Cuba: Nicolás Guillén, poeta de la paz

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Por Prensa Latina (PL) | 4 julio, 2017 |
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La Habana-. Bajo las bombas al anochecer del mismo día en que llegó a Valencia, Nicolás Guillén se incorporaba al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, programado para julio de 1937 en esa ciudad española, y también en Barcelona y Madrid, un evento recordado ahora en La Habana.

A ochenta años, la Fundación que lleva en Cuba el nombre del poeta convocó a un encuentro con intelectuales el 10 y el 11 de julio, para celebrar aquel acontecimiento, en el cual los cubanos Nicolás Guillén, Juan Marinello, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Martínez tuvieron destacada participación.

Es remarcable que durante su primera intervención pública allí, el Poeta Nacional  proclamara que llevaba la voz de uno de los grupos que ´ha sufrido, acaso más que ningún otro, la injusticia de los hombres´, según publicó el 17 de agosto la revista cubana Mediodía.

Añadió Guillén que se refería a quienes han ´visto durante siglos paralizados sus músculos por la esclavitud y que ha tenido durante siglos paralizada la inteligencia, lejos de toda cultura que pudiera liberarla y esclarecerla´.

Con énfasis agregaba: ´vengo, os digo, como explotado, como perseguido, pero también como hombre que cuida de su libertad y sabe, como sus hermanos de raza, que sólo derribando las murallas que hay entre el presente y el futuro podrá obtenerla cabalmente´, refiriéndose al desarrollo intelectual.

´Vengo, como hombre negro -sintetizaba. Y no es que traiga, paradójicamente, un concepto racial, discriminador y exclusivo de lo negro, sino que estoy aquí para recordaros que esa condición de paria que el negro tiene es su más enérgico motor de humanidad´.

A propósito de tales antecedentes, ahora la fundación Nicolás Guillén se propone también conmemorar los ochenta años de dos obras cumbres del poeta, publicadas en el contexto del Congreso de Escritores y Artistas convocado por la Liga de los Escritores y Artistas Revolucionarios de México, a inicios de 1937.

Aquellos libros cimeros son “Cantos para soldados y sones para turistas”, con excelente prólogo del intelectual marxista cubano Juan Marinello; y “España, poema en cuatro angustias y una esperanza”, contra la guerra fascista que acometía Francisco Franco, respaldado por Hitler y Mussolini, contra ese país.

El poeta había arribado el 23 de enero a la capital azteca acompañado por Carlos Rafael Rodríguez, donde se les unió Marinello. Allí fue invitado con este al Congreso de España, hacia donde se trasladó vía Quebec, Canadá, a Europa y finalmente a Barcelona, adonde arribó el 3 de julio.

Lo acompañaban en el viaje los delegados mexicanos y trascendentes intelectuales Octavio Paz, poeta; y José Mancisidor, novelista. En Valencia se incorporaron a la comitiva cubana Félix Pita, Alejo Carpentier y Leonardo Fernández.

Los delegados partieron el 15 de julio hacia la capital francesa para celebrar las sesiones de los días 16 y 17, en el Teatro de la Porte Saint-Martin, desde donde Guillén regresó el 25 de julio a España, y obtuvo luego la militancia del Partido Comunista.

En el discurso que pronunció en París había expresado: ´España es la experiencia más rica de nuestro tiempo, y asomarse a esa experiencia, participar en ella de algún modo, es tocar de cerca la carne de la revolución en marcha.´

A lo cual añadiría: ´Esto me parece a mí que lo hemos hecho los hombres que ahora estamos aquí en París, de vuelta del Congreso de escritores antifascistas: ver de cerca la Revolución.´

Volvería allí sobre el tema racial, en el contexto de la época: ´Nadie como el negro, y pocos como el negro de Cuba, es antifascista, porque sabe que la raíz misma del fascismo parte de un terreno que está abonado por los odios de razas y la división de los hombres en seres inferiores y superiores, y que a él, negro, se le asigna el sitio inferior.´

Sobre el evento programado para la Unión de Escritores y Artistas de Cuba los próximos 10 y 11 de julio, explicó Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación con el nombre del poeta, que también se celebrará el aniversario setenta de “El son entero”, una obra considerada entre las mayores del autor.

Durante los dos días del programa se tratarán temas como las controversias ocurridas entre el político Eduardo Chibás y el periodista Pepín Rivero a propósito de la Guerra Civil Española; Alejo Carpentier: España bajo las bombas; e Impronta de España republicana en la vida y la obra de Nicolás Guillén (1902-1989).

También en ambiente progresista y rememorador, la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad expresó recientemente su solidaridad con el pueblo y el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, con Cuba y con otros de la región.

Denunciaba a ´los patrocinadores de la guerra y el terrorismo mediáticos contra Venezuela, Cuba y los países del ALBA´, que ´intensifican, renovados, sus afanes injerencistas, desestabilizadores y golpistas como parte de la política imperial de “cambio de régimen” en los países considerados hostiles por la diplomacia de guerra de Washington.´

Al respecto advertía que ´cuando se abre paso la era de la llamada “post verdad” (o el arte de la mentira flagrante), tiene lugar otra guerra en el espacio simbólico y en los ámbitos cultural e ideológico, que es librada por el cartel de los medios hegemónicos contra los pueblos de Nuestra América.´

Revelaba asimismo que ´Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros países de la región, han sido los principales objetivos de un terrorismo mediático que, para imponer imaginarios colectivos con los contenidos y sentidos afines a la ideología dominante, utiliza además medios cibernéticos, audiovisuales y gráficos para manipular y controlar las conciencias de manera masiva.´

Pero no puede ignorarse que el 7 de septiembre de 1981, cuando se clausuró en La Habana el I Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, su declaración denunció el plan del Gobierno de Estados Unidos de querer “reimplantar la política anacrónica del garrote” en Latinoamérica.

Los participantes reafirmaron el carácter indispensable de la unidad y se comprometieron a extremar su compromiso con todos los pueblos latinoamericanos, en especial con aquellos enfrentados con “más heroísmo que recursos a la opresión inmemorial”.

Nicolás Guillén recibió en el último día del Encuentro, en ceremonia solemne, la más alta condecoración del Estado cubano, la Orden “José Martí”, de manos del presidente Fidel Castro, quien al mes siguiente también le impuso la Orden “Félix Varela” de primer grado, que el poeta obtuvo junto con otros intelectuales cubanos.

Como continuidad de objetivos, sesionó años después, a partir del 1 de diciembre de 1985 -fecha en la que el también presidente de la UNEAC se encontraba muy enfermo-, el segundo encuentro de intelectuales, presidido por Fidel Castro y con la presencia de 300 delegados e invitados de países latinoamericanos y España.

Gabriel García Márquez recordó, en el discurso inaugural, al congreso iniciado en Valencia, España, en 1937, y precisó que uno de los problemas de América Latina es que iba a entrar en el siglo XXI sin haber vivido el siglo XX, por lo que la labor futura debería redundar en una asimilación de la cultura derivada de la segunda revolución industrial en los pueblos y culturas de los diversos países latinoamericanos.

Bajo aquel principio fue presentado, tras el acto inaugural, el libro titulado “Fidel y la religión”, del dominico brasileño Frei Betto, una obra de precisiones que recoge 23 horas de conversación mantenida por Fidel Castro con el referido sacerdote, defensor de la Teología de la Liberación.

Circunstancias como las resumidas convocan a reinvocar, al calor de la reedición de las circunstancias para los intelectuales, el precepto atribuido a Jorge Santayana y retomado por el presidente mártir Salvado Allende, acerca de que ´el país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo´, infelizmente, debido a que no sería para su progreso, sino hacia la involución.

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  1. Lo primero que debo decir es que este Servicio Especial tiene un autor conocido: Ernesto Montero Acuña, cuyo crédito se omite, ignoro el porqué.