Desconsideración

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Por Orlando Fombellida Claro | 21 septiembre, 2021 |
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IMAGEN ILUSTRATIVA

En época pretérita, cuando en una zona rural de Cuba fallecía alguien, al no haber servicio de telefonía para hacerlo, algunos de sus parientes y vecinos salían, aunque fuera media noche, a pie o a caballo, a dar la infausta noticia a familiares del finado y lugareños en general, quienes al poco rato comenzaban a llegar a la casa en la que se realizaba el velatorio.

Si el difunto era del sexo masculino, su mamá, hermanas, esposa, hijas -si las tenía- vestían, durante un tiempo de negro, como muestra de estar, así se dice, de luto, luego de gris o tejidos estampados en fondo blanco, atuendo denominado de medio luto. Ambas vestimentas inspiraban respeto y solidaridad hacia quienes las usaban.

En los pueblos, bateyes y ciudades, donde la mayor parte de las casas están una próxima a la otra, incluso algunas divididas por una pared común para dos, denominada medianera, los ocupantes de las próximas a familias que perdían a uno de sus miembros, si escuchaban novelas en la radio y televisión y otros programas, lo hacían muy cerca de los radios o televisores, con el volumen de estos lo más bajo posible, en consideración a los cercanos dolientes.

Con “el modernismo”, dice mi casi centenario padre, aquellas, denominémoslas prácticas, conductas, manera de actuar, desaparecieron, que en el caso de vestir de negro estoy de acuerdo, por aquello de que el luto se lleva en el corazón y no ser fácil imitar al Zorro, pero sin capa, durante el casi volcánico verano de la Mayor de las Antillas.

La transformación en ese sentido se pone de manifiesto incluso en las circunstancias actuales, signadas por la pandemia de Covid-19 y sus terribles consecuencias.

Entre los datos que cada mañana informa por radio y televisión el Doctor Francisco Durán García, director de epidemiología del Ministerio cubano de Salud está el de fallecidos en la jornada precedente a causa de dicha enfermedad, que en ocasiones es cercana al centenar.

En algunos repartos y edificios el nuevo coronavirus ha cobrado la vida de más de uno de sus moradores y otros luchan por ella en instalaciones de salud.

Sin embargo, algunos vecinos, insensibles al dolor del prójimo, ponen música en potentes equipos, como si estuviéramos en tiempo de carnaval. No hay ley que les prohíba escuchar música, aunque de la morada o contigua el SARS-Cov-2 haya puesto fin a la existencia de alguno de sus inquilinos, pero hacerlo a decibeles que hieren oídos, sí es sancionable en todo momento.

Consideración hacia aquellos que sufren, es suficiente, y no olvidar que el dolor de unos ahora, puede ser el de otros en el futuro, como escribió, en 2016, la madre de un niño que se suicidó en Yorkshire, (Inglaterra), por ser víctima de acoso escolar, “hoy es mi hijo, mañana podría ser el tuyo”.

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