Centro de Electromedicina en Granma: capacidad y cohesión

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Por María Valerino San Pedro | 7 octubre, 2020 |
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El Ingeniero Daniel Aponte Tornés, ha sido uno de los innovadores más destacado del  Centro provincial de Electromedicina. FOTO/Rafael Martínez Arias

Capacidad y cohesión para cumplir su objeto social, relacionado con la instalación de equipamientos, la reparación, recuperación y sustitución de importaciones, distinguen a los más de 230 trabajadores del Centro provincial de Electromedicina en Granma,   institución bayamesa nacida con la Revolución, y que inspira su quehacer cotidiano en la afirmación de Ernesto Che Guevara: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Desde enero hasta septiembre ese colectivo, distribuido entre el Taller provincial y las unidades subordinadas, ha realizado más de 25 mil mantenimientos y reparaciones, recuperando equipos de alto impacto para programa priorizados.

Hoy día los servicios asistenciales a la población dependen cada vez más de la tecnología médica instalada, soporte esencial para la calidad de estos, de ahí la importancia de contar con una estrategia de gestión tecnológica garante de la funcionalidad, seguridad y sostenibilidad de los mismos.

El licenciado Vladimir Ramírez Hernández, director de la entidad, siente orgullo de estar al frente de ese grupo de personas capaces de mantener funcionando tecnología de salud de unas cuatro décadas de explotación, sin respaldo, casi “como magos”.

Explica que además de los equipos médicos instalados atienden muebles clínicos y el equipamiento de la campaña antivectorial.

Asegura que la carencia actual de materia prima deprime la labor de recuperación, por lo cual las acciones se vuelcan esencialmente al mantenimiento y reparación de equipos médicos instalados, y no obstante contar con una elevada cifra de colaboradores, las tareas proyectadas se cumplen, al haberse reorganizado la planificación,

Ramírez Hernández dice que es preciso enfrentar en colectivo brechas e insatisfacciones, como también lo es la integración de todos los subsistemas, el cumplimiento de los programas de mantenimiento, el aseguramiento de los recursos, y el diagnóstico oportuno porque “no es posible avanzar si no trabajamos en las causas y condiciones que provocan las fallas y en el uso correcto del equipamiento.

La Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) trabaja de manera relevante en Electromedicina y cuenta allí con un Comité que ostenta la categoría de Colectivo 8 de Octubre.

De la innovación y el empeño con que cada técnico e ingeniero asuma la tarea de recuperar un equipo depende muchas veces devolverlo al sistema de salud y por consiguiente al servicio del pueblo, se trata de una carrera contra el tiempo, deterioro, y un sinfín de obstáculos que van desde la escacés de piezas hasta las consecuencias del bloqueo económico al que está expuesto el país.

El 3 de octubre de 1963 surge la Electromedicina cubana, al aparecer contradicciones en la medida que se desarrollaban de forma acelerada las tecnologías médicas, la Informática se convirtió en el motor impulsor y se demandan especiales condiciones de instalación y una interface de conocimientos entre el especialista médico y el equipo, surgiendo así el especialista de aplicaciones para garantizar se operaran los equipos con eficacia y seguridad.

A partir de los años 90 del siglo XX se truncó en Cuba la introducción de nuevas tecnologías médicas al ponerse en práctica la Ley Helms Burton, vigente y recrudecida hasta la actualidad.

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