Dojo en Granma: de Ronald a Ernesto Alejandro

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Por Leonardo Leyva Paneque | 18 julio, 2021 |
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Nunca hubiese imaginado que ese hombre cincuentón y revolucionario hasta la médula, practicó natación y gimnasia artística antes de quedar atrapado por las artes marciales.

Resulta difícil creerlo, porque rara vez –para no ser absoluto- a Ronald Cuesta Sánchez se le escucha hablar de otro tema. Y lo revela con tremendo orgullo: “He dedicado toda una vida a la práctica, instrucción y promoción de las artes marciales en Granma”.

Así sucede, desde aquel día de 1976 que llegó al gimnasio de la calle Cacique Guamá, en Bayamo, para adentrarse en un mundo, del que no ha podido separarse jamás, “tenía apenas ocho años de edad”, recuerda.

Cuenta que entró más por la necesidad de gastar energía que por cualquier otro motivo. Al parecer, las piscinas y los tapices ya le quedaban pequeños, “así comencé en el karate y me enamoré”, dice hinchado de orgullo.

“Éramos solo cuatro niños, luego los otros se retiraron, pero yo continué, y sigo hasta hoy”, afirma, aunque lamenta que la esencia se haya perdido en alguna medida, “antes era más arte marcial que ahora”.

Incluso, pensó que cuando las películas de Bruce Lee ganaron popularidad, allá por la década de los 80, del siglo pasado, y creció el número de practicantes, el karate ganaría fuerza, “pero muchos abandonaron rápidamente, querían ser como el afamado artista y para conseguirlo necesitaban tiempo y constancia”.

De todos modos, Ronald nunca tuvo entre sus planes retirarse, “solo quería seguir aprendiendo y superándome”, como ocurrió durante una visita de Raúl Rizo a la provincia para realizar una evaluación, “fui de los primeros que cogió cinta Lila (Quinto Kyu), por aquellos tiempos no resultaba fácil agenciarse un grado como ese”, acota.

También rememora que en esa época apareció el primer joven campeón nacional de karate, Marino Tamame, “aunque lo mío no era competitivo, era la defensa personal”, asevera.

Ahí están para confirmarlo sus vínculos con los ministerios del Interior y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; su grado de séptimo Dan, el más alto entre los practicantes granmenses; y fungir como vicepresidente de la Federación provincial de artes marciales, entre otros méritos y responsabilidades.

Desde hace un tiempo, Ronald advierte entre sus fieles seguidores al niño manzanillero Ernesto Alejandro Zamora Rodríguez, el más joven en Cuba que conquistó el cinturón negro, al conseguirlo con ocho años.

“Si pesa para un adulto el III Dan y el cinturón negro, imagínate para un niño”, confiesa su papá Luis Mario Zamora, antes de recordar que, el 16 de diciembre de 2017, su vástago ganó la distinción.

“Es un reto para mí como padre y como karateca”, apunta, aunque no tiene idea de hasta dónde pueda llegar su hijo Ernesto Alejandro.

Ernesto Alejandro, junto a su maestro, el shihan Pedro Martínez (a la izquierda) y Carlos Medina / FOTO Cortesía de Luis Mario Zamora

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