Cuando en el campo hay voluntad

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Por Sara Sariol Sosa | 5 julio, 2021 |
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FOTOS/ Rafael Martínez Arias

José Mena Olazabal es decididamente un hombre de ciencia, acaso no adquirida en la academia, sino por esa búsqueda propia y que signa a la gente cuando tiene voluntad de hacer las cosas bien hechas.

Ha sido esa búsqueda, una constante en su bregar como productor agrícola, y su principal testigo es el organopónico Las Almendras, ese pedazo de tierra que en Campechuela recibe desde hace más de siete años, los beneficios de las técnicas de las que Olazabal se apropia, en su afán de contribuir a la alimentación del pueblo.

Lo que más llama la atención en este hombre de campo, es que en ese empeño no lo detiene el no contar con recursos apropiados, pues él se agencia alternativas muy válidas, aunque no sean tan sofisticadas.

Así sucedió en la última campaña del tomate, cuando decidió empalar los cultivos, con los consiguientes beneficios que aporta esa técnica, y lo hizo con estacas de marabú y utilizando como tensores cintas recuperadas de casetes en desuso.

Gracias a eso, y amén de las lluvias, logró obtener alrededor de dos toneladas de la ensalada, y también duplicó, en comparación con métodos tradicionales, el rendimiento del pepino.

Su gran aspiración es poder disponer de cultivos protegidos, pero mientras tanto él sigue aplicando la diversificación, el intercalamiento, y cuantos métodos le sean posible para incrementar las entregas.

Esfuerzo colectivo

El esfuerzo de la costera localidad de Campechuela por fortalecer el programa alimentario, es palpable también en la finca estatal La Rosal, donde cinco usufructuarios hacen parir 40 hectáreas, y han logrado también elevar los rendimientos incentivados con esa nueva forma de gestión de la tierra.

Con esa apertura, según Manuel Peña Cardero, tiene que haber más producciones, y por supuesto más ingresos, “porque la gente se esfuerza más; antes se trabajaba sinceramente hasta las nueve de la mañana, y ahora es todo el tiempo, mañana y tarde”.

Juan Quesada Rosabal, con ocho hectáreas bajo su responsabilidad, también apuesta por esta forma de gestionar los campos. “Se aprovechan tierras que antes estaban inexplotadas y hay una persistente labor por elevar los rendimientos; a la vista está que esta finca, al contrario de antes, está completamente sembrada, se hace una correcta rotación de cultivos, aplicación de materia orgánica, y hay una necesaria coordinación con la Unidad Empresarial de Base (UEB) en tono a qué y en qué momento cada cual siembra, para que siempre haya producciones”

Rafael Hernández Cedeño, especialista de cultivos varios en la UEB agrícola integral de Campechuela, asegura que ese mismo espíritu de trabajo está presente en la finca El Litoral, que con poco más de 40 hectáreas, también puso la tierra en manos de cinco usufructuarios, ha logrado sostenidas producciones, y solo en la yuca logra, por citar un ejemplo, 15 toneladas por hectáreas, siete más que antes.

Así Campechuela apuesta por una respuesta positiva a las demandas de alimentación de su gente.

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