Bayamo, Ciudad abanderada de la libertad

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Por Yelandi Milanés Guardia | 18 octubre, 2015 |
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Plaza de la Revolución, otrora plaza Isabel Segunda, lugar en el que se firmó la capitulación de Bayamo y donde se recuerda la figura de Carlos Manuel de Céspedes.
Plaza de la Revolución, otrora plaza Isabel Segunda, lugar en el que se firmó la capitulación de Bayamo y donde se recuerda la figura de Carlos Manuel de Céspedes.

Tras el revés de Yara, sufrido por los cubanos al enfrentarse por vez primera con los españoles, era necesario dar un golpe que sirviera de estímulo. Luis Marcano incita a Céspedes a atacar Bayamo, pues ello representaría un triunfo importante.

Antes del enfrentamiento el Padre de la Patria envió mensajes para que los peninsulares depusieran las armas, pero el teniente coronel Julián Udaeta, comandante militar de Bayamo, no aceptó.

El día 18 de octubre de 1868, sin poderse llegar a un acuerdo, comenzó el gran combate. Luis Marcano organizó el ataque y a José Joaquín Palma y Lucas del Castillo se les ordenó sublevar el poblado de El Dátil, para eliminar una posible avanzada defensiva.

Céspedes mandó a cortar los hilos del telégrafo y a ocupar todas las salidas. Alrededor de mil 500 cubanos, estructurados en tres columnas realizarían el ataque por la zona noroeste y sudoeste.

En horas de la mañana del 18 de octubre, entraron los insurrectos y al encontrarse con un grupo de exploradores españoles sonaron los primeros disparos. Los cubanos continúan su avance hasta la Plaza Isabel Segunda, hoy Plaza de la Revolución, defendida por milicianos y bomberos, quienes tras ser convidados se incorporan a la revolución.

La tropa se dirige a tomar la cárcel. Por más de dos horas se combatió, hasta que los ibéricos, carentes de parque, se rindieron.

La columna de Tita Calvar avanza sobre el Cuartel de Infantería y en el desplazamiento se le une Pedro Figueredo con sus subordinados. La infantería hispana rompe fuego contra la caballería cubana, y ordena Udaeta la salida de la caballería española. El encuentro fue encarnizado.

Las huestes españolas retroceden y las cubanas marchan en su búsqueda. El combate se reanuda en la Plaza de Santo Domingo, hoy parque de los coches. Finalmente, los soldados españoles se retiran.

El líder de los insurgentes se entrevista con Modesto Díaz y Francisco Heredia y los convence de incorporarse a las huestes mambisas. Posteriormente Modesto Díaz sale a combatir una numerosa columna española procedente de Manzanillo y la cual fue derrotada en el cruce del río Babatuaba.

En horas de la mañana del día 19 se reinició el combate y Céspedes intenta varias veces persuadir a los españoles de la rendición. Para evitar el derramamiento de sangre fue incendiado el cuartel, acción que dejó sin agua a los adversarios.

El libertador de hombres, convencido de que se rendirían en breve tiempo, dictó el día 19 un decreto organizando el gobierno de la ciudad.

El 20 de octubre se redactaron y firmaron las bases de la capitulación. La cuna de la nacionalidad degustaba el sabor glorioso de la libertad y los emancipadores recibían muestras de simpatías.

Ese día glorioso se interpretaba y tarareaba en las calles la melodía de La Bayamesa, el himno guerrero dado a conocer meses atrás. El pueblo al percatarse de la presencia de Perucho Figueredo pidió la letra y entonces el gran bayamés sacó lápiz y papel y compuso la letra maravillosa del himno, la cual de mano en mano fue conocida y entonada por todos.

La toma de Bayamo le proporcionó a la naciente Revolución, más que pertrechos de guerra y recursos un creciente prestigio. Mientras duró la ocupación Céspedes adoptó entre otras medidas la organización de un gobierno provisional con respaldo popular, la separación del mando civil del militar y la estructuración militar de las fuerzas cubanas.

Durante 83 días el pueblo bayamés respiró una atmósfera de libertad, democracia e igualdad.

Fuente: Ludín Fonseca García; Bayamo 1868: La primera ciudad mambisa).

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