El brillo del Sierra Maestra, de Bartolomé Masó

Share Button
Por Juan Farrell Villa | 19 abril, 2018 |
0
FOTO Luis Carlos Palacios

La Unidad empresarial de base (UEB) Sierra Maestra, ubicada en conocido sitio El Rosario, de Bartolomé Masó, sobresale por los resultados en la Empresa avícola Granma, en la provincia homónima.

Sus 14 naves acogen la crianza de más de 200 mil gallinas ponedoras, con el propósito de producir y comercializar huevos, aves vivas y otros productos agrícolas cultivados en áreas del autoabastecimiento local.

Consagración, experiencia, capacidad y estabilidad laboral caracterizan y dan brillo al colectivo del Sierra Maestra, desde que fue creado como granja avícola en 1989.

Iraida Pita Reyna, directora de la UEB, al referirse al desempeño en la ejecución de los indicadores económicos y productivos destacó el esfuerzo en las extensas jornadas de trabajo para sobreponerse a las dificultades de toda índole.

“No hay descanso, ni de día, ni de noche; la misión exige mucho sacrificio, pero vale la pena porque cumplimos el encargo de producir para el pueblo y lo hacemos con eficiencia”.

Pita Reyna, comenzó a los 18 años de edad como navera, es actualmente Licenciada en Economía y ejemplo de mujer abnegada, la que se ha granjeado el cariño, respecto y admiración de los trabajadores.

Durante el primer trimestre del año, la unidad excedió la producción total, promedio de ponedoras, huevos por animal y redujo la conversión en kilogramo de pienso por decena de posturas; y solo estuvo por debajo en la viabilidad, existencia final de gallinas, lo cual esperan mejorar antes de concluir el 2018.

Además, crece la producción y ventas totales, productividad, salario medio, con favorable correlación de los gastos y el valor agregado bruto.

LOS MÁS DESTACADOS

Son las obreras: Rafaela Nazario, Eneida Pérez Castro, Odalis Vega y Mirelis Rodríguez Castillo, entre otras, que hacen larga y hermosa la lista de féminas con más destaque por el aporte productivo en la UEB.

“Trabajar con amor y responsabilidad es mi deber, dijo Mirelis Rodríguez, quien hace 16 años se ocupa de cuidar y alimentar las aves con especial esmero.

“Siempre trato de dar lo mejor de mí, hago una buena selección de los animales y el pase de manos para estimular la productividad de estos”, puntualizó.

Junto a ella, comparte la actividad en la nave número seis, Jorge Alberto Varona Yero, joven recién ingresado al centro con el empeño de continuar la tradición del buen hacer.

“Soy técnico veterinario; procuro garantizar la alimentación y salud del animal para disminuir la mortalidad, con los conocimientos adquiridos en la unidad ocho, politécnico Arsenio Carbonell Vázquez”.

Jorge Alberto expresa sentirse contento y cómodo, aspira ingresar a la Universidad en septiembre próximo para graduarse como médico veterinario y hacer sostenible los éxitos de la unidad.

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *