Un corazón que ha crecido en la zona roja

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Por Yelandi Milanés Guardia | 22 junio, 2021 |
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FOTO/ Cortesía del entrevistado

Cuando el estudiante de Medicina, David Domínguez González veía por la televisión el funcionamiento de los centros de aislamiento (CDA), preparados para atender pacientes de la Covid-19, lejos estaba de imaginar que un día estaría en uno de esos sitios.

Su interés por la salud humana lo llevó, primeramente, a un CDA en la facultad manzanillera de Ciencias Médicas, y luego, a un hospital creado en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de la referida ciudad, para atender pacientes con el virus.

“Me involucré en esa labor altruista mediante un llamado de la Federación Estudiantil Universitaria. Imaginé que sería bueno porque me permitiría adquirir experiencias y estar frente a frente con esa terrible enfermedad.

“Afortunadamente, formé parte de una brigada de jóvenes, éramos muy unidos y cooperativos, nos apoyábamos mucho en el trabajo.

Nos desempeñamos como pantrista, mensajeros e higienizadores”.

Con respecto a los pacientes, Domínguez González expresa que con la mayoría tenían buenas relaciones, y trataban de que confiaran en ellos para cualquier asunto.

Aunque estuvo en sitios de grave riesgo epidemiológico, no sintió miedo, porque aunque siempre existen probabilidades de contagio, si se cumplen con las medidas y protocolos es difícil contaminarse.

Entre sus momentos más agradables estuvo la felicitación que por su abnegada labor formularon mediante cartas dos pacientes. Otra ocasión memorable fue la celebración del cumpleaños de una de nuestras compañeras, una jornada realmente especial ya que nos sentimos como amigos de toda la vida, cuando solo llevábamos pocos días relacionándonos.

En ocasiones, suceden contratiempos, pero con el trabajo en conjunto logran resolverse. Aunque no realizamos actividades médicas, siempre estuvimos muy cerca de los especialistas y era difícil no adquirir conocimientos sobre los protocolos, procederes de enfermería, datos sobre la Covid 19 y toma de muestras para la realización de PCR.

“En lo personal, pude relacionarme con los pacientes desde otro rol, amplié mi círculo de amigos y fortalecí los valores de cooperación y solidaridad.

“A veces me detenía a conversar con algunos pacientes y podía notar que muchos eran profesionales de diferentes sectores. Algunos nos transmitían positividad con sus palabras. En todo momento nos agradecían por nuestro trabajo y era algo que nos motivaba en los días de cansancio extremo”.

Quizás en el momento de la publicación de esta entrevista, este novel estudiante esté en su tercera misión en la zona roja, y aunque manifiesta que no aspira a implantar ningún record, sin dudas, es plausible su actitud humanista, la cual está sustentada en una mentalidad de ser útil, porque como aduce: “El que es bueno con los demás, con el paso del tiempo llega a ser mejor persona, pues como leí en un libro de Dale Carnegie: siempre queda un poco de fragancia en las manos que regalan rosas”.

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