Cuando Fidel Castro le ganó a lo imposible

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Por Osviel Castro Medel | 30 noviembre, 2016 |
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batalla-guisaHoy, justamente cuando Fidel ha emprendido la ruta definitiva desde La Habana hasta Santiago de Cuba, viene a la memoria uno de los episodios más asombrosos de la guerra de liberación: la victoria en la Batalla de Guisa.

Son los símbolos del destino: un día como hoy hace 58 años el Líder de la Revolución entraba triunfal a ese poblado después de 11 días de encarnizados combates.

Esta acción  está cargada de significados, pues fue la primera vez que el Ejército Rebelde combatió  ferozmente en un escenario nuevo; es decir,  al lado de una carretera asfaltada,  espacio bien diferente al de los montes de nuestras serranías.

Sumemos que resultó la primera gran batalla a las puertas de una ciudad porque Bayamo –entonces sede  del Puesto de Mando de Operaciones contra la Sierra Maestra- está a solo 16 kilómetros del lugar de la batalla.

También digamos que en Guisa participaron activamente las mujeres rebeldes y que sus principales protagonistas fueron soldados bisoños.

Pero como si todo eso no fuera suficiente agreguemos que en esa operación militar Fidel, con solo 180 hombres armados, fue capaz de derrotar a varios batallones rivales. Estos superaban a los insurgentes en una proporción de 12 a 1.

Claro, el punto insoslayable es la estrategia aplicada por Fidel, quien con solo 180 hombres armados inició la pelea y fue capaz de desarticular varios batallones adversarios.

UN CERCO

El 26 de noviembre de 1958 el Comandante en Jefe, le comunicaba en un mensaje a la emisora Radio Rebelde: “Tenemos una fuerte línea de defensa entre Bayamo y Guisa, es como un Jigüe, pero a las puertas de Bayamo”.

Se refería a la batalla de El Jigüe, que del 11 al  21 de julio de 1958, desgastó al máximo, con grandes pérdidas, a las tropas de refuerzo enviadas en auxilio de los soldados  cercados en ese apartado sitio.

En este caso, la  Batalla de Guisa se inició en la madrugada del 20 de noviembre con el sitio a las huestes destacadas en ese poblado. Luego, a un kilómetro del poblado, frente a Loma del Martillo, se redujo a la patrulla que custodiaba el ómnibus de pasajeros con rumbo a Bayamo y se tomaron 23 armas y sus municiones.

A partir de ahí el Puesto de Mando de Bayamo  trató de rescatar varias veces a los sitiados ; pero las minas colocadas en lugares estratégicos, las emboscadas del Ejército Rebelde y la gran efectividad de la ametralladora de Braulio Curuneaux -apostado en la mencionada Loma del Martillo-, lo impidieron.

El ejército de Batista planeó incluso asesinar a  Fidel cuando el día 23 de noviembre disfrazó a un soldado de campesino. Este debía matar al Líder de la Revolución, quien entonces había instalado su puesto de mando en Santa Bárbara, a unos seis kilómetros de Guisa. Sin embargo, el plan fracasó cuando el espía fue capturado a unos 500 metros de la posición de la Comandancia, exactamente en la bodega de Juan Viltres.

A juzgar por los testimonios históricos la jornada más cruenta debió ser la del 26 de noviembre. En esa fecha llegó un batallón enemigo transportado por 14 camiones y dos tanquetas. La orientación de Fidel fue dejarlo penetrar hasta cerca del cuartel para dar la apariencia de una retirada guerrillera.

Pero al rato los “casquitos” se vieron sorprendidos por las detonaciones de las minas que hicieron volar un camión y por el fuego de los rebeldes, quienes se habían parapetado a ambos lados de la carretera.

“Se inició entonces uno de los más violentos combates que se han librado en la Sierra Maestra. Había quedado cercada no solo la guarnición de Guisa, sino también el batallón completo que vino de refuerzo”, expresó Fidel al respecto.

El panorama se complicó con la incursión de los aviones enemigos B-26 y F-47. Pero, pese a ese apoyo aéreo, los  supuestos “rescatadores” tuvieron que abandonar los camiones y buscar protección detrás de los blindados.

Asustados por los acontecimientos, los responsables del Puesto de Mando de Bayamo enviaron a la capital del país el conocido telegrama: “Batalla de Guisa se considera decisiva y de perderse es casi seguro evacuación de Bayamo. Tenemos todo comprometido. Fidel Castro dirige personalmente sus tropas: es necesario el envío de refuerzos urgentes”.

El jueves 27, a una semana exacta de haberse iniciado la cruenta lucha, salió un refuerzo para rescatar al batallón cercado. Estaba compuesto por tres compañías, dos tanques Sherman y una batería de obuses de cuatro piezas.

Uno de esos blindados logró pasar por una zona minada porque los cables de los detonantes quedaron cortados por los disparos de la aviación. Ese día, sobre la una de la tarde, se produjo la más sensible baja rebelde;  el capitán Braulio Curuneaux había caído abatido por los disparos de un tanque.

“Curuneaux hecho un león, ha abierto en un firme más de 200 trincheras. Picos y palas por la libre”, le había dicho Fidel a Radio Rebelde en el referido mensaje.

Curuneaux, nacido el 29 de marzo de 1929 en el central Soledad (Guantánamo) había sido sargento del Ejército pero empezó a desmarcarse de ese cuerpo desde las torturas aplicadas a los asaltantes al cuartel Moncada. Fue él quien acuñó la frase histórica: “Por aquí no pasarán, Comandante”. Se hizo famoso porque, según los rebeldes, hacía “cantar” la amaetralladora.

Cerca de él combatieron cinco valerosas mujeres  del pelotón de Las Marianas : Ana Bella Cuesta, Eva Rodríguez, Rita García, Angiolina Escalona y Flor Pérez.

En horas de la tarde del 27 el refuerzo lograba llevarse a los cercados y a una de las tanquetas. La otra quedó en manos de los guerrilleros, quienes se apoderaron también de los 14 camiones, 35 000 balas y numerosos fusiles.

Esa tanqueta, que ninguno sabía manejar, serviría para atacar el

VICTORIA

¿Cómo los sitiados en Guisa lograron abandonar sus posiciones sin caer prisioneros?

Sucede que un regimiento fuertemente armado hizo un rodeo y varios de sus efectivos entraron a la localidad por el noroeste. Entonces, la guarnición escapó entonces por la Loma de Graniche, el 30 de noviembre.

En esa fecha, a las nueve de la noche, Fidel y sus los suyos entraban gloriosamente al poblado. Habían librado 22 acciones combativas contra unos diez destacamentos de refuerzo enviados desde la ciudad.

Al escribir su parte de guerra el Jefe de la Revolución explicaba que se habían hecho más de 200 bajas al enemigo, entre muertos y heridos. Además, refería la captura de 130 granadas, 55 000 balas, 70 obuses de morteros, una bazuca, siete ametralladoras calibre 30 con trípode, cientos de mochilas, 14 camiones, víveres y medicinas, entre otros recursos.

Las bajas rebeldes fueron poco más de 30 bajas, entre muertos y heridos. Lo más importante es que con esta victoria comenzaba la Operación Santiago, que pondría bajo el mando directo del Comandante en Jefe a las fuerzas del I y III Frentes, y más tarde del II Frente.

Con este triunfo el Puesto de Mando de Bayamo, ya  desmoralizado, quedaba casi aislado en la retaguardia de la ofensiva rebelde hacia el este.

Y acotemos que con este éxito se dio continuidad a una bella tradición guerrera porque 61 años antes de esa batalla, Calixto García y sus tropas tomaron Guisa.

En esa ocasión el general libertador atacó el poblado durante 40 horas para entrar triunfante el 29 de noviembre de 1897. Después repelió las fuerzas enviadas desde Bayamo durante varios días, hasta el 6 de diciembre. En su parte de guerra Fidel esbozó esa hermosa coincidencia.

Pero Guisa siguió haciendo historia: el 20 de enero de 1981, en ese pintoresco lugar Fidel creaba las Milicias de Tropas Territoriales. En el emotivo acto el líder recordaría aquellas acciones de 1958.

En febrero de 1999, el General de Ejército Raúl Castro y más de 30 oficiales, entre generales y coroneles, visitarían el poblado después de un taller científico para evocar la victoria, digna de un minucioso estudio desde el punto de vista militar.

Un año y meses más tarde, el 25 de noviembre de 2000, Fidel presidiría una imborrable Tribuna Abierta de la Revolución, en la que se referiría nuevamente a esa victoria. ¡Qué coincidencia histórica que el  25 de noviembre de 2016 el Comandante haya partido a la sobrevida!

“La Batalla de Guisa fue uno de los hechos que demostraron que nada era imposible para el pequeño ejército que, con solo siete armas, renació del durísimo revés con que tres días después del desembarco del Granma pagó su inicial inexperiencia”, remarcó en esa Tribuna Abierta.

Y al final de su intervención expuso palabras que hoy, mientras se desplazan sus restos hasta Santiago de Cuba,  guardan toda vigencia y fuerza:  “Nadie sabe lo que nuestro pueblo, cada vez más unido, más culto y más fuerte, es capaz de alcanzar. No descansaremos en nuestra heroica y digna lucha. Cumpliremos todos los objetivos que juramos en Baraguá. Ganaremos la épica batalla de ideas. Como en Guisa, demostraremos muchas veces que nada es imposible”.

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