“Dueños” que necesitan tuercas

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Por Osviel Castro Medel | 20 mayo, 2019 |
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Ya apareció un dueño del puerto de Santiago de Cuba, quien a esta hora se frota las manos porque piensa cobrar “su parte”.

Tal vez, pronto salga a la palestra el expropietario del río Bayamo posando frente al tribunal extranjero que argumentará una indemnización montañosa.

¿Entrará en acción también el antiguo “tenedor” de un algarrobo nacido en la carretera Manzanillo-Niquero, el  otrora dueño de un arrecife de nuestras costas o el expatrón del Pico Turquino?

Quien crea que está viviendo un absurdo irreal: despierte. Quien piense que la llamada “Ley para la libertad cubana y la solidaridad democrática” es algo etéreo, lejos de pellizcar su realidad: aterrice.

Búsquese el periódico El Nuevo Herald, de Miami, y se encontrará en la edición del 2 de mayo que el susodicho “poseedor legal” del puerto santiaguero, Javier Bengochea, interpuso una demanda en el tribunal federal de tal ciudad norteamericana contra la compañía de cruceros Carnival por “traficar” con Cuba. Al final, sueña cobrar “una compensación equivalente al triple del valor actual de esa propiedad”, según su abogado, Robert Martínez.

No se trata, a la sazón, de un cuento. Es la aplicación en la vida verdadera de un engendro jurídico que ha horrorizado hasta los mejores socios del Águila.

Verdad que cuando apareció en 1996, con el Gobierno del entonces presidente Bill Clinton, muchos creyeron que hacía falta un baño de tornillos para ciertas cabezas.  Que los inventores de ese fecal proyecto necesitaban sus correspondientes tuercas. Que aquel recinto del anuncio podía empezar a llamarse Casa Gris o Manicomio Nacional Especializado en Pataletas.

Desde ese año -a contrapelo de lo que algunos piensan- la también conocida como Ley Helms-Burton, entró en vigor, pero esa administración y las sucesivas decidieron aplazar el título III, el mismo que otorga la potestad a Bengochea y a cualquier otro trasnochado de llevar a los tribunales estadounidenses a gobiernos, empresas o entidades que “trafiquen” con propiedades  expropiadas por el pueblo de Cuba.

Claro, la irracionalidad va más allá de un enredo jurídico, porque en el caso increíble de que terminaran todas las demandas, la legislación comprende suspender el “embargo” solo cuando ocurra una “transición” y se compruebe la existencia de un gobierno “democráticamente electo en el poder”.

¿Por qué Donal Trump decide aplicar ahora el polémico apartado? ¿Qué señal nos está dando? El desespero tiene la lengua larga, los pies cortos y el cerebro infértil. Así de simple.

Por eso, si mañana naciera la Ley para cañonear a Cuba, con el propósito de hacer gravitar por la fuerza la fruta que nunca cayó, no deberíamos asustarnos, mucho menos temblar.
Aunque suene manida la frase, tendremos que prepararnos para escenarios límites, sin desesperos ni pesimismos. Ningún “dueño” de demencias, ningún supuesto expropietario de peñascos… logrará quitarnos las banderas y los sueños.

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