Campaña de Alfabetización, la luz que aún nos ilumina

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 20 diciembre, 2018 |
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El 22 de diciembre de 1961, el líder Fidel Castro, proclamó al mundo el fin exitoso de la Campaña Nacional de Alfabetización nacional, ante una multitud inmensa reunida en la Plaza de La Revolución de La Habana.

Marchaba a toda vela el cumplimiento del programa del Moncada. En honor al poderoso significado de esa hazaña educativa, cultural y social se estableció esa fecha -22 de diciembre- como Día del Educador cubano.
No caben dudas de que esa conquista fue uno de los hechos más trascendentes, en el año en que también se proclamó el carácter socialista de la Revolución y se aplastó la invasión mercenaria a Playa Girón.
Tiempos de construcción, pero muy difíciles por las amenazas y agresiones de un enemigo poderoso que pronto enseñó sus colmillos. Y la herencia de injusticia también era inmensa y de larga data.
Pero el año 61 finalizaba con otra victoria material y moral, esta vez contra el flagelo de la ignorancia, gracias a la campaña que Fidel calificó como una verdadera batalla con todas las de la ley, y una hazaña en la cual los jóvenes tuvieron el protagonismo.
Fue crucial para la realidad que vino después, con acceso a la luz de la enseñanza a todos los cubanos y una verdadera revolución educacional,  que hoy tiene en la calidad y el perfeccionamiento objetivos principales de su quehacer.
Nada comparable, por desgracia para los otros, con lo que existe en muchos países del entorno geográfico.
Desde que nació la Cruzada, el primero de enero de 1961, el líder de la Revolución manifestó el empeño de la dirigencia del país y de él en especial, saben bien sus connacionales, en hacer la campaña  en el período justo de un año.
Para ello se tomaron las medidas que implicaron, de manera escalonada, la participación de 300 mil personas, de estos, inicialmente  100 mil jóvenes de 13 años en lo adelante en las Brigadas Conrado Benítez.
Cuando avanzó el año y se vio el grado de cumplimiento de tamaño empeño, el dirigente cubano apeló entonces a una fuerza a la que llamó reserva y en la  cual ya había pensado: la clase obrera, a quien convocó.
Nacieron los contingentes de Maestros Patria o Muerte que en número de 15 mil trabajaron fundamentalmente en pueblos y ciudades.
Si se les suman los llamados Maestros Voluntarios (35 mil) , los Populares (121 mil),  que ya existían antes del comienzo de la campaña, más personal de organización y logística en cada municipio y provincia del país, ahí se contemplan las 300 mil personas antes
citadas.
El nombre del  joven maestro voluntario Conrado Benítez,  humilde y con tremenda vocación de servir, asesinado por bandas contrarrevolucionarias en las montañas del Escambray, sirvió de estandarte  a las ardorosas brigadas de sus coetáneos que partieron
poco después a puntos lejanos e intrincados, de las sierras y llanos cubanos.
Estados Unidos no solo organizó la invasión por Playa Girón, había roto las relaciones diplomáticas a comienzos de ese año, pagaba a la contrarrevolución alzada en focos de las montañas del Escambray y su prensa desarrollaba una feroz campaña mediática contra Cuba, para justificar una intervención aún más tajante.
Promovió y estuvo detrás de hechos horrendos que causaron la muerte a Manuel Ascunce Domenech, brigadista de solo 16 años, su camarada Delfín Sen Cedré,  el campesino Pedro Lantigua. También perdieron la vida por otros motivos  Pedro Miguel Morejón Quintana,  Modesto Serrano Rodríguez,  Tomás Hormiga García, José Galindo Perdigón
Taurino y  Vicente Santana Ortega.
Nada detuvo ni amedrentó  a los bisoños protagonistas y a todo el pueblo, para realizar la campaña alfabetizadora  comenzada en dos lugares muy bien destacados del territorio cubano,  la preterida Ciénaga de Zapata, en febrero, con 200 alfabetizadores, y el
Plan Escambray, en marzo, con 640.
En  noviembre se produjo una eclosión de  graduaciones masivas de alfabetizados en las fábricas, campamentos, centrales azucareros, municipios. Día a día, ya la victoria de esa batalla por la iluminación y la educación se hacía más notable.
Melena del Sur, municipio que acogió a la Comisión Alfabetizadora primigenia en el año 60, fue el primero en terminar. Todo el que terminaba iba reforzar la campaña en otros lugares, para finalizar el 20 de diciembre, que era la fecha propuesta por Fidel.
La otrora provincia de La Habana, el 7 de diciembre, es la primera en declararse Territorio Libre de Analfabetismo.
Vuelve a convocar  el máximo líder y se responde sin demora. Los capitalinos ofrecieron sus casas para albergar a miles de brigadistas de todo el país que viajaron a escuchar a Fidel en el momento histórico de la declaración de Cuba como territorio Libre de
Analfabetismo.
Fueron letrados 707 mil cubanos, por lo cual el índice de analfabetismo se redujo al 3,9 por ciento que incluía a los que no podían acceder por su edad, capacidad mental o el caso de los 25 mil haitianos que vivían en Oriente y no dominaban el español.
En efecto, el 20 de diciembre se terminó la campaña y el 22 se produjo el grandioso acto de Concentración en La Habana.
Fidel reconoció el protagonismo juvenil, su entrega, los sacrificios, la generosidad, el gesto de hermandad, y a los caídos.  Y sobre todo habló del futuro que se haría posible para todos a partir de ese momento. “¡Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer!”, les
respondieron los brigadistas y demás participantes. (Martha Gómez Ferrals, ACN)

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