Cangamba, un símbolo de resistencia

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Por Yelandi Milanés Guardia | 9 agosto, 2018 |
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FOTO/ Yelandi Milanés Guardia

Cuando el martes 2 de agosto de 1983 el bayamés Rafael Ángel Ramos Fajardo se preparaba para venir de vacaciones a Cuba, lejos estaba de imaginar que su viaje desde Angola se vería afectado por su necesaria participación en una tarea de gran envergadura.

“Estando en el aeropuerto de Luanda, llega el jefe e la misión militar cubana en Angola, el general de división Leopoldo Cintra Frías, quien me orienta no partir y me envía para mi unidad a recoger las fuerzas bajo mi mando y esperarlo en el aeropuerto de Menongue”, refiere Ramos Fajardo.

“Llego a Menongue en horas de la noche y como a las tres de la madrugada del día siguiente me plantea la misión de dirigirme a Cangamba y romper el cerco que le tenían a los cubanos y angolanos allí sitiados, pues yo era el jefe de la unidad de Destino Especial.

“Los helicópteros nos dejan como a 35 Km del sitio por la difícil accesibilidad. De ahí nos recogieron para ir a Luena porque la situación era compleja y el enemigo  había aumentado sus fuerzas, tomado el anillo exterior, y estaban a punto de ocupar el río y el poblado”.

Los mercenarios querían regalarle la victoria a Savimbi, jefe de la adversaria Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita), quien el día 3 cumplía 49 años.

La batalla de Cangamba fue un enfrentamiento entre la Unita, las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (Fapla), los asesores sudafricanos de Savimbi, los cubanos y namibios. Al frente de los asediados estaba el granmense Fidencio González Peraza.

“El enemigo quería capturar a los cubanos vivos o muertos para demostrar que estábamos combatiendo en una guerra supuestamente interna, cuando no lo era. La operación fue preparada con más de un año de antelación”, alega Ramos Fajardo.

“El día 3 les llega a los sitiados un refuerzo de aproximadamente 100 hombres. El día 5 entra el médico y el chino Chong, apuntador granmense, quien afortunadamente le indica los blancos a la aviación.

“En Luena preparamos unas fuerzas compuestas por un pelotón de lanzagranadas AGS-17, dos apuntadores para la aviación, dos namibios y 150 angolanos de infantería ligera que alistamos los días 4, 5 y 6.

“Gracias a mi tropa élite de 56 cubanos pude entrenar a los recién incorporados. Hago tres grupos de combate grandes y el día 7 salimos a romper el cerco. Nos lanzamos sin aterrizar de los helicópteros y a las 1:30 de la tarde entramos en zona de combate.

“Como desembarcamos y no fuimos detectados, asestamos un golpe por la retaguardia y avanzamos hasta unos 120 metros de la trinchera del adversario. En esa dirección había muchas minas antipersonales y ocurre un combate en el cual sufro algunas bajas”.

Al reorientar las tropas, los antagonistas se dan cuenta del  asedio y comienzan a responder. Entonces los rescatadores cambian la táctica, reagrupan las fuerzas y atacan por tres direcciones diferentes.

“Yo iba por el centro y quería quitarle intensidad de fuego a los de ambos extremos. Como los rivales conocen de nuestra presencia se reorganizan y atacan con morteros. La principal preocupación era nuestra retaguardia desprotegida.

“Logramos darle un golpe a los morteros y empezar a debilitarlos porque nos estaban haciendo mucho daño”. El día 8 fue un día complejo para González Peraza y para el entrevistado, porque fue la jornada de más ataque y resistencia del adversario. Ya no tenían agua los sitiados porque la Unita se apoderó del río y prácticamente no tenían comida.

“El día 9 estábamos un poco más claros, atacando a los contendientes y resguardando la retaguardia. Ellos empezaron a concentrarse para eliminarnos y acabar con el reducto. No obstante le asestamos golpes contundentes.

“Teníamos diferentes indicativos por radio y el nuestro era Tigre, Guamá el cerco, Halcón el puesto de mando de la aviación, los ceros acompañados de números eran los indicativos de los aviones, Jiquí era el del puesto de mando y 400 era el indicativo del jefe de la misión.

“Esa noche deciden irse porque divisan la cercanía de blindados y gran apoyo militar. La aviación le causó una gran cantidad de bajas gracias al chino Chong y se envió una tropa de infantería ligera en helicóptero que desembarcó por el sur, mi lado opuesto.

“La noche del 9 se producen una cantidad de disparos y explosiones en todas direcciones, como resultado de la voladura y destrucción de los lugares con municiones y armas del enemigo, quien comenzaba a replegarse. Sin embargo, nosotros pensábamos que venía una ofensiva enorme.

“Entonces mando al otro día a unos exploradores por ambos lados y no ven nada, solo muchas armas y encuentran un herido. González Peraza también organiza una exploración y comienza a regarse la voz: La Unita se fue. Y esa mañana mi coterráneo y yo nos encontramos.

“Al vernos todos nos tratábamos como si hubiéramos sido del mismo barrio. Verlos barbudos y famélicos, pero firmes, nos dio una gran lección de coraje. Los jóvenes tuvieron un papel decisivo, pues en la Destino Especial la edad promedio era de 24 años.

“De los cercados mueren 18 cubanos y 27 compatriotas resultan heridos. Conocimos además que 70 angolanos fallecieron y una cifra considerable de nativos fueron lesionados. En mi caso tuve un namibio y 11 oriundos muertos, 25 heridos angolanos y un cubano.

“Cangamba fue un escenario violento y retador, porque los nuestros demostraron valor y resistencia no solo al adversario, sino a las carencias de agua y comida.

“Si logramos resistir es porque hace muchos años Cuba nos ha enseñado a combatir un criminal cerco llamado bloqueo, y porque nuestro Fidel nunca nos dejó solo y siempre contamos con su aliento y preocupación”.

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