Donde late el alma de la industria

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Por Leslie Anlly Estrada Guilarte | 1 marzo, 2017 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias
FOTO/ Rafael Martínez Arias

Aunque la tecnología tiene muchos años de explotación, allí el proceso productivo se detiene pocas veces. Cuando las máquinas dejan de funcionar, o las tuercas salen de lugar, entra en acción la obra de los aniristas de la Unidad empresarial de base Cárnico Bayamo.

Rogelio Martínez Díaz, un hombre que desde 1988, tras graduarse de Ingeniería mecánica, trabaja allí, es parte de ese movimiento que encuentra soluciones ágiles a los imprevistos.

“Nuestra industria tiene muchos años, existen equipos de 19 países y resulta complejo importar las piezas, por eso, nos encargamos de repararlas aquí, y también, introducir ideas con el objetivo de recuperar los parámetros iniciales de los aparatos.

“Por ejemplo, teníamos dos máquinas peladoras con condiciones para darle de baja, pero rectificamos los engranes, construimos ejes, adaptamos sus rodamientos y sellos y ahora funcionan”, explicó Martínez Díaz quien es actualmente el jefe de mantenimiento, área que tiene 33 trabajadores distribuidos en dos brigadas.

La conformadora de hamburguesas es uno de los aparatos claves en la industria, y el año pasado tuvo dificultades.

“Presentó problemas con la trasmisión de la cadena, los sprot, además, los rodamientos que tienen características especiales no aparecían; con nuestras gestiones adaptamos piezas y ya anda, así conformamos las hamburguesas, que es la manera óptima para distribuirla, y no en masa”.

Las iniciativas allí no solo permiten que los equipos rotos vuelvan a ser útiles, sino que contribuyan al ahorro.

“Con las adaptaciones al  mecanismo de rotación de la peladora de cerdo aumentaron los rendimientos, de 60 cerdos procesados por hora a 80; también, se redujo el consumo energético. Por otra parte, el ajuste de un elevador a las embutidoras humanizó el trabajo”.

También con la fabricación de las rueditas de los carritos que transportan las materias primas en el interior del combinado, se dejaron de utilizar en su importación alrededor de 18 mil dólares.

“Este aditamento era originalmente de teflón, resistente a la corrosión, la humedad. En una visita a otra provincia nos encontramos unas planchas de neopren e hicimos las ruedas de ese material, con similares características e incluso, la misma durabilidad.

“Al generalizar la experiencia en el foro ramal nacional de aniristas nuestro trabajo fue destacado y varias entidades se interesan por adquirirlas”.

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