Ecosistemas frágiles: una realidad que alarma a Cuba

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 4 enero, 2016 |
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Trabajar por la conservación de la diversidad biológica se ubica entre los asuntos prioritarios de la ciencia y autoridades cubanas, pues el deterioro en ese ámbito es uno delos cinco problemas medioambientales de mayor peso de Cuba y constituye uno de los signos más preocupantes del cambio climático.

No en vano, el entorno geográfico ocupado por las islas del Caribe ha sido clasificado como una de las llamadas “zonas calientes” de la biodiversidad mundial.

En ese contexto, la nación se encuentra entre los 10 países más ricos de los sistemas insulares del orbe, con un endemismo muy alto, puesto que más de la mitad de las especies cubanas son únicas de la mayor de las Antillas, lo que confiere gran fragilidad a sus hábitats naturales.

Junto con ello, diversos procesos generados por el ser humano han provocado la pérdida de este patrimonio biológico, evidenciado principalmente en las formaciones costeras, los bosques húmedos, los humedales y los ecosistemas de agua dulce.

Es así que la provincia de Sancti Spíritus resulta una de las regiones cubanas donde se presentan –en algunos casos– estas problemáticas con intensidades superiores a la generalidad del territorio nacional.
Esto se debe al hecho de que la mayoría de los suelos espirituanos son de uso agrícola y por la existencia de grupos montañosos, con biotas muy sensibles.

Según datos registrados en la Estrategia Ambiental Nacional, una de las problemáticas más preocupantes para especialistas de los dominios espirituanos es la alteración y fragmentación de paisajes, debido a la sobrexplotación de recursos forestales, la degradación del suelo y la insuficiente capacidad regulatoria para prevenir y sancionar actividades ilícitas.

Otros de los sucesos que influyen en el deterioro ambiental de Sancti Spíritus viene de la mano del desmonte de grandes extensiones de bosques en llanuras, valles y montañas para el monocultivo de caña de azúcar, ganadería y la agricultura comercial.

Además, el asentamiento humano en zonas aledañas a lugares ribereños como en las cuencas de los ríos Zaza, Tuinucú y Yayabo, y en los costeros de la provincia, sobre todo en las áreas de Casilda y Tunas de Zaza, resultan incidentes que perjudican estos débiles sitios.

De igual forma, construcciones hidráulicas, de viales y electrificación, la extracción de arenas silíceas en Casilda, en las canteras de Nieve Morejón, Caja de Agua y Cariblanca, constituyen acciones que inciden negativamente en la pérdida de la flora y fauna que vive en esos terrenos.

Julio Pavel García-Lahera, profesor auxiliar del local Jardín Botánico, afirmó a la Agencia Cubana de Noticias que la pesca y caza furtivas masivas, así como la recolecta indiscriminada con fines de lucro de especies florísticas ornamentales y de la fauna endémica, resultan males que aún permanecen en toda la isla.

Orquídeas y helechos, el coral negro, las gorgonias, el cobo y otros moluscos, y aves como el negrito, el cabrero, el tomeguín del pinar, el catey y la cotorra, son las más demandadas por el comercio ilegal, señaló el Máster en Botánica.

Pese a la política ambiental de Cuba por salvaguardar su entorno y desarrollar una estrategia nacional para la eliminación o mitigación de actividades perjudiciales, existen todavía costumbres nocivas, entre ellas la tenencia de aves en cautiverio y el uso de la quema para el control de malezas y saneamiento en zonas rurales.

Los expertos coinciden en que NO basta con que se potencie en la Antilla Mayor los tres pilares en conjunto –bienestar social, crecimiento económico y protección del medio–, si no se suman a este vital empeño la población toda, en aras de hacer realidad esos propósitos a favor del país y del planeta.

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