El corazón de un héroe (+ video)

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Por Geidis Arias Peña | 3 abril, 2019 |
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Un héroe se sobre entiende lleno de virtudes, el de esta “leyenda”no tiene un currículo harto de victorias, tampoco ganó adeptos sino desafectos, ni su apariencia resultó deslumbradora.

Mas, le sobraron combates y villanos a derribar, grabó su nombre en un altar y dejó el retode imponerse a los antojos del poder y de su luminoso destino.


¿Cómo se “coló” en la historia?- quizás no sea la pregunta más apropiada para iniciar unadisertación sobre él; sino presumir qué cualidades, lo convirtieron en un derribador de molinos, que ya he dicho, no vacilaba en la fortaleza física, o destreza combativa, sino, insisto, en el empeño de cada paso.

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A juzgar por aquel 18 de abril de 1819, el bautizado Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y del Castillo, con su novel llanto, desde entonces avivalas emociones de no pocos.

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En aquel momento, la aya Ignacia en la vivienda bayamesa de la Burruchaga, alzaba la voz, como en plena bendición de un milagro: ¡un varón!, ¡un varón!…

Tiempo después sus amigos, admiradores eincluso sus más viles detractores, confirmaron el carácter indómito del naciente patricio, conquistado solo por los estudios universitarios, y con el tiempo apaciguado por la guerra (1868-1878).

Quienes se unieron al emancipador de La Demajagua, en los propósitos independentistas, destacaron por encima del encendido temperamento, la virtud de líder  y patriota humildes, que convirtió los bienes en llamas enardecidas de la libertad.

Una prueba indiscutible de ello, fueron las palabras de Perucho Figueredo (1818- 1870) cuando sentenció: “Con Céspedes me uniré y con él iré a la gloria o al cadalso”.

A ese pensamiento se sumó su secretario privado, Fernando Figueredo (1846-1929) poco conocido en la bibliografía cubana, quien afirmó que Céspedes estaba fabricado de la madera de los libertadores: en su ser se anidaba un corazón con latidos de héroes.

Mientras, el poeta José Joaquín Palma(1844-1911), lo paseó en la lírica como un hombre visionario, al retratarlo de gallardo, frente ancha y ojos inquietos, que lanzan miradas de águila que penetran hasta los abismos del corazón.

Pero indiscutiblemente “el indomable”, se doblegó ante el profundo deseo de ver a su tierra libre, algo notable en venideras proclamas y comunicados.

“Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”, refiere el texto Carlos Manuel de Céspedes en las últimas horas de gloria, dolor y enfermedad, de Wilkie Delgado.

En lo adelante varios pasajes historiográfico coincide con tal actitud, que desgarra la esencia de un ser humano que ha empeñadohasta la vida por la libertad de su país.

Narra el periodista irlandés James O´Kelly, que al finalizar una entrevista con el entonces Presidente de la República en Armas (1873), extendió su mano para agradecer a Céspedes por la deferencia y este no le correspondió sino con un abrazo “propio de los cubanos”.

Las señales de tanta rectitud que le causó su postura en las primeras palabras se disipaban para convencerlo que estaba frente a un hombre que como bien él anotó no contaba con un estatura considerable, pero si con un carácter de hierro.

Un episodio similar, digno de revelar, lo constituye la misiva enviada a María Filomena Loynaz y Caballero, al morir el hijo Ignacio Agramonte, con quien sostuvo algunos altercados, que hicieron colmar su paciencia.

“Públicas han sido las distinciones de que había colmado al benemérito General; pero dejando a un lado el pasado cuyas pasiones deben encerrarse en la tumba, seáme permitido la lisonja de pensar que usted acepta, como sinceras, las manifestaciones de mi profundo sentimiento”.

José Martí (1853- 1895), quien lo apodó El hombre de mármol y se dedicó a estudiar las contradicciones de la contienda bélica de los Diez Años, y sus consecuencias, destaca del Padrazo el impetud…desafía la autoridad como un rey y con fuerza como de la luz.

Una exploración positiva, que ignorada fue escudo para severas críticas de sus enemigos para humillarle y socavarlo en el olvido, pero ese desenfado le llenó de una de sus más honrosas virtudes.

“Céspedes simbolizó… la dignidad y la rebeldía de un pueblo —heterogéneo todavía— que comenzaba a nacer en la historia”, pronunció Fidel Castro al conmemorarse el centenario del inicio de las luchas por la independencia de Cuba.

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Cuando lo pienso, descubro que Allí, donde todos suponen que está la explicación de cada acto humano, cuando te acercas, solo escuchas un palpitar sombrío, que desde el dolor deja oírse los más sublimes sentimientos.

Él como el mármol – diría Martí- desprendió de la dura roca, ablandecida por el ritmo de los años, la obra más bella escrita en la historia del archipiélago: la Revolución.

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