Carta de un maestro serrano

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Por Orlando Fombellida Claro | 18 agosto, 2016 |
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El 18 de julio de este año, LDD publicó un trabajo titulado Puertas que siguen abiertas, sobre el aniversario 35 de la creación en Granma del contingente de maestros primarios Sierra Maestra, en el que se menciona a uno de sus fundadores, el ahora doctor en ciencias pedagógicas Félix Vega, quien sigue residiendo en Maguaro, intramontano paraje del municipio de Bey Arriba.

Sobre aquel artículo, Félix Vega hizo llegar a esta publicación la siguiente misiva:

Maguaro, 23 de julio de 2016

“Año 58 de La Revolución”

A: Orlando Fombellida Claro

Amigo queridísimo:

Del maestro José Julián Martí Pérez sabemos que “El elogio oportuno fomenta el mérito” y aunque también aseguró que “Un rincón de corazones es la gloria del mundo”, bien está que recordemos el bien que hacen otros, como usted hace.

Por eso me alegra tanto que decenas de personas detengan –el agitado andar que siempre llevo–, para preguntar ¿Usted vio el artículo del periódico La Demajagua del día 18?, a lo que respondo de inmediato, pero con frases diferentes, para conocer cómo interpretó el artículo cada lector interesado. Así, escuché muchas frases de elogio que, por lo general, incluyen a otros maestros del Destacamento de maestros primarios Sierra Maestra, fundado como usted dijo en 1981, hace 35 años; tiempo suficiente para que la mayoría de los que se mantienen en las montañas de Buey Arriba desde entonces, sean licenciados y también Máster en Ciencias de la Educación en Red.

Viví cada una de las fiestas científicas donde los maestros defendieron el resultado de sus investigaciones en la solución de problemas de la escuela de montaña –forma de culminación de los estudios de esta maestría–, realizadas en zonas intrincadas como: Vega Grande, La Estrella, Maguaro, y otras; y donde participaron las familias de cada aspirante, sus amigos, y muchos vecinos: en mi condición de Subdirector de Investigaciones y Postgrados de la denominada Sede Pedagógica del municipio atendí la hermosa tarea. En ella me acompañaron otros 17 excelentes Profesores Auxiliares, categoría docente principal que alcanzamos de manera acelerada dada la necesidad de un claustro para asumir los cursos de esta nueva y bien aceptada forma de superación,–seis de ellos del Destacamento Sierra Maestra–. Así, más de 340 docentes obtuvimos  este título y los primeros graduados, fueron del Destacamento. Dos de ellos somos ya Doctores en Ciencias Pedagógicas.

¡Cómo olvidar las caminatas de madrugadas para llegar a tan lejanas escuelas; el encuentro con los campesinos y los niños aguajirados; los desvelos por planificar las clases para cuatro, cinco o seis grados, que atendía cada maestro; el miedo a las visitas que muchas veces no consideraban la vida en este contexto; la entrega de los certificados que atestiguan haber cumplido cada año el compromiso contraído ante el Doctor Fidel Castro Ruz y la dirección del Mined; el certificado especial de 20 años consecutivos en el Destacamento; las fiestas del Contingente, como les dijimos siempre, en zonas distintas; la participación en las Jornadas Pedagógicas o en los Talleres Científicos Pedagógicos del Contingente de Montaña, que se celebran desde 1993; el concurso para redactar el Himno del Destacamento del que hablaré en otra ocasión; la voz pausada, pero segura de Ena López Gamboa!; su visita –Fombellida– a la comunidad de Maguaro que le mantiene invitación permanente!

Son muchos recuerdos para escribir en tan poco tiempo. “Honrar, honra”, querido Fombellida. Su artículo del 18 de julio: “Puertas que siguen abiertas” llegará a cada escuela y comunidad de Buey Arriba, como reconocimiento merecido a Fidel en su 90 cumpleaños–nuestro maestro mayor–, a Ena López Gamboa, –entrañable compañera–, a cada maestro del Destacamento Sierra Maestra y a las familias que nos acogieron como a sus hijos.

Permanecemos con la mochila al hombro en espera de nuevas tareas.

Termino con la advertencia martiana, cuando en su canto familiar “Viejo de la barba blanca”, anuncia cumplir el encargo de su padre don Mariano y que muy bien cumplió:

Pero al pensar en la muerte

Ya es ser cobarde! “A pensar,

Hijo, en el bien de los hombres,

Que así no te cansarás!

Muchas gracias

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