Despertar

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Por Ivett Rivera Macías (Estudiante) | 10 octubre, 2020 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Despertar profundo y definitivo quizás serían las palabras perfectas para evocarlo. Solo un pueblo cansado de alzar su voz sin ser escuchado es capaz de rebelarse contra el yugo que lo oprime. Tales contiendas, casi utópicas en 1800, fueron palpables seis décadas después, con el júbilo de quien va a una gran celebración, en lugar de una a guerra.

Solo había una meta convertida en cántico, un ¡Viva Cuba Libre! como guía de los independentistas. No hubo entonces más opción que buscar una libertad, cuyo precio incluía una cláusula de posible muerte en el intento. Esos genuinos ideales derrumbaban toda duda, valían la vida.

Se vislumbraba, aquel 10 de octubre de 1868, el fin de una opresión extendida por más de tres centurias de dominación española. La envergadura de la fecha radica no en el alzamiento en sí, ni en el acto de liberar a los esclavos para invitarlos a participar en la contienda; viene del profundo grito de libertad ahogado durante años. Era el nacimiento de la nación cubana y la forja de una identidad.

El tintineo de las campanas en el alba vaticinaba algo innegable ¿Quién se hubiera imaginado que un ingenio azucarero, enclavado en el Golfo del Guacanayabo, cuyo nombre provenía de una planta, sería el punto de partida?

Con las armas a punto de empuñarse, un Céspedes enérgico, como líder del movimiento, proclamaba en La Demajagua el Manifiesto del Diez de Octubre; ese que se convertiría en el programa de lucha de la guerra.

Y 152 años después, el pueblo – acreedor de tales ideales- expresa su disposición para enfrentar a quien intente apoderarse de Cuba. Como aquellos patricios fundadores, no dejaremos caer nuestra espada.

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