Caso Samboní, uno de los rostros del maltrato infantil en Colombia

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Por Prensa Latina (PL) | 22 diciembre, 2016 |
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yuliana-samboniBogotá.-Aún bajo investigación la violación y asesinato de Yuliana Samboní, de siete años de edad, provocó una ola de indignación y desempolvó alarmantes cifras acerca del maltrato infantil en Colombia.

Víctima también de secuestro y tortura, la pequeña fue sepultada en el departamento de El Cauca, su tierra natal, donde cientos de campesinos e integrantes de comunidades nativas exigieron justicia.

El crimen ocurrido en esta capital tuvo una repercusión similar a la masacre de cuatro niños en Caquetá durante 2015, y en ambos casos miles de indignados marcharon para demandar respeto por la niñez y castigo para los responsables.

Según el diario El Espectador el drama vivido por los padres de Samboní, una indígena desplazada por el conflicto armado, y de los hermanos ultimados por sicarios en Caquetá es el mismo sufrido a diario en al menos dos hogares del país, que pierden a sus hijos por culpa de la violencia.

Cada día 52 familias llevan a sus niños a Medicina Legal tras un abuso sexual, cifra que no refleja la magnitud de ese mal pues en ocasiones los parientes descartan la denuncia, reveló el periódico de circulación nacional.

Pero las estadísticas dicen más sobre lo que algunos consideran reflejo de la indolencia y de una sociedad que ha convivido por mucho tiempo con prácticas igualmente repudiables como las casas de pique, las desapariciones forzadas -más de 60 mil en las últimas décadas-, o los homicidios selectivos enfilados hacia activistas de izquierda y líderes sociales.

Cada nueve horas asesinan a un niño o adolescente en Colombia; cada 25 minutos llega uno a Medicina Legal -blanco de un delito sexual-, y cada 50 minutos, otro denuncia agresión intrafamiliar; añadió la publicación tras reprobar la impunidad que ronda dichos casos.

Además del victimario, en el crimen de Samboní que estremeció a la opinión pública  estuvieron involucradas otras personas quienes presuntamente ocultaron información, ayudaron a borrar evidencias o camuflar huellas, lo que abrió un debate en torno a la omisión o colaboración frente a dichos sucesos.

Tal tragedia coincidió con el incremento de las amenazas y atentados contra dirigentes populares y militantes de la plataforma Marcha Patriótica, lo que ha hecho pensar a defensores de derechos humanos, políticos y otras personalidades que la llamada guerra sucia amenaza nuevamente al país.

El fenómeno prolifera en momentos cuando el Gobierno y las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) comienzan a implementar el reciente pacto de paz, con el que se comprometieron a terminar una larga confrontación.

El caso de la niña desplazada es sólo una de las puntas del iceberg de la violencia, de la que no se ha podido librar Colombia, lamentan investigadores.

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