Editorial: Cultura y patria

Cuba entera celebra hoy el nacimiento de uno de sus más grandes símbolos: el Himno Nacional.
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Por Osviel Castro Medel | 20 octubre, 2021 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

El estreno público de La Bayamesa, compuesta por nuestro poeta y patriota Perucho Figueredo, se produjo en el fragor de los primeros combates contra la metrópoli española y justamente después de la inmediata liberación de Bayamo del yugo opresor.  Por eso, su significado está ligado a las disyuntivas del presente: independencia o anexionismo, libertad o vasallaje, patria o colonia.

Este 20 de octubre también celebramos el Día de la Cultura Cubana. Quizás en ningún otro tiempo esta conmemoración haya alcanzado tanto simbolismo, porque precisamente uno de los sueños de los enemigos del presente es arrancarnos nuestra cultura, la que, como bien se ha dicho, resulta escudo de la nación.

Ahora, a diferencia de nuestros mambises cuando tomaron Bayamo y cantaron por primera vez el canto que luego sería himno, estamos librando una guerra sin cañones, pero cruenta en extremo pues el bombardeo de códigos y mensajes anticulturales es incesante.

No son pocos los que no pueden o no quieren mantenerse en una posición de resistencia. La desinformación, el olvido de nuestra historia, la superficialidad y otros factores  influyen en esa realidad.

Uno de los ejemplos más elocuentes está en el bochornoso “Patria y vida”, nacido como lema publicitario y  otro lucrativo negocio de la industria anticubana, para intentar borrar precisamente el “Independencia o muerte” de nuestros padres fundadores o el “Patria o muerte”, surgido para anunciarle al mundo que, continuando el legado de nuestros mambises,  estábamos dispuestos a seguir el ejemplo de aquellos que prefirieron perderlo todo con el propósito supremo de forjar una patria libre, culta, digna y civilizada.

Toda la guerra que se libra contra Cuba desde los grandes medios de comunicación y las redes sociales, persigue precisamente el objetivo de desbaratar nuestros símbolos, estimular el anexionismo, sembrar la incultura e intentar deshacer nuestros paradigmas.

La respuesta, entonces, no puede ser tímida. Tenemos que estar a la ofensiva. Si con Fidel aprendimos que una Revolución solo puede ser hija de la cultura  y las ideas, necesitamos realzar nuestros símbolos, estimular la creación, volver una y otra vez a la historia nacional, defender los conceptos fundamentales que nos han traído hasta aquí y multiplicar los mensajes revolucionarios, sin consignismos vacíos.

Cultura es mucho más que arte. Es pensamiento y argumento, decencia y compromiso, resistencia y verdad, amor y creación, crítica y aprendizaje, identidad y construcción colectiva, raíz y futuro, conocimiento y búsqueda.

Uno de los aciertos de la XXVII edición de la Fiesta de la Cubanía fue haber asumido el concepto de “vive tus raíces” como eje de la celebración. Eso significa, entre otras cosas, no olvidar jamás de dónde venimos, cómo se forjó nuestra nación y nuestro himno de combate. Representa no olvidar el lazo irrompible entre cultura y patria.

En el año del bicentenario de Francisco Vicente Aguilera, aquel excelso cubano que  se fue a la guerra sin importarle perder sus millones y murió con el corazón congelado en las penurias del exilio, tenemos que mirarnos en su vida y en la de otros como él. Aquella generación de mujeres y hombres, entendió que sin patria que no hay verdadera fortuna ni verdadera libertad por más bienes que se posean. Ellas y ellos nos trazaron el camino en los sublimes versos de Perucho Figueredo, dados a conocer el luminoso 20 de octubre: “Morir por la patria es vivir”.

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