De central a tatami

UN GIMNASIO DE JUDO EN ÁREAS DEL EXIGUO CENTRAL AZUCARERO FRANCISCO CASTRO CERUTO, DE CAMPECHUELA, YA EXHIBE ALGUNAS CONQUISTAS EN SOLO UNOS MESES DE LABOR
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Por Leonardo Leyva Paneque | 6 julio, 2015 |
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Judo, Campechuela, Granma

El ensordecedor ruido del pito ya no se escucha, ni la chimenea expide humo como antaño. En ese lugar, solo quedan algunos vestigios de su pasado, como la enorme estructura que obliga a relacionarla con caña, azúcar, zafra…

A escasos metros de allí, también se encuentra una casona vieja, que por algún tiempo estuvo subutilizada. Es el caparazón de la planta eléctrica del otrora central azucarero Francisco Castro Ceruto, en la cabecera municipal de Campechuela.

Por supuesto, desde hace algunos años ese sitio dejó de ser el cerebro de la fábrica, porque se cambió todo el andamiaje por un tatami, en el que un grupo de más de 60 niños, de varias edades y bajo la guía de seis entrenadores, develan los misterios del judo.

Resulta agradable a la vista la uniformidad de los atletas, todos con sus kimonos de color blanco, lo que, sin duda, merece aplausos, además de ser una burla a las carencias del deporte cubano.

“Aquí, todos estamos contentos, ojalá nos sigan apoyando”, expresó la profesora Norbelis Rojas González, para quien la dedicación, la sistematicidad y la constancia son la clave del éxito. “Con mis alumnos insisto en esos detalles, no basta con que sean buenos y fuertes, si ejercitan todos los días conseguirán los resultados que desean”, agrega.

“Es una motivación para los niños porque al llegar a su área y verla bonita, limpia, con baño y gradas, no dejan de venir. Eso influye bastante en el desarrollo del deporte”, subraya Rojas González.

Apenas bastaron las lecciones iniciales y aparecieron los primeros dividendos. “Cuando en noviembre del año pasado asistimos al Campeonato provincial, conseguimos el cuarto lugar con solo 20 días de entrenamiento, después de la apertura del gimnasio”, explica Rafael Fuentes Fonseca.

Por eso, está latente el compromiso de elevar los dividendos para próximas ediciones, y consolidar la matrícula, pues en la comunidad de San Ramón existe otra similar. “Aquí hemos logrado masificar el judo, por lo que el progreso será inmediato”, asevera el también profesor y cinturón negro.

Sin embargo, una preocupación ocupa la mente del también entrenador Geovany García Dávila: “Con la doble sesión se nos hace difícil que los niños tengan acceso a la instalación porque las escuelas están distantes de aquí”, expone.

De todos modos, reconoce el apoyo de los padres, “pero falta un poco más, que piensen en estos niños. Quién sabe si en unos años de aquí sale un campeón”, expresó como alguien que intenta predecir el futuro.

Pero Fuentes Fonseca no se mantiene al margen de las modificaciones que sufrió la disciplina en los últimos años, con el fin de enriquecer el espectáculo a través de las transmisiones televisivas en los principales eventos del mundo, además de hacer más dinámico un deporte arraigado en el archipiélago.

“Con las adaptaciones el judo cambió. Hay técnicas que no se utilizaban, eran milenarias pero poco empleadas. Por eso, los alumnos tienen que prestar mucha atención durante las clases”, apunta Rafael.

Aún así, fue estimulante el dominio que mostraron los practicantes durante las demostraciones y, también, la disposición con que salieron al área de combate.

Geovany augura que del gimnasio saldrán grandes atletas

Entre ellos, sobresalió Jennifer Mendoza Sánchez por sus deseos de seguir tras los pasos de las monarcas olímpicas Legna Verdecia e Idalys Ortiz o de la multilaureada cienfueguera Yanet Bermoy; “además, es mi deporte favorito y le pongo ganas”, añadió.

No menos quiere ser la campeona de la Copa Pioneros, de este año, Blanca Elena Cabrera Torres. En cambio, ella prefirió referirse a las metas más cercanas y, sobre todo, a los anhelos de proporcionarle muchos logros a su terruño campechuelero.

A un extremo del colchón se encontraba el más alto de la formación, Adrián García Tamayo, as en la división de más de 80 kilogramos en la Copa 4 de Abril, con sede en Manzanillo, “en la final tuve una pelea difícil, pero me esforcé y conseguí el primer lugar”, afirmó.

Con un saludo cordial se despidieron los yudocas del auditorio. Allí, donde se hablaba de caña, azúcar y de zafra, cambió el lenguaje, quién sabe si para siempre porque ahora solo se escucha shido, yuko, waza-ari… osae-komi, … ippón.

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