Donde la felicidad pervive

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Por Danelia Acosta Brizuela | 11 diciembre, 2015 |
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En estos hogares estatales los infantes son tratados con extrema dulzura para que la ausencia de sus padres biológicos no les impida sonreír, jugar y soñar/ FOTO: Rafael Martínez Arias
En estos hogares estatales los infantes son tratados con extrema dulzura para que la ausencia de sus padres biológicos no les impida sonreír, jugar y soñar/ FOTO: Rafael Martínez Arias

Sus historias me estremecieron el alma, arrancaron lágrimas a mis ojos, calaron en lo profundo y están, ahí, vivas, palpitantes. Los hilos de la tristeza mueven sus vidas, pero detrás de esa dura realidad el amor de las tías de las cocinas, de las directoras y del resto de los trabajadores de esos hogares especiales, consigue encender la alegría.

A veces, pasamos frente a las puertas de las casas de niños sin amparo filial y no percibimos el cariño infinito que se respira allí, la dulzura con que son tratados los infantes para que la ausencia de sus padres biológicos no les impida sonreír, jugar  y soñar.

Solo el detenerse a conocer las vivencias escondidas en los rostros de los pequeños, adolescentes y jóvenes hasta 18 años que tejen sus sueños día a día, convierten lo común, lo aparentemente normal, en una obra de inmenso valor humano.

Así de grande es la Revolución, con toda y sus imperfecciones, con todas las manchas que pueda tener el sol que la ilumina cada mañana. La misma que es acusada por potencias imperialistas de violar los derechos humanos. En esta isla caribeña nadie queda desamparado, y he comprobado que esa expresión no es un simple eslogan cotidiano.

Las legislaciones vigentes, aprobadas por el Consejo de Estado y de Ministros, en el Decreto ley 76 de 1984, estipulan la necesidad de contar con una red nacional de centros de asistencia social, donde alojar y atender a menores de edad carentes de amparo familiar (huérfanos o abandonados), propiciándoles condiciones de vida que se asemejen a las de un hogar, así lo constatan.

Pero las palabras de Luis Carlos Ramírez, un niño de 11 años que conocí en el Hogar de la ciudad costera de Manzanillo, hace casi un año, me lo ratificaron: “Yo quiero mucho a las seños porque me dan cariño, nos ayudan, a todos los que vivimos aquí, a lavar las medias y los zapatos, a estudiar y a resolver las tareas de la escuela; también juego, aprendo a portarme bien, a no faltarle el respeto a nadie y nos sacan a pasear”.

De aquel encuentro también guardo con mucho cariño la historia de Yaneth Tamayo Torres, una mujer de 38 años, huérfana de ambos padres, quien desde los 10 años forma parte de esa linda familia.

Aunque su edad no lo permite, debido a un retardo mental severo, permaneció hasta el mes de mayo dentro del Hogar, donde vivió más 26 años.

Cuando llegó allí, no hablaba y apenas podía caminar, desde entonces se matriculó en una Escuela Especial, donde adquirió algunas habilidades, poco a poco comenzó a caminar y a comunicarse, no obstante, requiere de la ayuda constante de un adulto para realizar sus actividades.

El Estado destina cuantiosos presupuestos para suplir todas las necesidades de estos niños
El Estado destina cuantiosos presupuestos para suplir todas las necesidades de estos niños/ FOTO Rafael Martínez Arias

Todos los niños que radican en esos lugares reciben del Estado una cantidad de dinero para la compra de su ropa, calzado, aseo y accesorios escolares, ayuda que se refuerza con el apoyo de otros organismos que realizan donaciones a los diferentes centros (en la provincia de Granma son tres) y envían alimentos o productos que contribuyen a su bienestar.

Esas casas singulares reflejan que las garantías de la educación, la salud, el bienestar y la vida misma constituyen derechos para todos los nacidos en la Mayor de las Antillas, pues cuando uno de esos hijos se enferman, las denominadas tías, los llevan al hospital, se quedan con ellos y hasta les celebran las 15 primaveras a las que arriban a esa maravillosa etapa.

Como todos los cubanos, niños y adolescentes, celebran este 10 de diciembre el Día internacional de los derechos humanos, las actividades centrales en el territorio suroriental serán en el Centro Médico Sicopedagógico, en Bayamo, otro ejemplo de infinita sensibilidad y desinteresado cuidado.

Hogar de niños sin amparo filial, ubicada en el costero municipio de Manzanillo
Hogar de niños sin amparo filial, ubicada en el costero municipio de Manzanillo/ FOTO Rafael Martínez Arias

 

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