Conservadora incansable del patrimonio cultural

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Por Diana Iglesias Aguilar | 18 abril, 2018 |
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FOTO Diana Iglesias Aguilar

Decir Ana Regla Mola en Bayamo es decir Patrimonio, Casa Natal del Padre de la Patria, es decir historia y cultura, es aludir a la entrega sin límites a la obra de la conservación del patrimonio material e inmaterial, de muebles e inmuebles de toda la provincia, pues en su labor como museóloga y conservadora de más de cuatro décadas deja un sello inigualable por donde pasa.

Dos de los sitios  nominados al Premio Nacional en Conservación y Restauración de Monumentos 2018 que fueron dados a conocer durante esta semana  en el  Museo de Artes Decorativas de La Habana, están ubicados en la provincia Granma y contaron con la intervención directa de Ana Regla Mola.

Descendiente de la  Condesa de Pueblo Nuevo, su abuela paterna, fue la única mujer consejal negra del Ayuntamiento de Bayamo,  merecedora de respeto y admiración del pueblo, de ella heredó la fuerza y de su padre, un hombre de cultura, la nobleza y  la dulzura para vivir.

Como bayamesa ha bebido de las aguas del río homónimo que la imantan a esta tierra por más de medio siglo. Reside para más señas, en la parte más antigua de la ciudad, donde late el corazón de los patriotas  Francisco Vicente Aguilera y José Joaquín Palma y todavía se escuchan en los amaneceres de julio, los gritos de Ñico López arengando a los asaltantes al cuartel de la guardia rural en el amanecer de la Santa Ana.

Aunque hace varios lustros amenaza con irse a la capital de la isla, donde dicen que nació un día del siglo XX, porque la edad gravita con absoluta  incertidumbre sobre sus hombros, en un rostro y un espíritu, indomable como el paterno, que no da tregua al paso del tiempo, se puede ver imperturbable tirada en el piso lustrando con cera las losas de cerámica de la casa natal  o encaramada en un andamio enmasillando paredes y puertas.

Va de aquí para allá, puliendo, conservando, resguardando del paso del implacable: documentos, tarjas, puertas, hierros,  muebles, pisos, todo cuanto narre la historia de su Patria, no importa si está en lo más intrincado de la Sierra Maestra o en medio de matorrales asolados.   A ella se debe el registro y el expediente de cada uno de los cientos de monumentos en la provincia, documentación que permite la clasificación, el estudio, ubicación,  la intervención preventiva.

Para lograr este registro no escatimó esfuerzos, visitó cada uno de los sitios, unas veces a pie, en bicicleta, llegó hasta cada uno de ellos, algunos ya abandonados y desconocidos,  y los restauró con sus propias manos.

Para  Ana Regla Mola Rodríguez el No, no existe cuando de la conservación del patrimonio histórico cubano se trata. Lo mismo monta una bicicleta que hace guardia a choferes, funcionarios o torneros, de los que depende la culminación de un trabajo restaurador,  que es capaz de conquistar a los operarios con una salvadora merienda de pan con croqueta y refresco de frutas a la hora en que las tripas más aprietan.

A su larga cuenta de restauradora y conservadora museóloga,  van  el reloj de cuerdas de la Catedral de Bayamo, junto a otros colegas: la puerta de la Capilla de la Dolorosa y la de la antigua cochera de la casa de Francisco Vicente Aguilera, hoy puerta lateral de la Biblioteca Provincial 1868, piezas únicas que sobrevivieron a la quema patriótica de enero de 1869 y la efigie y el pórtico del antiguo cementerio de San Juan, el primero de Latinoamérica a cielo abierto.

Al empeño de Anita se debe el año anterior el nuevo montaje museográfico y museológico del Parque Museo Ñico López, sitio emblemático para la nación y el legado patriótico de la Revolución, asaltado en la madrugada del 26 de julio de 1953 por un grupo de revolucionarios, paralelo al asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, liderada esta acción por Fidel.

Así como de la sala Los Asaltantes, parte de este complejo histórico. En 1953 era una hostería en venta, donde pernoctaron los principales líderes atacantes del cuartel de Bayamo y donde el luego Comandante en Jefe sincronizó los relojes con sus compañeros para atacar al unísono las dos fortalezas del ejército en Oriente.

Para ambientar las salas recurrió a las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, empleando recursos audiovisuales y más atractivos carteles donde se explica a los visitantes lo ocurrido hace más de sesenta años.

Por su consagración, es merecedora de diversas distinciones y reconocimientos entregados por organismos y las direcciones del gobierno, el Partido Comunista de Cuba y el Ministerio de Cultura. Sin embargo, no hay para Anita mayor premio que la asistencia del público a los museos y las actividades artísticas y culturales que prepara con esmero en torno a fechas históricas y personalidades.

Exquisita en sus proyecciones como promotora cultural, incansable, nada pasa inadvertido para Ana Mola. En mayo de 2017, recibió en La Habana un reconocimiento del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por su meritoria participación en la defensa de la cultura nacional y este año, ya tiene en su currículum dos nominaciones al Premio Nacional de Patrimonio Cultural, de hecho, la nominación ya es un reconocimiento entre los selectos inmuebles que aspiran al lauro.

 

 

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