Celia, entre lo humano y el mito

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Por Zeide Balada Camps | 11 enero, 2016 |
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Celia Sánchez y Fidel CastroLa primera vez que vi su rostro era muy pequeña, mi abuela había recordado la imagen de alguna revista y permanecía en una altar cerca de su cama junto al Che Guevara, Camilo Cienfuegos y la Virgen de la Caridad. Quizás era la manera en que tenía mi adorada viejita de venerar a quienes cambiaron la triste realidad de la mayoría de los cubanos antes de 1959.

No sospechaba en mi infancia que aquella particular mujer con una mariposa en el cabello guardaba tanta grandeza y sensibilidad. Siempre le escuché decir a mi mamá que gracias a Celia Sánchez ella había estudiado, y es que la Heroína de la Sierra no detuvo su paso fecundo después de lograr el triunfo revolucionario, y a pesar de los proyectos, planes imprescindibles para organizar la nación, también había un espacio para la atención personalizada e individual. Preocupada por cada niño, niña, enfermo o persona necesitada, no dejó sin respuesta a quienes le llamaban.

Esta incansable mujer llegaba a todos los lugares, fue la más fiel intérprete y ejecutora del pensamiento de Fidel, siempre estaba al tanto  de las inquietudes y preocupaciones del pueblo, sus reacciones y opiniones ante cada hecho.

Fue así cómo mi mamá en la década del 60 siendo una adolescente le escribe una carta pidiéndole ayuda para estudiar, al poco tiempo recibió un telegrama que le serviría de pasaje para estudiar en la Habana.

Así eran aquellos tiempos en que se estaban organizando los planes de estudios, los centros para la enseñanza y Celia protagonizaba tal ejecución.

Cuentan quienes la conocieron que para los campesinos tenía una atención especial, ellos habían entregado todo en la lucha guerrillera de la cual ella misma fue testigo como combatiente en la guerrilla y la clandestinidad.

Todavía yo no había nacido cuando aquel 11 de enero de 1980 los cubanos y cubanas con hondo dolor lamentaron la pérdida física.

Con el tiempo, encontré primero en las palabras de mi madre, después en la escuela y en las lecturas su arquetipo indeleble de ser humano en el que se enlazaban el altruismo, la sensibilidad, la honradez y esa enorme capacidad de colaboración, de entrega sin límites en cada responsabilidad que asumió.

La admiración por ella se agigantó en mi universo, quizás como la llevan quienes aman esta Isla, en especial aquellos que tuvieron el privilegio de conocerle. Casi sería imposible encontrar hasta su muerte un espacio, proyecto o actividad para beneficio social y del país en el que no haya sido partícipe directa o indirectamente. No se detuvo un momento, ni cuando la muerte era inminente, tampoco dejó de sonreír, ni faltó su energía y aliento.

A veces, el mito de la heroína nubla la cercanía de lo humano, pero con Celia ocurre lo contrario, su naturaleza sencilla, sus orígenes y educación martianas, se conjugaron haciéndola poseedora de un carácter afable y reflexivo que la mantuvieron siempre al lado de la gente, pronta a socorrer, a actuar.

Por ello al pensarla en este día pienso en el abrazo que quiso darle mi mamá, en el cariño con que la recuerdan cuantos le conocieron y en el compromiso individual de superar obstáculos y en ese paradigma humano que irradia nuestro presente.

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