Cuba siembra y recibe, entrega y ofrece

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Por Diana Iglesias Aguilar | 6 marzo, 2020 |
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La vocación internacionalista de Cuba, uno de los principales preceptos de la política exterior del gobierno revolucionario, está fundada en profundas relaciones con los pueblos, en los  cubano también ha sido receptor del valor y el altruismo de los habitantes de la tierra.

Historiadores concluyen que hijos de aproximadamente 40 países participaron en la Guerra por la Independencia a lo largo de tres décadas. Más de tres mil combatientes hicieron derroche de magnanimidad y valor en los campos cubanos, defendiendo el ideal de independencia, muchos de ellos dejaron su sangre  y sus vidas en esta patria. De la mayoría apenas se conocen sus datos de origen, diseminados por todo el orbe.

Más de una treintena de extranjeros tuvieron una participación tan destacada en nuestras luchas independentistas que merecieron el grado de General y once de ellos Mayores Generales. Cifra que va en aumento gracias a los recientes estudios de la documentación que contienen archivos de guerra españoles a los que investigadores cubanos van teniendo poco a poco acceso.

La lista de corajudos de la manigua cubana la encabezan los dominicanos Máximo Gómez y los hermanos Luis Gerónimo, Félix y Francisco Marcano Álvarez, entre los primeros en alzarse contra el gobierno colonial español en el Oriente de Cuba ante la asonada en Demajagua en octubre de 1868. Antes oficiales del ejército ibérico en su tierra natal, llegaron a las tierras cubanas del este en busca de refugio y paz, sin embargo simpatizaron con la causa independentista y no dudaron en blandir de nuevo las armas, ahora contra el régimen colonial. Los hermanos Marcano, célebres por ser estrategas militares, dejaron sus vidas en la isla, dejando un legado de fidelidad a los ideales independentistas.

Modesto Díaz, también dominicano emigrante a Cuba, quién desde su llegada se pusiera al servicio del ejército español, escribió gloriosas páginas en la historia del archipiélago, llamado por los  ibéricos  el Hércules dominicano, sus movimientos de caballería, una vez pasado al bando mambí,  eran tan ágiles que era comparado con un jabalí del lomerío en la Sierra Maestra. Bastó que sus coterráneos le recordaran la promesa hecha ante ellos de defender a Cuba para que no dudara en defender la causa independentista.

De Virginia llegó  Thomas Jordan, quien se desempeñó durante algún tiempo como jefe del estado mayor del ejército mambí. También participaron en la guerra el venezolano José Miguel Barreto quién asumió la secretaría de Guerra durante la presidencia de Carlos Manuel de  Céspedes, el mismo cargo que igualmente ocupara  durante la guerra del 95 el  polaco Carlos Roloff.

Del viejo continente europeo, desde Francia llegó a Cuba Eloy Beauville, de quien solo conocemos su patria de origen y que combatió en la manigua a las órdenes del Mayor General  Ignacio Agramonte y  fue el organizador del primer batallón de artillería mambisa. Unos historiadores lo citan como teniente coronel mientras que en un documento, El Mayor lo citaba como general de brigada.

La verdad no importa el rango en la oficialidad, más vale mirar el sentimiento y las obras que dejaron, las hazañas que protagonizaron. Máximo Gómez como ejemplo supremo de estratega y táctico, además de cronista de la guerra y quién tuviera la suerte o la dicha de participar en las tres contiendas independentistas y sobrevivir hasta la constitución de la República.

De Canadá llegó hasta Cuba  Washington Ryan, de cuyas cargas al machete hablaban elogiosamente sus compañeros de armas. Llegó a la isla en enero de  1870 y combatió en la caballería camagüeyana bajo el mando de Ignacio Agramonte. Ryan contó entre sus subordinados con el también norteamericano Henry Reeve a quiénes los cubanos llamaron por el acento al hablar y aspecto externo: el inglesito

No podemos dejar de mencionar en la etapa colonial al catalán José Miró Argenter, oficial y cronista de la Invasión a Occidente en la Guerra Necesaria. Contienda en la que participaron los coterráneos de Miró : Manuel Suárez, Matías Vega, Jacinto Hernández Vargas y Julián Santana.

También es de destacar la participación de hermanos caribeños como el puertoriqueño  Juan Rius Rivera, y los latinoamericanos José Rogelio Castillo, Avelino Rosas y Adolfo Peña de Colombia, y procedente de Venezuela José Miguel Barreto y Amado Manuit.

No eran aventureros, sino hombres de pensamiento emancipado y emancipador, que de manera desinteresada abandonaron sus tierras y familias para compartir una justa causa, así como en 1936 más de mil cubanos también dejaron sus comodidades y hogar en la isla para compartir la suerte con el pueblo español durante la guerra civil y en el último cuarto del siglo XX compartieran su suerte con los pueblos de África, como comparten ahora con más de ciento cuarenta países en misiones de educación, deporte, cultura y sanidad.

A la humanidad llamó José Martí, el mayor inspirador del pensamiento humanístico cubano, la Patria, de ahí la vocación de darse que alienta corazones en todo el archipiélago. Habrá quién por sus necesidades se mueva también fuera de Cuba, pero la mayoría de los que hoy sirven por el mundo, llevan dentro el ejemplo, la siembra del altruismo de la que somos lo mismo cosecheros que sembradores.

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  1. Soy fanático del Gral. Avelino Rosas. Su esposa Teresa Patiño, manizaleña, era madrina de confirmación de mi madre Leonor Molina Patiño. Mi madre, cuidó hasta la muerte a la última hija del Gral. Rosas, Tulia Rosas quien murió en Bogotá en 1967, cuando yo tenía 18 años. En mi poder tengo la espada que le regaló el Presidente del Ecuador e íntimo amigo, hecha en Toledo (España) con el escudo del Ecuador.
    La viuda del Gral. Rosas Teresa Patiño, una vez su esposo fue asesinado en Septiembre de 1901 en Puerres (Nariño) se fué a vivir a New York USA con sus hijas, donde hospedó a célebres colombianos José Eustasio Rivera Salas y al presidente electo Olaya Herrera en 1930. José Eustasio murió siendo su huésped en 1928 posiblemente a causa de enfermedades tropicales. Al cortar Fidel Castro su pensión de Cuba como viuda del Gral. Rosas regresaron a Bogotá, hasta 1967 cuando murió Tulia. Por ese motivo, poseo la espada que encontramos entre baúles que no se robaron los inquilinos de su casa de Fontibón.