Bloqueo estadounidense golpea la Agricultura

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Por Juan Farrell Villa | 17 febrero, 2020 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

El recrudecimiento de las medidas del bloqueo del Gobierno estadounidense contra Cuba hace mella en la producción de alimentos en el sector agrícola en Granma.

De ahí que constituye un reto para los hombres y mujeres del campo garantizar las siembras de la campaña de frío tras seis meses de intensa labor enfrentando severas afectaciones por la falta de insumos, combustibles y productos químicos, entre otros.

Sin cruzarse de brazos y con estoicismo han plantado 33 mil 149 hectáreas, al movilizar la provincia varios pelotones de preparación de tierra, en busca de avanzar en el plan de alistar áreas con destino al autoabastecimiento a nivel de municipio.

No obstante, el mayor déficit de combustible entre diciembre y febrero ha obstaculizado la actividad en la que se pronostica solo podrá llegarse entre el 90 y 93 por ciento de las más de 36 mil hectáreas previstas para la etapa.

Según análisis de especialistas de la Delegación de la Agricultura el énfasis se ha hecho en plantar una caballería de plátano y otra de yuca por cada mil habitantes, además de los cultivos de boniato, malanga y hortalizas menores.

Mientras, reciben el impacto negativo del acentuado bloqueo los renglones de arroz y tabaco, en los que se incumplirán las siembras en cerca de nueve mil hectáreas del cereal y otras 260 en el cultivo de la aromática hoja, respectivamente.

También las plantaciones son dañadas en los rendimientos agrícolas en cuantía considerable por la entrada tardía e insuficiente de fertilizantes, herbicidas y materiales destinados a la protección fitosanitarias.

Sin embargo, el programa de desarrollo económico en marcha prevé acciones para contrarrestar los efectos del bloqueo, e incluyen la introducción de tecnologías que incidan en el aumento de los rendimientos y la producción con alimentos más eficientes e inocuos.

Asimismo, se aplican algunas alternativas para paliar la práctica genocida del imperio, como son el aumento del uso de la tracción animal en la preparación de tierras y el cultivo, el laboreo mínimo, empleo de los bioproductos en los tratamientos contra plagas y enfermedades o como fertilizantes y el desplazamiento del riego eléctrico a los horarios nocturnos y matutinos para que no coincidan con el pico de máxima demanda de energía.

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