Culto a la dignidad plena del hombre

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Por Sara Sariol Sosa | 23 febrero, 2019 |
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A casi 150 años de promulgada la primera Ley de Leyes en Cuba, nuestro pueblo asiste a uno de los procesos más trascendentales para la Revolución: la construcción colectiva de una reforma constitucional que fiel a las tradiciones de lucha, refleje las transformaciones económicas, políticas y sociales ocurridas en los últimos años.

Cuando a la Patria le nació en Bayamo su República en Armas, también se redactó el inicial texto constitucional, puesto en vigor por la Asamblea de Guáimaro, en territorio camagüeyano, en abril de 1869.

Casi una década después, en 1878, luego de los sucesos del Zanjón y la Protesta de Baraguá, fue aprobada la más pequeña de las constituciones mambisas.

Retomada la lucha por la independencia en febrero de 1895, bajo la unidad del Partido Revolucionario Cubano creado por José Martí, se aprobó la Constitución de Jimaguayú, el 16 de septiembre, que marcó un hito en la historia constitucional cubana, especificando que “si en dos años la guerra contra la metrópoli española no estaba ganada, debía convocarse a otra Asamblea Constituyente”.

Para cumplir lo establecido en Jimaguayú, el 10 de octubre de 1897, en La Yaya, quedaba aprobada una nueva Ley de Leyes.

Frustrada la victoria de los mambises sobre el colonialismo español y por la intervención estadounidense, con la Enmienda Platt que respondía a los intereses de los círculos de poder de Washington, se redactó y adoptó la Constitución de 1901.

Décadas después, en 1940, surgía una nueva Constitución, proceso en el que participaron tanto figuras de la derecha como una representación de las fuerzas revolucionarias del país.

Ese esfuerzo continuo de los cubanos por lograr un texto jurídico revolucionario en toda su dimensión, solo se logra materializar con el triunfo definitivo de aquella contienda por la independencia, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, proseguida luego por nuestro Héroe Nacional, y después por el invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

El 24 de febrero de 1976 fue proclamada la Constitución que fortaleció la institucionalidad de la Revolución. En los sucesivos años hubo una reforma en 1978, y otra en 1992, que permitió hacer aquellas transformaciones necesarias a nuestra economía para enfrentar el llamado período especial.

En el año 2002, en un proceso popular sin precedentes, los cubanos estamparon su firma para ratificar el contenido socialista de la Constitución. La reforma dejó expresamente determinado el carácter irrevocable del socialismo en Cuba y de su sistema político y social.

Este 24 de febrero, fecha entrañable que a 124 años rememora el reinicio de la contienda independentista dirigida por el Héroe Nacional José Martí, los ciudadanos con derecho para ello, podremos votar en Referendo para respaldar la nueva Carta Magna cubana.

Es esta una Constitución moderna que ratifica el carácter socialista de la nación y el papel rector del Partido Comunista, refleja cambios en la estructura del Estado, amplía los derechos y las garantías individuales, fortalece el poder popular y reconoce varias formas de propiedad, incluyendo la privada.

El nuevo texto constitucional sintetiza, como los documentos antecesores, las luchas del pueblo cubano por su independencia y soberanía, pero, ante todo, refleja el presente y el futuro de la Patria, y sus enunciados tienen en cuenta los principios humanistas y de justicia social que configuran nuestro sistema político.

La Patria asiste al gran desafío de lograr una norma constitucional que refleje la perdurabilidad de una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera, sostenible, más inclusiva, y donde se fortalezca la institucionalidad del Estado revolucionario.

En medio de un convulso escenario internacional, donde constantemente los pueblos son amenazados por la prepotencia y las exterminadoras armas imperialistas, nuestra nueva Constitución responde a la voluntad de todos los cubanos que tenemos el pensamiento en la tranquilidad, la paz y el bienestar presente y futuro de nuestros hijos y nietos, nuestros más preciados tesoros.

Acudiremos este domingo a las urnas a aprobar una Constitución que como ninguna, les garantizará ese invaluable derecho.

Rubricaremos un texto cual expresión de firmeza, unidad, y lealtad. Votaremos Sí, como garantía de que seguirá trascendiendo la prédica martiana de que “La ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

 

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