Combate de Cerro Pelado, una victoria moral del Ejército Rebelde

En las descripciones del combate de Cerro Pelado aparecen algunos elementos discrepantes en relación con las fuerzas y medios rebeldes presentes en la acción: ¿Dos ametralladoras 50? ¿Dos ametralladoras 30? ¿De qué calibre eran los morteros empleados? ¿Un cañón antitanque? ¿Quiénes manejaron estas armas? Además, se discuten otros dos temas: ¿Una compañía o un batallón enemigo? ¿Combate o batalla?
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Por Aldo Daniel Naranjo | 27 septiembre, 2018 |
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Delsa Puebla Viltres (Teté), guarda el orgullo de que Cerro Pelado fue su bautismo de fuego, junto a otras valientes compañeras

En el tronar de los fusiles Sierra abajo sobresale el combate de Cerro Pelado, librado por fuerzas del Ejército Rebelde, el viernes 27 de septiembre de 1958, hace 60 años. Fue una muestra patente de la inteligencia, el valor y la iniciativa del Alto Mando revolucionario.

Esta acción, concebida por el Comandante en Jefe Fidel Castro, tenía como objetivo estratégico destruir una de las bases de operaciones de las fuerzas enemigas, en las cercanías de la Sierra Maestra.

Después de la derrota de la Ofensiva de Verano de 1958, la jefatura batistiana mantuvo un puesto avanzado en los llanos de Cerro Pelado, a la vista de la serranía invicta y a cuatro kilómetros del central azucarero Estrada Palma, hoy Bartolomé Masó.

La defensa la formaban un batallón de artillería, al mando del coronel Ramón Cruz Vidal, dotado detres ametralladorascalibre 50, dos ametralladoras Brownig calibre 30, dos morteros 81 mm y tres batería de cañones.

La operación la precedió un estudio minucioso del terreno y la observación cuidadosa de las posiciones enemigas.La exploración confirmó que no se trataba  solo de la 93 compañía del Cuerpo de Ingenieros, sino de un batallón de artillería.

El plan consistía en realizar una maniobra nocturna con el empleo de una sólida artillería formada por ametralladoras, fusiles ametralladoras, morteros y un cañón antitanque de 23 milímetros. Luego de una ordenada y progresiva preparación artillera se produciría el avance impetuoso de la infantería mandada por el comandante Eduardo Sardiñas Labrada, Lalo, con la misión de tomar por asalto  las posiciones contrarias.

La cuestión de las “ametralladoras”

Juan Estrada Viamonte manejó un cañón antitanque contra el cuartel enemigo/ FOTO Rafael Martínez Arias

Para el desarrollo de este ataque el Máximo Líder guerrillero decidió la utilización de una ametralladora calibre 50 manejada por el teniente Fidel Vargas Alena, ya que el capitán Braulio Curuneaux Betancourt se encontraba convaleciente en el hospital de la Comandancia General de La Plata.

“En la Ofensiva se contaba con dos ametralladoras 50, una manejada por Braulio Curuneaux y la otra por el teniente Gonzalo Camejo”, cuenta Juan Estrada Viamonte, sumado a la guerrilla de Fidel desde junio de 1957.

El combatiente bayamés agrega que Camejo pertenecía al pelotón del capitán Ramón Paz, pero cuando marchaban a reforzar la primera Batalla de Santo Domingo la valiosa arma cayó por un farallón  y se le partió la tapa del mecanismo de cierre, precisamente, la que guía la cinta de la pieza.

Precisa que a partir de ese momento no pudo contarse con esta segunda arma pesada. “Fidel se molestó muchísimo por este inconveniente—dijo—  y mandó a arreglar  la tapa de cierre al central Estrada Palma, a  través de los elementos clandestinos del 26 de Julio. Nuestro máximo jefe ordenó a Vargas que recogiera las piezas de la ametralladora defectuosa y la protegiera hasta que pudiera ser empleada de nuevo.”

Por eso fue que en la Batalla de El Jigüe peleó únicamente “la 50” de Braulio Curuneaux, siendo uno de sus ayudantes Fidel Vargas. Poco después Curuneaux sufrió una fractura en la rodilla derecha y casi no podía caminar. Entonces tuvo que irse a curar con el doctor Julio Martínez Páez.

Por tanto, el capitán Curuneaux no tomó parte en el ataque previsto. Se salió para Cerro Pelado con una sola ametralladora 50, a cargo del teniente Fidel Vagas, llevando como ayudantes a los primos Gaspar Camejo  y Ángel Camejo Carmenate y como protectores del arma a Jorge Aguirre, Wilfredo Brizuela, Arnoldo Ferrer Martínez, Eduardo Santiesteban y Rafael Verdecia, entre otros.

Se ha hablado, igualmente, que en esta operación actuaron dos ametralladoras calibre 30, pero hasta el momento no han aparecido aquellos que las manejaron ni su ubicación.

 Las otras armas pesadas

De igual manera se ha dicho equivocadamente que en Cerro Pelado tomaron parte dos morteros 81 milímetros. La verdad histórica es que uno era de 81 milímetros, mandado por el capitán Pedro Miret Prieto y el otro era de 60 milímetros, dirigido por el teniente Aeropagito Montero.

Desde el 23 de septiembre, en Vegas de Jibacoa, Fidel armó con un canón antitanque al combatiente Juan Estrada Viamonte, quien realizó las prácticas de tiro en el río Jibacoa.De esta arma tuvo como ayudante a Benito Martín González Cortés, conocido por El Curro.

Acerca de los preparativos para el ataque a Cerro Pelado recuerda Juan Estrada: “Ya  el día 27 de septiembre, a las dos de la tarde, allí en Vegas de Jibacoa, Fidel  me ordenó que montara la ametralladora 50 de Fidel Vargas y el cañón antitanque en un mulo. Además, me entregó un botella de coñac para socorrer a los que fuesen heridos.”

La salida para Cerro Pelado

A la vanguardia salió el grupo de artillería con Fidel Vargas. En el medio iba Fidel Castro, acompañado de Celia Sánchez; Luis Borges Alducín, cuartel maestre; Antonio Llibre Artigas; Esteban Puebla, Chichi; Orlando Pupo; Marcelo Verdecia; y el capitán Eddy Suñol Ricardo, un poco restablecido de la herida del combate de La Herradura.

En el grupo de la jefatura también marchaban las mujeres del pelotón femenino “Mariana Grajales”, dirigidas por la teniente Isabel Rielo.

“Yo no sabía que en la columna también andaba el comandante Lalo Sardiñas, al mando de dos pelotones”, aclara Juan Estrada. Lo que si mantiene viva en la memoria era que en la retaguardia iba el capitán Pedro Miret con los monteros.

El comandante Sardiñas dirigía una fuerza de 54 hombres, que formaban parte de la columna 12 “Simón Bolívar”, distribuidos en pequeñas unidades dirigidas por Silvio García, Rogert García, Pedro Néstor Labrada, Juan Olivera y Ángel Sotomayor Mas, entre otros.

“El 24 de septiembre —ha relatado Lalo Sardiñas— el comandante en jefe le asignó a mi columna la primera misión de combate, consistente en el apoyo al personal de la columna no.1 en el ataque que se emprendería contra el enemigo instalado en Cerro Pelado.”

 Ubicación de las fuerzas

Sobre las nueve de la noche las columnas guerrilleras avistaron el cuartel batistiano de Cerro Pelado. El Puesto Mando Fidel Castro lo situó a unos 300 metros al sureste de los edificios castrenses y a poca distancia de unas matas de mango macho.

A la derecha se prepararon los pozos de tiradores de la ametralladora 50 de Fidel Vargas y el cañón antitanque de Juan Estrada. La primera con cuatro magazines y la segunda con cinco magazines de ocho tiros cada uno y una reserva de 120 proyectiles.

Mientras tanto, por el lado izquierdo se situaron los dos morteros con Miret y Montero. Y, un poco más a la izquierda, por el sur, tomaron posición de asalto las fuerzas de Lalo Sardiñas, a unos 200 metros del cuartel. Los dos pelotones estaban armados con cuatro fusiles ametralladoras Brownig calibre 30.06 y posiblemente una ametralladora calibre 30.

El ataque

El Comandante en Jefe Fidel Castro dirigió personalmente las acciones.

El ataque comenzó a las 11: 50 de la noche con el fuego de la ametralladora 50 del teniente Vargas. ¿Por qué no lo hizo el Comandante en Jefe con su fusil belga de mira telescópica calibre 30.06? En criterio de Juan Estrada lo primero que se quería era impresionar  a los soldados de la tiranía, con un ataque ejecutado con armas pesadas.

“El honor de los primeros disparos correspondió al teniente Vargas —dilucida Estrada— cuyas balas trazadoras y perforadoras se veían en la noche impactar en los ladrillos del cuartel. Al minuto comencé yo a accionar el cañón antitanque, con unos proyectiles más gruesos que los de la 50 y de un poder más destructivo, porque al chocar, explotan.”

A este concierto de proyectiles mortíferos se sumaron los morteros, cuyas exposiciones acabaron prácticamente de demoler el cuartel de Cerro Pelado. “En la noche clara —relata Juan Estrada— se veía que el cuartel volaba en pedazos, nuestros proyectiles abrían boquetes en la mampostería. En las filas de ellos comenzó a disminuir el fuego… ”

El drama entre las fuerzas batistianas fue tremendo. A la carrera abandonaron las barracas para buscar protección en las trincheras cavadas en los perímetros de la fortaleza.

El “cantar” de la 50 se prolongó por casi media hora, mientras el antitanque realizó 23 tiros. Entre los dos morteros realizaron 54 lanzamientos. Los disparos de las armas pesadas, bien dirigidos, causaron numerosas bajas a los contrarios.

En el cercano Puesto de Mando del central Estrada Palma había basificado un batallón, dos baterías de obuses y una sección de tanques Sherman. No movió una sola fuerza en auxilio de la unidad atacada, quizás por el temor de caer en alguna emboscada.

Prefirió que los Sherman disparasen sus gruesos cañones desde la Loma del Molino. Los proyectiles pasaban por encima de las posiciones rebeldes, sin causar ningún daño en ninguno de ellos.

En todo momento Fidel se mantuvo en su puesto de mando, mostrando su acostumbrada tranquilad. Recibía  mensajeros y los despachaba con nuevas órdenes.  La combatiente  Delsa Puebla Viltres, alias Teté, no olvida que fue un combate muy duro, por el recio fuego artillero del enemigo.

“El área de Cerro Pelado —señaló la hoy General de Brigada (R) — se había convertido en el último reducto de todos los soldados de la tiranía derrotados en la Sierra Maestra. Ahora los atacábamos porque la ofensiva estaba de nuestra parte.”

 Los hombres de Lalo Sardiñas

El comandante Eduardo Sardiñas sintió el dolor de perder cinco valiosos compañeros.

Cuando comenzaron a estallar los morteros y volar el cuartel, el comandante Sardiñas envió un mensaje a Fidel con la explicación del efecto de las granadas y el plan que tenía de avanzar de inmediato.

El jefe de la infantería guerrillera señalaba: “Avanzamos todavía bajo el fuego de los morteros, encorvados y toda prisa, protegidos por la oscuridad. Atravesamos un campo de arroz y llegamos a unos quince metros de las trincheras enemigas. Quedamos protegidos por una zanja pequeña que bordeaba el cuartel.”

El comandante Sardiñas indicó al combatiente Ribahil Estrada, conocido por Toledo, que lanzara una luz de bengala, la señal para que se suspendiera el ataque artillero. De este momento precisaba: “La luz iluminó todo el área del cuartel, pero a nosotros también. Tuvimos la mala suerte de que por esta parte, después de una cerca de alambre, ellos tenían tres nichos de ametralladoras, las que al vernos comenzaron a disparar hacia nuestra posición.”

De esta forma el grupo de infantería quedó inmovilizado, sintiendo el silbido de miles de balas por encima de sus cabezas y otras que sacaban tierra delante de sus ojos. A los diez minutos habían muerto dos guerrilleros, el teniente Raúl Verdecia y Miguel López, y Juan Sardiñas Labrada estaba herido.

Ante esta crítica situación el comandante Sardiñas tomó la decisión de replegarse.  De este momento ha dicho: “A rastra por la zanja y después entre dique y dique de arroz, poco a poco nos fuimos retirando, con un descomunal fuego enemigo encima. De esta forma se sacaron dos cadáveres y al herido y sus armas.”

Detrás quedó un grupo con el teniente Luis Arturo Vázquez Matalobos, los que sin percatarse de la retirada, siguieron disparando contra las posiciones batistianas. En este lance perdió la vida el oficial Vázquez y René Ibarra. Los otros pudieron eludir el barraje de fuego, pero no pudieron retirar sus cuerpos.

Trascendencia del combate de Cerro Pelado

Delsa Puebla Viltres (Teté), guarda el orgullo de que Cerro Pelado fue su bautismo de fuego, junto a otras valientes compañeras/ FOTO Rafael Martínez Arias

En su parte del combate de Cerro Pelado Fidel Castro subrayaba: “En vistas de que el enemigo permaneció paralizado toda la noche, sin hacer movimiento alguno de tropas, al amanecer nuestras fuerzas regresaron a las montañas.”

También planteó que Cerro Pelado consagró el valor y el prestigio de los pelotones mandados por el comandante Lalo Sardiñas, como una de las unidades más aguerridas y eficaces del Ejército Rebelde.

“El pelotón de mujeres rebeldes “Mariana Grajales” —significaba Fidel— entró en acción por vez primera en este combate, soportando firmemente, sin moverse de su posición el cañoneo de los tanques Sherman.”

El enemigo solo informó que tuvo 67 bajas, entre muertos y heridos. Al día siguiente un helicóptero bajó a recoger heridos y otros trasladados en camiones a Bayamo y a Manzanillo.

La revista Sierra Maestra, publicada en los Estados Unidos, en su edición de octubre de 1958, de informes trasmitidos por Radio Rebelde, señalaba que el combate de Cerro Pelado puso en evidencia la superioridad estratégica y táctica de los rebeldes “sobre las descontentas y desorganizadas tropas de la tiranía.” Agregaba que a pesar de sus tanques, aviones, ametralladoras y otros recursos modernos, los batistianos perdían sus dominios en los territorios de la Sierra Maestra y áreas aledañas.

“Sólo los ciegos podrían dejar de ver —precisó la publicación revolucionaria— que la revolución crece y se hace más fuerte en progresión geométrica. Ilusos los que se imaginan que hay para la tiranía salvación posible.”

Esta es una acción que amerita más estudios críticos-militares porque como intuía el historiador militar Andrés Castillo Bernal, quien en su libro Cuando esta guerra se acabe… De las montañas al llano (1980)  planteaba que podrían trascender los límites de un simple combate para caer dentro de los parámetros de una batalla.

A raíz de este combate la jefatura del Puesto de Mando de Bayamo encontró conveniente desalojar la base de Centro Pelado. En las semanas siguientes no ocurrieron acciones combativas en esta periferia de la Sierra Maestra.

El 28 de septiembre Fidel Castro recibió el cerrojo arreglado de la otra ametralladora 50, la que fue arreglada de inmediato. Entonces la puso en las manos del combatiente Jorge Aguirre. A las pocas horas, el líder guerrillero decidió que las dos ametralladoras pesadas reforzasen el III Frente, conjuntamente con el cañón antitanque, a cargo Juan Estrada.

Al respecto Fidel escribió al comandante Juan Almeida Bosque: “Ahora te remito las dos calibres 50, con todas las balas que hay (cerca de ochocientas), dos antitanques con cinco magazines y 120 balas para cada uno, y dos fusiles que por tener la mira igual que los antitanques te los puse con ellos. Fidel Vargas va con todo esto y el grado de teniente.”

“Aunque no pudimos ocupar el cuartel de Cerro Pelado — ha destacado el comandante Lalo Sardiñas— siempre vimos esta acción como una victoria moral para el Ejército Rebelde. No solo hicimos que abandonar esta posición, sino que fogueó a los hombres y mujeres para las nuevas misiones planificadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro”.

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  1. Muy buena referencia. Nuestra provincia y en especial bartolomé Masó cuenta con una historia muy rica y la mayor cantidad de sitios históricos reconocidos.