Cuidar los nobles motores

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Por Luis Morales Blanco | 16 diciembre, 2019 |
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FOTO/Rafael Martínez

En el término de una semana he visto derrumbarse dos caballos de tiro en la intersección de la avenida  Felino Figueredo y Calle Ocho,  importantes rutas de la ciudad de Bayamo.

En el primero de los casos el animal cayó exhausto, en el segundo violó la senda contraria y se incrustó contra unos arbustos que ornaban el lugar.

En honor a la verdad,  en ninguna de las situaciones los conductores apelaron al maltrato para resolver los problemas; al contrario, la cooperación entre conductores y transeúntes hicieron la tarea.

Por eso alabo a quienes no  desesperaron ni le cayeron a palos a los equinos, como vimos hacer tantas veces y  condenamos en el pasado.

Ciertamente, según noticias recientes se trabaja ya en una ley de bienestar animal: el Ministerio de la Agricultura coordina una comisión nacional, encargada de concebir esa normativa (la primera de su tipo en Cuba).

También es palpable que los poseedores de mascotas (autodenominados activistas por los derechos de los animales) y la parte estatal dan los primeros pasos para conjuntamente lograr ese  anhelado bienestar; entretanto en las redes sociales post llenos de faltas de respeto y desconocimiento dan sus opiniones en torno al asunto con la libertad e incluso libertinaje  que favorecen esas plataformas.

Volviendo a los que nos toca, si ya las palizas públicas que tanto condena la población son minimizadas, urge pensar en otras cuestiones,  en cuanto a animales de tiro, de transporte y surgen una serie de preguntas  que implican no solo el aseguramiento del sustento de los conductores y su familia sino el amor por la  naturaleza, es más por sus propios animales.

¿Se les proporciona un alimento de calidad, energético y con proteína vegetal o solo hierba común? ¿Se dan los viajes que puede “cómodamente” aportar el animal o se viola el límite del cansancio  de estos seres vivos, y recalcamos  esto, porque como tales sienten padecen, perciben el trato afectivo o no, la injuria puede no ser   solo de obra, sino también de palabra, porque los caballos figuran entre los animales más inteligentes de la naturaleza, no lo olvidemos.

Otra cuestión es que se normó en seis el número de pasajeros que se podían transportar, para poder “dar aire” a los equinos perisodáctilos, pero por ejemplo , desde el parque de ferias Granma a la estación Ferrocarril hay varios kilómetros, seis personas con un peso ideal de 120 libras suman 720 y el peso aumenta con la distancia ¿no? ¡Preservemos!

Recuerdo que a un cuatrero lo sorprendieron cuando hurtaba un alazán, pero cuando le preguntaron sus colegas exclamó: ¡Na, que me afané un motor de coche!

Esos “motores” son reconocidos ancestralmente por la literatura como nobles brutos y lo son, por eso merecen el mejor de los tratos.

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