El bienestar humano, una medición sin incluir en el PIB

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Por Prensa Latina (PL) | 8 febrero, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

La Habana, (Prensa Latina) A la luz del descontento generado en Latinoamérica, donde una serie de protestas acontecen desde finales del pasado año, renace el debate en torno a la validez del Producto Interno Bruto (PIB) para medir el progreso ciudadano.
Entendidos alertan que este indicador, devenido en sigla de culto para los financistas, la última palabra en materia de desarrollo y el non plus ultra de los termómetros para identificar una economía saludable, no es capaz de advertir acerca de cuestiones inherentes a la prosperidad humana.

Declaraciones recientes del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz reconocen que el indicador no es capaz de revelar, por ejemplo, la desigualdad.

“El PIB puede subir, pero todo el dinero puede ir a Jeff Bezos,- considerado el hombre más rico del mundo y dueño de la compañía Amazon-, y la mayoría de los estadounidenses pueden estar muriendo porque no tienen acceso adecuado a la atención médica o la comida”, dijo.

Añadió que el índice es bueno, pero no refleja lo que experimentan los ciudadanos comunes de Estados Unidos o en cualquier otro país, no muestra la inseguridad, que es una parte tan importante del bienestar.

Más aún, expresó igualmente, hoy nos preocupa la sostenibilidad: el PIB no mide si el crecimiento es sostenible.

No obstante, desde hace mucho tiempo advierte el experto sobre estas cuestiones.
“Si solo nos concentramos en el bienestar material (por ejemplo, en la producción de bienes, más que en la salud, la educación y el medio ambiente), nuestra visión se vuelve distorsionada […]. Nos volvemos más materialistas”, escribió hace poco más de un año.

Incluso el creador del PIB, el economista ruso Simon Kuznets, creía que esta medida no era completamente fiable.

Kuznets, en Nueva York, buscó la manera de medir la economía en su conjunto para ayudar a salir a Estados Unidos de la Gran Depresión durante la tercera década del pasado siglo.
Su trabajo, que marcó el nacimiento del PIB, se extendió luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) gracias a las Naciones Unidas y se convirtió en el estándar global.

A pesar de que los detractores del índice existen casi desde su mismo surgimiento, el descontento ciudadano suscitado en los últimos tiempos reavivó el debate en torno a la necesidad de un medidor que se centre de una manera más efectiva en las necesidades humanas.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, ha expresado sin ambages reiteradamente que, en línea con la Agenda 2030, se necesita una estrategia multidimensional del desarrollo que trascienda las mediciones del ingreso como único indicador de éxito. El PIB per cápita no es el único aspecto que determina el desarrollo, enfatizó.

Se refiere la funcionaria a la desigualdad imperante en América Latina que, según los cálculos de la entidad que lidera, es la peor del orbe y supera incluso a la del África Subsahariana.

Bárcena también consideró que la inequidad de ingresos es una de las expresiones más evidentes de esa desigualdad y es un obstáculo al desarrollo y a la garantía de los derechos y del bienestar de las personas, además de un factor que inhibe la innovación, el aumento de la productividad y el crecimiento económico.

Dos de los países tomados por más prósperos en Latinoamérica, a juzgar por el PIB, son justamente Chile y Colombia, los que irónicamente son también escenario de las más nutridas protestas en el continente.

Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de casi 285 mil millones de dólares y enormes riquezas minerales, un gran por ciento de sus habitantes vive en la pobreza.
Allí, donde el 20 por ciento del ingreso está en manos del uno por ciento de la población, según cálculos del economista francés Thomas Piketty, 13 millones de colombianos (de una población de 48 millones) se encontraron el año pasado en condición de pobreza monetaria.

De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística colombiano, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional (salud, trabajo, acceso a servicios públicos domiciliarios, condiciones de la vivienda, etc.) en 2018 fue de 19,6 por ciento, casi dos puntos porcentuales más que en 2017.

Un ejemplo aun peor es Chile donde en grandes titulares anunciaron a inicios de 2019 que con un PIB de casi 300 mil millones de dólares y un per cápita de más de 25 mil dólares, los expertos consideraron que la nación iba seguro en “camino al desarrollo”.

Meses más tarde, miles de chilenos salieron a protestar ante la desigualdad que les agobia.
Porque allí el uno por ciento más rico detenta el 26,5 por ciento de la toda riqueza del país de acuerdo con cálculos recientes de la Cepal.

Así, el 10 por ciento más favorecido concentra el 66,5 por ciento, mientras el 50 por ciento más pobre accede a un magro 2,1 por ciento de todo el ingreso de la nación.

Una verdad entonces es segura: el PIB per cápita no indica de qué manera la riqueza se distribuye entre los ciudadanos de un país.

Tampoco revela la calidad o el nivel de su sistema educativo o de su sanidad, ni el estado del medioambiente, el acceso al trabajo decente o las condiciones de vida de su población más vulnerable.

En cambio, al medir la producción y el consumo, expertos advierten que la búsqueda de un mayor PIB desestimula el ahorro y el reciclaje.

A propósito de los males que aquejan a Latinoamérica, la secretaria ejecutiva de la Cepal ha remarcado que las desigualdades erosionan el contrato social y la democracia y que, ante esto, son necesarios pactos entre el estado, el mercado y la sociedad.

Observar el desarrollo a través de una lente multidimensional constituye una brújula muy útil para diseñar, implementar, monitorear y evaluar las políticas públicas a fin de mejorar la calidad de vida de las personas, opinó.

‘Las protestas en la región tienen un hilo común que es la desigualdad y pueden convertirse en una oportunidad para el cambio social. A partir de las movilizaciones hemos visto cómo algunos gobiernos han accedido a avanzar en mejoras estructurales a bienes públicos esenciales, como salud, educación, pensiones y transporte’, remarcó Bárcena durante su participación en Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos.

Añadió que hay un desencanto social manifestado principalmente en los más jóvenes de la región debido a la generación de expectativas incumplidas en el área.

Exhortó entonces a avanzar en la construcción de estados de bienestar, basados en derechos y en la igualdad, que otorguen acceso a protección social y a bienes públicos de calidad, como salud y educación, vivienda y transporte.

La superación de la pobreza en la región no exige solo crecimiento económico, ese del que el PIB se jacta, sino que debe estar acompañada por políticas redistributivas y políticas fiscales activas, apuntó.

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