¡Chávez vive!

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Por Osviel Castro Medel | 5 marzo, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

¿Cuál otro presidente del planeta se atrevería a narrar, por televisión,  con lujos y detalles, un percance digestivo que lo llevó a escapar corriendo de ministros, periodistas, trabajadores y hasta de dos perros de raza? ¿Quién podrá, como él, romper los protocolos para ponerse a cantar en medio de un acto solemne? ¿Qué otro ser humano dejará, sin complejos, su risa contagiosa en escenarios diplomáticos o en un barrio apartado de Caracas? ¿Qué otro personaje de nuestra historia llorará ante las cámaras con un sentimiento destrozador de almas?

Cuando nos respondamos estas y otras preguntas iremos desembocando en una conclusión irrefutable: Hugo Rafael Chávez Frías es una de las personalidades más singulares de todos los tiempos.

Más allá de signos políticos, nadie se atrevería a negar su carisma, que lo llevó a atrapar corazones y aplausos dentro y fuera de Venezuela. Un carisma que le permitía entablar graciosos diálogos con los niños, discutir con respeto con un adversario político y generar incontables vítores, hablarle al parlamento durante nueve horas, o lanzar un regaño a un ministro de la primera fila sin que le temblara la boca.

Pocos serían capaces de verlo como un imprudente o un necio buscador de glorias. Chávez fue uno de los máximos rescatadores de Simón Bolívar cuando al Libertador pretendían borrarlo con eufemismos y campañas tachadoras de las gestas americanas. Chávez fue pueblo, entusiamo, ruptura y erupción en tiempos en que la política seguía atizando, como ahora, el miedo al socialismo y al poder de las masas.

¿Quién olvidará sus dotes de comunicador, demostradas no solo en el famoso programa dominical “Aló presidente” sino en cada conversación con las multitudes? ¿Alguien dejará de recordar sus discursos electrizantes que incluyeron aquel en la sede de las Naciones Unidas de “huele a azufre todavía”? ¿Será fácil eliminar de la memoria sus divertidos juegos de pelota, su constancia para enfrentar problemas burocráticos y mentalidades arcaicas, su elevada fe cristiana, sus frases ya célebres como aquella de “por ahora”, convertida en bandera de la Revolución Bolivariana?

Chávez fue un fundador, un jinete excelente que en su apurada carrera por la vida quiso juntar, a su paso, a la América caribeña y latinoamericana. Fue un terremoto que sacudió un sistema, originó símbolos y acrecentó numerosos sueños.

Hace siete años,  el 5 de marzo de 2013, cuando dejó de respirar en un hospital de Carcas, empezaba a tejerse un mito más allá del Cuartel de la Montaña, de su Sabaneta adorada, de fechas puntuales del calendario.

Pero ese mito hermoso debe defenderse cada día de este mundo en el que no cesan los apetitos imperiales, el afán de eliminarlo –como igual quisieron con Bolívar, el odio enfermizo a sus ideas.

¡Chávez vive, la lucha sigue!, como dicen en suelo bolivariano. El peor error sería cansarnos en esacontienda contra el mismo enemigo que pensó que en marzo de 2013 fallecían para siempre la primavera y la victoria.

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