Un derecho en Cuba bien “derecho”

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Por María Valerino San Pedro | 22 octubre, 2021 |
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IMAGEN ILUSTRATIVA

Haber nacido y vivir en Cuba es la mayor de las prerrogativas que cualquier persona pueda desear.

No creo que tal enunciación se deba a que “me cegó la pasión” como versa el refrán, porque está sustentada en tantas y tantas insoslayables verdades, que no alcanzaría el espacio para enumerarlas.

Ahora, cuando ya está cada vez más cerca el final de mi vida laboral activa, hago un recuento de estos casi 40 años de faena, y resumo, que ese es otro de los derechos que disfrutamos los cubanos, desde el triunfo mismo de la Revolución, y es también otra de las grandes conquistas.

Investigar sobre el asunto, releer trabajos de mi autoría y de otros colegas publicados al respecto, me condujeron a afirmar que el derecho al trabajo en Cuba sustenta su aplicación en un cuerpo legal cuya cima es la Constitución de la República e incluye las pautas aprobadas en el Código de Trabajo y la legislación complementaria, además de los convenios colectivos de trabajo y los acuerdos del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular.

Para quienes tienen menos edad, y por tanto no cuentan con suficientes parámetros para hacer comparaciones, los derechos laborales aquí resultan muy comunes, pero la realidad es que en el país se transformaron totalmente a partir del primero de enero de 1959, constatándose asimismo de manera paulatina el influjo del movimiento sindical en la legislación en tal sentido.

En este archipiélago caribeño es prioridad, siempre que sea posible, responder a las necesidades de los trabajadores, exaltando derechos que en otras regiones del mundo son aspiraciones y reclamos.

Sobresalen leyes relacionadas con la maternidad de las mujeres trabajadoras, estimular la fecundidad, la incorporación y reincorporación de las féminas al trabajo, la participación de otros familiares en el cuidado de los niños, la protección e higiene del trabajo y el nacimiento de una política estatal única de capacitación técnica de los trabajadores.

De manera única en el mundo, en la Carta Magna aquí se define y funciona el trabajo como un valor cardinal de la sociedad, un derecho y un deber.

La Constitución y el Código de Trabajo instituyen la igualdad en el acceso al trabajo, sin discriminación alguna de género, credo o sexo, además, se prohíbe el trabajo infantil y se protegen de manera especial los jóvenes entres 15 y 18 años incorporados a laborar, como garantía de su desarrollo integral.

Otras muchas aristas no han sido señaladas en este comentario, pero las expuestas hablan por sí solas del objetivo permanente e inviolable del Estado cubano de velar por el respeto y la invulnerabilidad de los derechos laborales.

Es entonces compresible que muchos sintamos orgullo de lo que hoy tenemos, e incomprensible que otros busquen variantes para destruir una sociedad en la que las conquistas no solo se circunscriben a la educación y la salud, sino abarcan entre otros campos, el plano laboral.

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