Camilo en el recuerdo, tan alto y firme como la Sierra Maestra

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 26 octubre, 2015 |
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Camilo Cienfuegos

Las hazañas del Comandante del Ejército Rebelde Camilo Cienfuegos Gorriarán permanecen vívidas en el pensamiento de los cubanos, quienes en su gran mayoría las saben por relatos de personas que lo conocieron, compartieron con él los rigores de la guerra de liberación o por lecturas de libros y artículos de prensa.

Porque Camilo es, así en presente, una de las figuras de la Revolución más queridas y admiradas por su desenvolvimiento como combatiente de la primera línea en la lucha contra la tiranía proimperialista y su extrema fidelidad al Comandante en Jefe Fidel Castro, y también por su carácter afable, jaranero, de sonrisa amplia plena de cubanía.

En una ocasión Ángel Peláez Geijo, quien estuvo presente en Camagüey en los momentos críticos de la revolución victoriosa cuando era amenazada por la traición de Hubert Matos, contó que que a pesar de la tensión de aquel 21 de octubre de 1959,  Camilo en ningún momento dijo una blasfemia y mantuvo su carácter jovial.

En la noche de ese día Peláez asistió a una reunión para decidir las acciones con el fin de fortalecer el proceso revolucionario y al llegar Camilo le preguntó a Mario Herrero Toscano, camagüeyano que estuviera en la Columna Invasora Antonio Maceo, si podía quitarse las botas, a lo que aquel le manifestó en un tono igualmente jaranero: “Mejor no lo haga, Comandante.”

Ni una sola mala palabra expresó y eso que hubo momentos en que se notaba que estaba indignado con algunas cosas, en una situación así cualquiera las dice porque el momento que se vivía en la ciudad era de tensión, recordó Peláez.

Otro revolucionario, el bayamés Julio Julián (William) Ayala Quesada, quien integró la tropa de Camilo en las llanuras del Cauto, señaló en una entrevista de prensa que el jefe guerrillero tenía un carácter especial, aunque “no se las cortaba” con quien cometiera indisciplinas u otros errores.

Su valor, audacia e intrepidez permitieron que el Comandante Ernesto Che Guevara lo situara entre los mejores combatientes del Ejército Rebelde, agregó.

El tunero Eusebio González, también integrante de la agrupación que operó en los llanos de la antigua provincia de Oriente, coincidió con Camilo, en Camagüey, en aquellas jornadas de octubre del 59, cuando cumplía una misión del Estado Mayor del Ejército Rebelde.

El 28 de ese mes se presentó ante el Comandante Guerrillero en el Regimiento Ignacio Agramonte. Allí el jefe revolucionario le ordenó llevar por carretera a La Habana a uno que había cometido fechorías en el Ejército Rebelde.

“Te espero mañana temprano en el Estado Mayor”,  recordó años después que le dijo Camilo en el momento de despedirse, y al rato ya estaba en camino hacia la capital del país, pero en medio del trayecto el vehículo sufrió un desperfecto que impediría a González estar en la mañana del día siguiente en el Estado Mayor.

Por microonda hizo contacto con Camilo, quien había salido de los dominios camagüeyanos hacia la capital  pasadas las seis de la tarde en un pequeño avión bimotor Cessna, para explicarle el percance. Primero habló con el piloto Luciano Fariñas y después con Camilo, que le dijo que por una tormenta la aeronave se desviaría de la ruta trazada, tras lo cual se cortó la comunicación.

-Al otro día numerosos combatientes me estaban esperando en el Estado Mayor, con la esperanza de que Camilo anduviera con nosotros, pero tras conocer la triste realidad, comenzó la movilización para encontrar al héroe, al piloto Fariñas y al soldado Félix Rodríguez, que también viajaba en el Cessna, rememoró el veterano combatiente.

Nada más se supo de Camilo, y después de días y noches de intensa búsqueda por mar y tierra, el Comandante en Jefe Fidel, en rueda de prensa el 12 de noviembre, repasó las acciones de rastreo y dio por terminadas las operaciones para encontrar al Héroe de Yaguajay.

Crecería desde entonces la leyenda de Camilo, afincada en su trayectoria de 27 años, de vida intensa, y entregada a la causa del pueblo cubano, que no lo pierde en el recuerdo a 56 años de su desaparición porque se mantiene, como él dijera: “Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba.”

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