Conrado seguirá siendo maestro

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 4 enero, 2017 |
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El 5 de enero de 1961 fueron torturados y asesinados en las montañas del Escambray el maestro voluntario Conrado Benítez y el campesino Heliodoro Rodríguez por un grupo de hombres contrarrevolucionarios comandados por Osvaldo Ramírez.

De origen humilde, Conrado Benítez había nacido en Matanzas, el 19 de enero de 1942, y desde muy niño se vio obligado a trabajar como limpiabotas y panadero para contribuir al sustento de la familia.

Conrado era estudiante en el Instituto de segunda enseñanza cuando el llamado de la Revolución para formarse como maestro voluntario. Sin titubeos partió rumbo a la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, en plena Sierra Maestra, el mayor macizo montañoso de Cuba, para borrar la incultura que padecía el pueblo cubano.

Cumplido el objetivo que lo llevó hasta las montañas orientales se ocupó de la escuela situada en la finca San Ambrosio, en Sancti Spíritus, donde alternaba las clases de los niños por el día con otros tantos adultos por las noches, con el fin de erradicar el analfabetismo.

Su gusto por la enseñanza, sus condiciones revolucionarias y ser negro, constituyeron las tres razones para que bandas alimentadas y apoyadas por el gobierno de  Estados Unidos de América planearan su muerte.

Aquel día Conrado portaba un libro de Anatomía, uno de Matemáticas y uno de Composición, entre otros, y algunos regalos para los alumnos que ya los sentía parte suya y con quienes tenía un compromiso: enseñarlos a leer y escribir.

Aquel horrendo crimen lejos de quebrar las ansias libertarias de los jóvenes los  incitó  a continuar luchando contra la incultura, quienes inspirados  en el ejemplo de aquellos que daban su vida integraron el Ejército de Alfabetizadores Conrado Benítez.

Sobre este hecho, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó: “…razones por las cuales los agentes del imperialismo lo asesinaron: era joven, era negro, era maestro, era pobre, era obrero”… y siguió señalando “¡Ese maestro después de muerto, seguirá siendo maestro! ¡El pueblo nunca lo olvidará!”

El 22 de diciembre de 1961, la Revolución cubana culminó con éxito la fase inicial de la campaña nacional de alfabetización que enseñó a leer y escribir a casi un millón de cubanos, muchos de ellos en aisladas áreas rurales.

Un ejército de 268 mil 420 voluntarios -maestros, jóvenes recién graduados y estudiantes de secundaria básica y preuniversitario- sentó las bases de una educación que hoy recorre toda Latinoamérica llevando la luz de la enseñanza.

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