El comandante del “323”

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Por Roberto Mesa Matos | 19 abril, 2019 |
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Desde la sencillez de su personalidad, el comandante José Luis Cruz Hernández valora como un alto honor cuidar las costas cubanas/FOTOS: Roberto Mesa Matos.

Manzanillo. – A simple vista parece un hombre tranquilo, como el mismo mar que comenzó a enamorarlo siendo un joven en su natal Morón, en la central provincia de Ciego de Ávila.

El hoy capitán José Luis Cruz Hernández llegó al litoral manzanillero hace casi 20 años y la serenidad característica de su persona se transforma cuando junto la tripulación alista cada detalle del guardacostas 323, del que es comandante, en las Tropas Guardafronteras, del Ministerio del Interior en Granma.

“Entre las principales misiones que hemos cumplido sobresalen el enfrentamiento al narcotráfico como el recalo de drogas en nuestras áreas, las salidas ilegales, el combate a los actos ilícitos y el aseguramiento a visitas de primer nivel a la provincia”, dice el comandante Cruz, para quien es imposible  hablar en primera persona, porque distingue al suyo como un resultado colectivo.

“Las tareas son complejas porque se desarrollan en toda la cayería, a cualquier hora, navegando atentos a lo más mínimo, lejos de la familia, de las comodidades del hogar, pero con el placer de hacerlo para garantizar la tranquilidad del pueblo impidiendo que las drogas lleguen a manos inescrupulosas, y así preservar las conquistas de la Revolución y el Socialismo.

– ¿Qué se necesita para ser un buen combatiente de Guardafronteras?

– “Primero que todo está la vocación, el deseo de servir a la Patria en cualquier escenario. La responsabilidad, la disciplina, tenacidad y consagración también son indispensables.

Esas cualidades, forjadas en el duro bregar de marinero, le valieron en días recientes a José Luis el “Elogio a la virtud”, distinción que confiere el Ministro del Interior a los combatientes más destacados de dicha institución.

“Nunca trabajas para obtener algo a cambio, solo la satisfacción de cumplir con éxito cada encomienda. En nuestras filas existen compañeros con suficientes méritos para recibir similar estímulo. El compromiso es continuar hasta que las fuerzas me acompañen, que aún son muchas.”

TRIPULANTES

Al dialogar sobre su comandante, las palabras que más se escuchan entre los integrantes del guardacostas, muy jóvenes todos, es la sencillez y la humildad con las que el capitán encara cada desafío, la posibilidad que les brinda de compartir los conocimientos y crecer.

Leandro Michell Ramírez es el segundo comandante de la embarcación: “La academia es esencial, pero la vida es más rica en matices y compartirla junto a personas como José es un verdadero privilegio; una escuela.”

“Nada se compara con las gracias de una persona que rescatamos en alta mar, junto al consejo oportuno de no arriesgar sus días en esas trágicas aventuras.”

En el destacamento naval de guardafronteras de Manzanillo, trascurre el servicio militar de Cristian León González, uno de los radaristas: “Me ocupo de los medios de comunicación, algo novedoso para mí, pero con la ayuda y la experiencia del colectivo las misiones se cumplen de manera efectiva.”

El mar está encrespado, la formación ajusta detalles y sueltan las amarras. En el mástil se distingue bella la bandera de la estrella solitaria, que desde el desempeño cotidiano, cuidan que ondee siempre libre y soberana el comandante José Luis Cruz Hernández y su tripulación del Guardacostas 323.

La tripulación del “323” de izquierda a derecha junto al comandante José Luis: el segundo comandante Leandro Michell Ramírez; el jefe de máquina Elismar Castillo Cordero; Arturo Téllez Batista, motorista y el artillero Dayron Figueredo Sosa

 

 

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