Distancias y tiempo para alumbrar hogares

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Por Leslie Anlly Estrada Guilarte | 14 enero, 2016 |
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Trabajadores eléctricos, CubaDesde los territorios granmenses de Pilón, Niquero, Media Luna y Buey Arriba llegaron al municipio de Guisa. La añoranza por la familia los hermana, aunque el trabajo durante horas no deja que la nostalgia permanezca demasiado.

El compromiso de servir a la población y brindarles un servicio eléctrico con calidad es su responsabilidad, y saben que sus sacrificios devienen en felicidad para muchos.

Por eso llegaron esta semana hasta La Aplastada, para apoyar a las brigadas guiseras en la electrificación de la comunidad rural del montañoso territorio, donde un grupo electrógeno, sin la potencia necesaria, permite que sus habitantes reciban electricidad solo por cuatro horas, y sin conectar equipos electrodomésticos altos consumidores, como refrigeradores y hornillas.

El propósito es conectar esa zona al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) antes de concluir el mes, y Nelson Sánchez Macías, presidente del Consejo popular dijo que así dispondrán de un servicio con calidad 166 viviendas y más de 500 personas.

El monto de la inversión asciende a más de 140 mil pesos y todos los recursos están a pie de obra, corroboró Danilo Mendoza Batista, jefe de operaciones de la Empresa eléctrica municipal.

NUEVAS EXPERIENCIAS

Osbanis Montero Vázquez dirige la brigada de Media Luna, y con 20 años de experiencia manifestó que nunca había estado en un lugar tan complicado.

“Siempre había trabajado en lugares llanos y esto es una nueva experiencia. El relieve además de montañoso, es irregular. Las labores son duras, en otras zonas puedes apoyarte en el carro o en grúas, pero aquí todo es manual y los aditamentos tenemos que subirlos por senderos estrechos.

“El trabajo en equipo es fundamental, debemos coordinar bien lo que haremos y de una forma pareja para que nadie se sobrecargue”.
Como jefe de brigada las responsabilidades se multiplican.

“Velar por la seguridad de tus compañeros es una obligación, pues hay que evitar accidentes. Es un compromiso doble, con el trabajo y también con la familia, porque sería doloroso regresar con alguno de nosotros en problemas”.

“Las medidas de seguridad se toman en dependencia del lugar, y aquí, se intensifican. Todos los trabajos traen peligros en la zona, porque es altura y además corriente”.

Este hombre, curtido por las peripecias eléctricas durante años, refirió que en los asentamientos donde ha prestado servicios la acogida es buena.

“El beneficio de la corriente es el anhelo de la mayoría de los pobladores de esos barrio. La electricidad es desarrollo”.

En ese mismo equipo se encuentra Sergio Licea Hernández, liniero especializado y coincidió en que el trabajo en las montañas es de los más complicados que se ejecutan en las líneas.

“Lo importante es cuidarnos individualmente, y unos a los otros, de esa manera no habrá dificultades. Es difícil alejarse de casa, pero, hay que dar el servicio a los que necesitan y estaremos aquí hasta que las tareas estén terminadas”.

Mientras, con 27 años de edad y tres de experiencia Carlos Carrazana también se encuentra en Guisa. Este muchacho, integrante de la brigada de Pilón asume este riesgoso encargo consciente de su importancia social.

“A mí me gusta, y no importa el peligro si tomas las medidas necesarias. Para llegar hasta aquí pasé un curso en la escuela de capacitación de la Empresa, y espero seguir la superación cuando comiencen las clases para liniero especializado”.

RECOMPENSAS

El agradecimiento de la población cuando se hace la luz es la mayor recompensa. Rusneida Zaldívar Cambar, trabajadora de la cafetería La Época, en esa comunidad, expresó que el servicio del grupo electrógeno es insuficiente y todos los pobladores están muy contentos por el cambio que vendrá.

Con ese criterio coincidió el maestro Oscar Valdés Cambar, de la escuela primaria William Soler en La Aplastada y agregó: “apenas podemos disfrutar de la programación televisiva y creo que la electrificación será un gran avance, y los niños disfrutarán y aprenderán más. Todos los residentes aquí estamos muy animados”.

Aunque estos linieros están de paso, la huella que dejan es imborrable, y eso, es el mejor pago.

En el 2015, en Guisa se electrificó Arroyo Blanco, un barrio con 252 viviendas, y es de los municipios en la provincia que mayor cantidad de asentamientos tiene sin ese beneficio.

Mientras, en Granma más de mil 700 hogares que no recibían energía por ninguna vía fueron conectadas al SEN y también otras mil 942, que les llegaba a través de plantas por pocas horas y mala calidad.

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