos a la mística que a los hechos.  

Ciertamente, el caudaloso río ya había sido hendido por canoas y el aire traía el olor del casabe y el rumor del areíto. Los aborígenes habían nombrado a su poblado Bayamo, cual el árbol del Bayam, a cuya sombra se amansaban las fieras, según la traducción castellana; y aquel asentamiento acogería la villa San Salvador, fundada por el adelantado Diego Velázquez, el 5 de noviembre de 1513, hace ya más de medio milenio.

Desde entonces el coraje de los hijos de este suelo, sus ansias de libertad, su galantería y romanticismo y el amor por la ciudad, han estado estrechamente vinculados a la creación artística, convirtiendo estas expresiones en un medio de enfrentamiento al despotismo español, aún bajo amenazas políticas y la guerra.

Al dominio del arte del tallado en piedra de los primeros habitantes, su pericia en la cerámica y la riqueza espiritual de su imaginario, le continuaron autores sublimes aunados en  la Sociedad filarmónica Isabel Segunda en la década de 1840, instituida para el fomento de la literatura, el canto, la música, la declamación, el baile y el teatro.

De igual forma, la Academia de música graduó relevantes intérpretes y compositores, como Manuel Muñoz Cedeño, orquestador de La Bayamesa, devenido Himno Nacional de Cuba, y fundador de la  primera orquesta típica de la urbe; en tanto, en el Coliseo de la segunda villa se representaron obras pertenecientes a Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo y José Fornaris.

Juan Clemente Zenea, José Joaquín Palma, Tristán de Jesús Medina, Úrsula de Céspedes, José María Izaguirre entre otros, constituyeron excelsas plumas de este siglo reconocidas por la historia literaria de la Isla.

Con la República inició la reanimación de Bayamo, luego de 30 años de luchas por la independencia, propósito que asumieron las sociedades y liceos culturales avivando la tradición, la historia, la música, la danza y la lectura.

A las festividades religiosas: Santiago y Santa Ana en julio, San Juan en junio, San Salvador en agosto y los Santos Reyes, se unían las serenatas, paseos en coche, las retretas de la Banda de Música, bajo la batuta de Rafael Cabrera, la Coral de Bayamo y las incipientes orquestas locales: Ronda lírica bayamesa, la Monumento de Chichito y sus muchachos, Gran orquesta Hatuey y el conjunto Edén.

Destacados artistas nacionales como Esther Borja, Benny Moré, Luis Carbonell y las agrupaciones Aragón y Maravillas de Florida prestigiaron los escenarios de la ciudad natal de la poetiza María Luisa Milanés (Liana de Lux) y el grupo Acento, en cuya revista homónima, en los años 1947 y 1948, aparecieron las firmas de Cintio Vitier, Lezama Lima, Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra y Eliseo Diego.

La Revolución Cubana eliminó los sesgos elitistas de las instituciones y fortaleció el diálogo entre lo culto y lo popular, creando espacios y celebraciones que enriquecieron la vida artística.

Inmortalizar en voces, textos, notas y lienzos; la historia, paisajes y tradiciones de Bayamo ha constituido homenaje de virtuosos del arte en todas las épocas, gesto que la urbe ha retribuido con la conservación de tan imprescindible patrimonio.

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