Camilo era mucho Camilo

Hace 31 años realicé entrevistas a combatientes del Ejército Rebelde que estuvieron junto a Camilo Cienfuegos, las cuales fueron publicadas en la edición en papel del periódico La Demajagua y en su primera versión digital, no disponible ahora en Internet, razón por la cual las reproduzco, en ocasión del aniversario 61, este 28 de octubre de 2020, de la desaparición física del Héroe de Yaguajay
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Por Orlando Fombellida Claro | 26 octubre, 2020 |
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A las 12 y 10 de la noche del 31 de marzo de 1958, en el campamento de La Otilia, lugar en la precordillera de la Sierra Maestra perteneciente en la actualidad al municipio de Buey Arriba, en la provincia de Granma,  Camilo Cienfuegos Gorriarán, entonces capitán del Ejército Rebelde encabezado por Fidel Castro Ruz, escribió en su diario “(…) hoy es el anhelado día, el día de dejar la loma para bajar al llano a librar las últimas batallas para liberar a Cuba”.

El Señor de la Vanguardia, como se le denomina al legendario héroe guerrillero, iniciaba su primera incursión a los llanos del oriente cubano, desarrollada fundamentalmente en la zona del Cauto y extendida victoriosamente hasta el 30 de junio de aquel propio año.

Miguel Ángel Núñez Cedeño FOTO/ Luis C. Palacios Leyva

CAMILO ERA MUCHO CAMILO

Más arriba, monte adentro, a unos 600 metros de la ahora casa-museo La Otilia, que fuera utilizada por el médico-guerrillero argentino- cubano Ernesto Che Guevara como puesto de mando durante los meses de marzo y abril de 1958, se encuentra el sitio nombrado Los Robles.

Allí vivía antes de la guerra de liberación nacional de la Mayor de las Antillas Miguel Ángel Núñez Cedeño, más conocido por Manano, y continuaba haciéndolo cuando concedió esta entrevista a La Demajagua.

Sentado en un taburete, en el portal de su típica casa de campo, la misma que puso a disposición de las tropas rebeldes cuando fue necesario, en una etapa campamento del comandante Reinaldo Mora, visitada incontables veces por Camilo Cienfuegos, el amigo de Paquito Rosales, primer alcalde comunista en Manzanillo, con quien “di mucho pico y pala”, Manano desgranó con sencillez y modestia anécdotas sobre el Héroe de Yaguajay:

“Camilo era un gran jefe. Siempre estaba contento”, declaró el entrevistado, quien colaboró con los revolucionarios desde los primeros instantes posteriores al desembarco de los expedicionarios del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956.

“Personalmente –añadió- me dio varias tareas: vigilar, buscar alimentos y armas, porque no había suficientes. Yo fui al combate de Santa Rosa, aquí cerca (de Los Robles) con el comandante Reinaldo Mora, sin arma.

“A mi hermano Isaías también le dio misiones; recuerdo que en Sao Corojo lo mandó a la Sierra (Maestra) con un mensaje, y a mi mamá Josefa, en La Angustura, ni hablar.

“A ella le mandaba dinero todos los meses: 70, 80, 90, 100 pesos. Mi madre ayudó muchísimo. Cocinaba para la tropa, llevaba mensajes, enviaba comida, mochilas; dormía con un revólver bajo la almohada y una caja de fósforos en el pecho, para darle candela ella misma a la casa si los casquitos (soldados de Fulgencio Batista, entonces presidente de la isla) llegaban.”

Una gran mata de salvadera proyecta su sombra sobre  entrevistado y entrevistadores. La arboleda, penachos de palmas reales por encima de esta y elevadas montañas en derredor, dan un toque de encanto al diálogo.

Al fondo de la vivienda, Manuel, hermano de Manano e igualmente participante en la lucha insurreccional, con golpes rítmicos tritura un poco de café en un pilón.

-¿Miguel, recuerda alguna anécdota sobre el carácter jaranero, hacedor de maldades, de Camilo?

-Varias. Por ejemplo, en Ciudad Libertad (en La Habana) él estaba entrevistando a los rebeldes que vendríamos al recorrido que hicimos en 45 días de La Plata a Melgarejo, El Cobre.

“Como por el hablar sabía quién era oriental y quién no, cogió a un compañero por la barba y le preguntó: -¿Dónde te la ganaste? –Peleando –respondió el hombre. -¿Dónde? –Insistió. –En El Escambray –contestó el rebelde. –Pero no la has perfumado. –Sí Comandante. -¡Qué va! –dijo Camilo. Esa tienes que perfumarla en el (Pico) Turquino. Y lo mandó al recorrido.

Camilo Cienfuegos FOTO/Autor desconocido“Camilo era mucho Camilo. A mí me hizo unas cuantas maldades. En Ciudad Libertad todos los días a las 7:00 de la mañana él revisaba la tropa. Con las manos en las espaldas se paraba frente a cada rebelde y lo miraba de arriba abajo cuando estábamos en posición de firmes.

“Como sabía que yo tenía los pies enfermos, desbarata’os de andar por los montes, llenos de callos, al llegar frente a mí me pisaba, al yo moverme me reportaban; eso lo hizo hasta un día que, como tenía confianza con él, le dije: por ti tengo como 20 reportes por moverme en atención, entonces llamó al oficial jefe de la tropa y le dijo: -quítale todos los reportes a ese guardia- y me los quitaron.

“Otro día, también en la formación, me regaló una foto suya con el traje oficial que siempre usaba –manifestó Miguel mientras se levantaba del asiento y entraba a la casa, de la cual retornó con el referido retrato en cuyo anverso se lee: st (estudio) Naranjo, Reina 317. Enseguida me la quitó y al día siguiente me la devolvió plasticada.”

Degustado un humeante, aromático y negro café, el entrevistado dijo:

“La desaparición de Camilo (28 de octubre de 1959) me dio hasta por llorar; él era la vida de nosotros. Por eso, al cabo de 11 años en el Ejército Rebelde me licencié, porque pensaba: si me falta Camilo, ¿qué hago? Aunque él me había dicho: ‘no salgas de La Habana, no te muevas de aquí’, regresé, porque en la tierra que uno conoce es donde mejor se siente. El monte me halaba.

“Para mi Camilo es uno de hombres más grandes que he conocido. Y no está muerto. Todavía tenemos mucho que realizar por delante: trabajar, luchar, defender su revolución.”

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