Con el deseo en los dedos

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Por Luis Morales Blanco | 15 junio, 2019 |
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Cartel anunciador de la película

Cuando en Bayamo se estrenó el filme Con el deseo en los dedos, yo apenas rebasaba los 10 años de edad, pero por los carteles cinematográficos y los cintillos que la anunciaban esperaba que aquello estuviera caliente caliente.

Creo  que era prohibida   para menores de 18 años y eso exacerbaba la curiosidad, algunos vecinos y vecinas ya mayorcitos decían haberla visto y nos contaban pormenores.

La proyección  en el espacio De cierta manera, retransmitido el  sábado último, vino a despejar dudas: casi todo lo que nos contaron era mentira, pero las grandes colas sí ratificaron que fue una película muy taquillera “la más taquillera de Cuba”, según cuentan cronistas.

Contaba con el aliciente adicional de las esperadas actuaciones de Minín Bujones y Jorge Félix en los roles principales, del incipiente Rolandito Barral y de otros, con la aparición especial y muy lograda de Enrique Santiesteban.

Realmente en la radio y la televisión  todos habían descollado por sus aptitudes y versatilidad, pero esta película engominada, con diálogos forzados y recitatorios fue para mí, que esperé casi 60 años, un fiasco al verla, salva la honrilla el siempre impecable Santiesteban,  los demás que me perdonen el atrevimiento.

Pero todo no es en blanco y negro, se cuenta que muy pocos cobraron o percibieron un mínimo salario; Mario Barral el director, consiguió a los mejores guionistas y  técnicos,  pero no resultó… la redacción del blog Todocuba afirma: (Barral) “Rehuía el cine vernáculo que tanto criticaba para apropiarse de los peores esquemas y situaciones del más burdo melodrama, sobre todo del cine mexicano y argentino”.

Sinopsis: Una escultora se casa por interés para tener el dinero que le permita dar la educación que desea al jovencito elegido para, en cierto sentido, modelarlo a su gusto y así entregarle su amor cuando se convierta en hombre. Lo logra en parte, pero luego el muchacho se reconcilia con la joven que lo ama de veras y la escultora termina por morir abrazada a la obra que lo reproducía.”

La publicación Cubatesoro  afirma: “Por lo burdo e incongruente de su guión, y por su mala factura artística, esta película es un descrédito más para la incipiente industria cinematográfica cubana.

“Merecedor de recordación, como en tantos otros casos, es el esfuerzo cooperativo con que se hizo esta película, en la que nadie cobraba y se vivía de la esperanza en el éxito que habría de llegar. Como las ambiciones creadoras eran muchas y la tónica habría de ser romántica, pasional, erótica, trágica, siempre a altos niveles, y todos los elementos eran moderados, discretos, limitados, sin la inspiración básica que hubiera hecho falta para hacer el milagro, el resultado trascendía la frontera de lo risible, en especial cuando la protagonista se abraza a la estatua de yeso que le cae encima. Pero así se hizo cine en Cuba, con mucho cariño e ilusión”.

Fue eso, es cierto, el primer amago de cine erótico en la Isla, pero tampoco resultó.  De ahí mi fiasco como espectador.

 

 

 

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