Chile sufre hoy como ayer

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Por Luis Morales Blanco | 11 noviembre, 2019 |
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Chile rebasa ya la tercera semana del estallido social  contra el modelo neoliberal  enarbolado en sus dos mandatos por el presidente Sebastián Piñera, pero los ánimos no parecen apaciguarse ni por asomo.

Después de tres décadas de gobierno  de ese corte político en estos últimos días,  como en  los movimientos telúricos, hubo réplicas de los cabildos promovidos por la Mesa  de unidad social  que aglutina  a más de 70 organizaciones y miles de personas en  los propios barrios e instituciones.

Entre las  de las principales demandas de estos sectores figura la realización de una asamblea constituyente que abra el camino a una nueva constitución como reemplazo de la actual originada durante la dictadura de Augusto Pinochet y aún perdura solo con  ciertos arreglos cosméticos.

Tres semanas: el Instituto nacional de derechos humanos registra más de cinco mil detenidos y dos mil heridos,  peculiar y   sensiblemente en los ojos  pues los carabineros disparan balines o perdigones a los manifestantes entre los cuales ya hay muchos ciegos de manera parcial o total.

Lo comenzado como una protesta por el aumento del precio del transporte público,  resulta en Chile una movilización  inédita desde  las  luchas contra la dictadura del usurpador Augusto Pinochet.

Algunos esgrimen juicios como: “los estudiantes son unos malcriados”, o  “la izquierda se viste de Anticristo” (en protestas para cambiar ese régimen por uno como el cubano, “pleno de limitaciones económicas  incluso con carretas tiradas por bueyes”,  dicen.

Esos observadores  de los toros (desde la barrera) obvian que la difícil situación económica cubana  no es  por defectos de los cubanos sino siempre agravadas por seis décadas de bloqueo, como el dinero que sustrae, contante y sonante.

También esquivan  el hecho de que los manifestantes tienen demandas sumamente importantes después de 30 años de  neoliberalismo y privatizaciones como indigno legado de la cruenta dictadura de Pinochet.

El presidente Sebastián Piñera dio marcha atrás a la subida de tarifas del transporte, pero la llama ya estaba prendida y las protestas y tumultos no se atenuaron. Después, lanzó una serie de propuestas de mejora del salario mínimo y las rentas, pero tampoco sirvieron para frenar la movilización en las calles.

Entre las demandas está la derogación del sistema de pensiones, uno de los temas más polémicos,  también de fuerte espíritu pinochetista y que pone los  fondos de pensiones en manos  estatales y privadas al igual que en la salud pública con un modelo mixto de gestión.

A pesar de ser el agua un bien público en ese país austral, el vital elemento está en manos particulares a lo que algunos analistas del patio califican no como sequia sino como saqueo.

Las protestas de los estudiantes  explotaron en 2006 cuando demandaron mejor educación, el movimiento juvenil estalló de nuevo en 2011y obligó al primer gobierno de Piñera a cambios sustanciales, pero  no del todo satisfactorios.

Otro tema es el de los abusos de poder y corrupción, esos que los propios políticos derechistas chilenos achacan a la izquierda continental.

¿Hay  razones  o no para las protestas? y si hay violencia primero la generaron los herederos del sepulturero de Allende y sus seguidores, nunca de sus ideas y legado.

Se ve claro entonces de qué lado milita el Anticristo, al servicio de Satanás, aunque comulgue  hipócritamente en  los templos.

 

 

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